José Martí: Expresión sublime del amor fraterno

Ismael Acosta García
“He amasado con cada célula de mi ser
un amor y una admiración a México,
que constituirán para siempre la luz de mi vida”
José Martí
El 19 de mayo, y se cumplieron 124 años de que cayó en combate, en su primer combate, el padre de la independencia cubana José Julián Martí Pérez. El hombre que nunca debió ir a la guerra, puesto que él combatía con magistral destreza empuñando la pluma cual espada intransigente en la defensa de sus ideales libertarios. Su palabra era continuación de la escritura y con ella demolía verdaderas fortalezas con que los imperios español y norteamericano vivían disputándose en un perverso juego el porvenir del pueblo cubano.
Martí vivió sólo para su Patria y sus hermanos. A los 15 años ya lo tenemos peleando en la Guerra de 10 años contra el poder colonial español en Cuba. Luego, a los 16, publica su primer escrito político en el periódico El diablo cojuelo y, como consecuencia, es ingresado a la Cárcel Nacional acusado de infidencia. En “Abdalá”, el drama poético de sus 16 años, escribe:
“El amor, madre, a la Patria,
no es el amor ridículo a la tierra,
ni a la hierba que pisan nuestras plantas;
es el odio insensible a quien la oprime,
es el rencor eterno a quien la ataca”
Un año después, a los 17, ya era carne de presidio permanente, pues entonces fue condenado a una pena de seis años destinándosele a trabajar en las canteras de San Lázaro. De allí, en el reverso de una fotografía escribió a su madre la siguiente dedicatoria:
“Mírame, madre, y por tu amor no llores;
si esclavo de mi edad y mis doctrinas
tu mártir corazón llené de espinas,
¡Piensa que nacen entre espinas, flores!”
Sus padres lograron permutarle la condena (dada su precaria condición física) por el destierro que habría de ser en la España de sus mayores. Privilegiada ocasión, porque ahí el joven Martí aprovecha para cultivar su inclinación al estudio y a la formación política que sería desde entonces su verdadero destino.
Fue alumno de la Universidad Central Madrileña, después se matricula en la Universidad Literaria de Zaragoza donde obtiene el grado de Licenciado en Derecho Civil y Canónico, y finalmente se inscribe en la Facultad de Filosofía y Letras donde obtiene el grado de Licenciatura en estas ciencias. Martí no fue a España a cumplir derrotado su condena, fue con la conciencia plena de que esta era una oportunidad que le deparaba la vida para formarse mejor y ser útil al destino de la Patria.
En febrero del 75 vuelve a América y llega precisamente a México que habría de ser, desde entonces, su segunda patria. Es recibido por los escritores y políticos más reconocidos de la época, pues él mismo gozaba de un inusitado prestigio que su vida literaria y revolucionaria había traspasado las fronteras desde su bella Isla y desde la vieja España.
Dejo ahora las precisiones biográficas para ir a destacar lo que verdaderamente quiero en esta aniversario luctuoso.
He dicho en otras ocasiones que Martí es el mejor ejemplo del amor fraterno. En México cultivó una amistad tan destacada que sería materia de los más profundos estudios de la obra y el pensamiento martiano. Curiosamente, esta amistad no fue de prolongadas relaciones personales directas, sino que trascendieron las distancias que a cada instante identifican el trajinar de la vida del héroe. Esta amistad fue nutrida de una relación epistolar que mantuvo con el casi ignorado abogado Manuel Antonio Mercado de la Paz, michoacano, nacido en La Piedad de Cavadas un 30 de enero de 1838, en el seno de una familia liberal. (Otro día nos ocuparemos de él, hoy solo diré que fue un eficiente servidor público en los gobiernos liberales del siglo XIX, mecenas de los literatos de entonces y hermano del que fuera Gobernador de Michoacán don Aristeo Mercado). Esa relación epistolar se dio a través de 129 cartas que Martí le envió a Mercado entre el 7 de mayo de 1876 y el 18 de mayo de 1895, carta, esta última que, como todos sabemos, no llegó a su destinatario, pues antes que ello le encontró la muerte a Martí, en el Campamento de Dos Ríos, cuando apenas iniciaba la Guerra libertaria de su amada Cuba.
Es precisamente en 1946 cuando inicia el verdadero conocimiento de la obra martiana. Hasta entonces, sólo se conocía su producción literaria y política que encontraba sus mejores expresiones en obras como “El Presidio Político”[1]; “Media Noche”[2]; “La República Española ante la Revolución Cubana”[3]; “Crónicas de Nueva York”[4]; “Azul” y “Soldado de la luz”[5]; “Guatemala”[6]; “Ismaelillo”[7]; “Versos libres”[8]; así como sus colaboraciones en periódicos y revistas como”Revista Universal”, México. 1875; “La Opinión”, Caracas. 1881; “Revista Venezolana”, Caracas. 1881; “La Nación”, Buenos Aires. 1882; “La América”, Nueva York. 1883; “El latinoamericano”, N.Y. 1885; “El Partido Liberal”, México. 1886; “El economista americano”, N. Y. 1887; “The evening post”, N.Y. 1889; “Revista Patria”, N.Y. 1892; destacan dramas como “Amor con amor se paga”, presentado en México en diciembre de 1875; novelas como “Amistad funesta”, publicada en Nueva York en 1885; Ensayo político como “Nuestra América” (seguramente lo más grande de todo) publicado en “La Revista Ilustrada”, N.Y. Enero de 1891; “Bases del Partido Revolucionario Cubano y Estatutos Secretos”, N.Y. Enero de 1892 “Tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la revolución y el deber de Cuba en América”, N.Y. Abril de 1894. En todas estas producciones literarias y periodísticas se conoció al Martí de antes de los años 40 del siglo veinte.[9] Pero al Martí que yo me he atrevido a llamar del amor fraterno, del amor verdadero, lo conocemos al hacerse públicas sus cartas a Manuel Mercado. Es necesario leerlas y confrontar cómo, a la par de su actividad pública y producción literaria, fue capaz de entrelazar los contenidos íntimos e históricos de su alma con la encrucijada natural de su destino[10]
Al parecido de las grandes Epístolas de Saulo de Tarso, el cristianizado Pablo, Martí supo alimentar sus cartas con la verdadera doctrina de su esencia libertaria, preocupada en el devenir de los pueblos de América, no solo de su amada Cuba sino de todos los latinos que ya estaban en la mira del imperio del norte, de allí que él siempre se refirió a “nuestra América”[11]
Las cartas de Martí a Mercado constituyen el lugar donde la experiencia histórico-social y su intimidad se entrelazan, se funden, avisándonos de una relación entre hechos e ideología que tal vez encierra el mayor secreto estilístico de estas cartas confesionales de Martí. A medio camino entre la sensación, el sentimiento y el pensamiento.[12] Veamos:
La Habana, 03 de febrero de 1877, al irse de México a Guatemala:
“Preveo en mi viaje a Guatemala, ahora que lo veo cerca, un sacrificio inútil; pero yo gusto del placer del sacrificio…”
La Habana, 11 de febrero de 1877,
“Cada vez que recibo carta suya, me aplaudo a mí mismo por haber sabido merecer de hombre tan puro, tan entrañable afecto…”
Progreso, 28 de febrero de 1877,
“Esta es tierra de cardos, pero esmaltada de buenos corazones…”
“Más que lo que veo, cuento lo que pienso. Dirán que no lo entienden, pero yo se que tengo en México almas claras para quienes nunca será un misterio un libro mío…”
Guatemala, 19 de abril de 1877,
“Voy por todas partes aprendiendo grandemente y, hervidero de ideas, busco espacio en qué aplicarlas y verterlas: donde sean tenidas como buenas mis buenas intenciones; y donde no sea mi alma tachada de extranjera…”
Guatemala, 11 de agosto de 1877,
“Mi muy querido Hermano: Hoy andan de paseo las alegrías, y están tenazmente despiertas las tristezas. Mis amarguras son estas de mi vida, que provienen precisamente de vivir. Si fueran piedra preciosa, serían ópalo. De soledad me vienen y, sabe usted, los muy queridos nombres que evoco y acaricio en estos días. No es el de usted el menos recordado…”
Me salto unos años y veamos esto de:
Nueva York, 24 de marzo de 1885,
“Llevo al costado izquierdo una rosa de fuego que me quema; pero con ella vivo y trabajo, en espera de alguna labor heroica, o por lo menos difícil, que me redima…”
Nueva York, abril 22 de 1886
“… yo recojo del suelo mis propios pedazos, y los junto, y ando con ellos como si estuviera vivo…”
Nueva York, 18 de julio de 1886[13]
“…Como sólo he recibido de usted su silencio, hoy no tengo nada que decirle. Esto no es una carta, sino abrazo al vuelo…”
Otra, de la misma fecha, dice:
“En castigo, hoy no hay carta”
Nueva York, 20 de octubre de 1887, se refiere a las adulaciones por su obra:
“… cuando todos me alaban la viveza y frescura, siento en mí como que se me mueren las flores y me parece verme el cerebro cubierto de alas caídas…”
Nueva York, 11 de diciembre de 1889,
“Yo no hablo de mis penas personales, porque aún que me han dado la puñalada de muerte, no pienso en ellas”
Y ésta, es la última carta que Martí escribió a Manuel Mercado. Está fechada el 18 de mayo de 1895. Nunca se envió, porque el mártir cayó abatido un día después. Fue encontrada por los soldados españoles en las ropas de Martí. Es una carta extensa donde da cuenta de los hechos de la guerra y, como premonitorio a su destino, dice en un fragmento:
“… Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la Revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros”;
Por eso Martí afirmó:
“La muerte no es verdad, cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”
“Triste el que muere sin haber hecho obra”
Aquí dejo algunos fragmentos de alma tan rica y tan sufrida. Quiero, por último, decir que el Gran Martí fue también un Gran Maestro. Lo supieron sus estudiantes de Madrid; de la Escuela Normal de Guatemala; de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guatemala; del Liceo de Guanabacoa; del Colegio de Santa María y el Colegio Villegas, de Caracas; entre otros.
Y decía el Maestro:
“Es una manera de honrarse, y no la menos generosa, honrar a los demás…”
“El que no honra a los grandes, no es digno de descender de ellos…”
“El apostolado es un deber diario y constante…”
“No hay cátedras para el genio: él no sigue reglas, él las crea…”
“Hacer, es la mejor forma de decir y de enseñar”
[1] La Habana. Julio de 1871.
[2] Poesía completa. La Habana, Ed. Letras cubanas. 1980. t. I, pág. 80
[3] Madrid. Febrero de 1873
[4] Compilación de escritos políticos. Nueva York. 1880-90;
[5] Primera estadía en México. 1875-76
[6] Publicado en México en 1878
[7] Poemario. 1882
[8] Poemas. Agosto de 1891
[9] No hacemos en este pequeño artículo una precisa referencia a los periódicos, revistas y otro tipo de medios por los que se dio a conocer la obra de Martí en su época. En todo caso, recomendamos leer la Obra José Martí: vida, tiempo, ideas, del Dr. Salvador E. Morales Pérez, estudioso martiano, publicada por la Sociedad Cultural “Miguel Hidalgo”, ed. Ediciones Michoacanas. Morelia, 2003
[10] José Martí. Correspondencia a Manuel Mercado.- Maricela del Pino y Pedro Pablo Rodríguez. Referencia a la Introducción de Cintio Vitier. Ed. Centro de Estudios Martianos de La Habana. 2003, pág. 16
[11] “José Martí: vida, tiempo, ideas” Dr. Salvador E. Morales Pérez. Ed. Ediciones Michoacanas. Morelia, 2003, pág. 89
[12] Op. Cot. Pág. 14
[13] Martí le llamaba a Mercado el caballero del silencio, porque pocas veces contestaba a sus cartas. Ésta y la siguiente, son un fraterno reproche a esa conducta.