El fantasma de la recesión

 El fantasma de la recesión

Isauro Gutiérrez Hernandes

 

 

Las cifras dadas a conocer por el  Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) para el primer trimestre de este año han puesto a pensar a los analistas económicos sobre las posibilidades de una recesión en la que ya podríamos estar inmersos.

El Inegi dijo que este primer trimestre la economía mexicana registró un crecimiento negativo del PIB (-0.2%) respecto al trimestre anterior y un muy ligero crecimiento (0.1%) respecto al mismo trimestre del año anterior.

Las recesiones suelen conllevar una disminución del consumo, de la inversión y de la producción de bienes y servicios. Lo cual provoca, a su vez, que se despidan trabajadores y, por tanto, aumente el desempleo.

También es muy común que la inflación baje en las recesiones debido a la caída del consumo. En muchas ocasiones puede producirse deflación, la cual puede ser peligrosa si se entra en una espiral deflacionista. Cuando por el contrario, durante una recesión se produce una alta inflación, se conoce como estanflación. La estanflación produce el empobrecimiento de la población y dificulta la salida de la recesión. Dicho con otras palabras, hace más difícil que los gobiernos y bancos centrales adopten medidas efectivas para corregir la situación.

El jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, aseguró que en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador no habrá recesión, a pesar de las cifras que dio el Inegi.

“No veo ninguna recesión por nada, cero. Les apuesto 20 a uno que no va a haber recesión, o 100 a uno ¿quién me la toma?”, aseguró.

El funcionario apostador habla impulsado más por la pasión que por la razón, sin analizar a fondo lo que está pasando en el país y el mundo.

En un cambio de gobierno como el que estamos viviendo, lo que ocurrió fue una disminución de la inversión en términos reales, debido a la incertidumbre ocasionada por la decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco. La interpretación de los inversionistas es que las decisiones financieras del estado se basan más en conceptos políticos que económicos.

En el ámbito internacional es posible que las semillas de esa próxima recesión económica ya se hayan plantado, aunque los efectos no se noten de manera inmediata. Las crecientes tensiones comerciales y geopolíticas entre Estados Unidos y China a raíz de los aranceles impuestos por la Administración Trump contra Pekín, que a su vez actuó de manera recíproca.

Debemos recordar las crisis regionales que están afectando economías emergentes como Turquía y Argentina. Sin olvidar que la recuperación en América Latina y el Caribe ha perdido ímpetu. El horizonte también se vuelve sombrío por las convulsiones que vive la Unión Europea debido al Brexit, la crisis de deuda provocada por el gobierno de Italia o las posibles sanciones a Hungría y Polonia.

Este clima de incertidumbre ha llevado a las instituciones internacionales a rebajar sus previsiones para 2019.

Se considera que una economía entra en recesión, cuando registra un crecimiento negativo del Producto Interno Bruto (PIB) durante al menos dos trimestres consecutivos. Ya llevamos el primero.

Isauro Gutierrez