Maimónides (1135 – 1204 d.C.)

 Maimónides (1135 – 1204 d.C.)

Pablo Manuel Ramos Vallejo

(Et. Or.)

 

Según el llamado “Libro de los Linajes”, primera y verdadera crónica judía del Rabí e historiador judeo español salmantino, Abraham Ben Zacuto, en aquellos días en que convivían sin problemas, judíos, árabes y cristianos en España, precisamente en la  majestuosa ciudad de Córdoba del al-Ándalus, siendo vísperas del Pésaj (Pascua), el  día 30 de marzo (14 de nisán) del año 1135, nace el que fuera el médico, rabino y teólogo judío más célebre de la Edad Media, Moshéh ben Maimón, conocido entre los musulmanes como Abú Imram Musa ben Maimón ibn Abdalá. En Occidente como Maimónides o RaMBaM, y entre los cristianos como “Rabí Moisés el Egipcio” o “el doctor judío”, en el seno de una distinguida familia judía de jueces rabínicos, estudiosos y dirigentes comunitarios, que decía proceder de David, esto por ser documentada desde el siglo X y descender del Rabí de la segunda mitad del siglo II Yehudá ha-Nasí, redactor de la Mishná. Se sabe que su padre Maimón, fue un erudito formado en Lucena por el Rabí Yosef ha-Leví ibn Migash, se dice también que era además de juez, un matemático y talmudista famoso en los círculos de Córdoba y Toledo. Su familia materna, por el contrario, era de humilde condición; su madre era la hija de un carnicero que murió al darle a luz, razón ésta por lo que su padre se volvió a casar. Se nos dice además que su hermano David se desempeñaba como comerciante en joyas y, su hermana Shulamit, fue una excelente calígrafa que le dio gran ayuda en la redacción final de sus primeras obras.

De su instrucción se apunta que desde pequeño inició sus estudios bíblicos y talmúdicos; a más de que siendo muy joven fue educado en colegios musulmanes y judíos de su natal Córdoba, donde obtuvo una buena formación en filosofía, teología, ciencias y medicina. Educación misma que fue truncada debido a que una ola de fanatismo almohade hizo que su familia tuviera que aparentar su conversión al Islam y cambiar a menudo de residencia por la España musulmana.

Las fuentes históricas unánimemente coinciden en  que en el año 1148, el sur de España (Sefarad en hebreo), es conquistado por los Almohades, una secta fanática del Corán que instaló la intolerancia en al-Ándalus y que obligó a emigrar a judíos y cristianos a menos que se convirtieran a la fe de Mahoma o decidieran morir por sus creencias. Ante el avance de los almohades sobre Córdoba, la familia de Maimónides decidió emigrar dada la intolerancia de ellos con respecto a los judíos.

Pues bien, el éxodo obligado que sufre Maimónides lo lleva primero a la ciudad de Almería donde se dice dio cobijo en su casa a su maestro Averroes, hasta trasladarse en 1160 con sus hijos a Fez (Marruecos). Como medida precautoria, durante el periodo de la intransigencia almohade, Maimónides y los suyos se hacen pasar por muslimes (Muslim, islámico en hebreo) y visten como tales, lo cual le permite a Maimónides estudiar el árabe, la poesía y las matemáticas. Como ya lo apuntamos, Maimónides llegó a simular adhesión al islamismo, pero nunca abandonó su fe ya que en la discreción de su casa estudia de manera ferviente el Talmud y la Torá. Este apasionado estudio le lleva a escribir Iggéret Ha Semad (carta sobre la apostasía) donde defiende la situación de los anusim (cripto-judíos supuestamente convertidos al islamismo), haciendo gala de una enorme cantidad de citas talmúdicas y tanájicas (Tanaj, Biblia en hebreo). Sin embargo, la tranquilidad se rompe en 1165, pues el Rabí Yehuda Ibn Sosán, el más eminente rabino de Fez, es reducido a prisión y ejecutado por habérsele encontrado “culpable” de judaizar. Maimónides se salva de quedar preso y ser igualmente ejecutado gracias a la mediación hecha ante los almohades por su amigo Abú L’Arab ibn Moisa. Ante esta situación, Maimónides emigra hacia la tierra de Israel y allí permanece por cinco meses, para luego instalarse definitivamente en Egipto, donde reinaban los fatimíes, musulmanes más tolerantes que los almohades. En Alejandría, Maimónides se dedica al comercio de piedras preciosas, sin dejar por ello de continuar con sus trabajos filosóficos. Pero, mientras Maimónides está en Alejandría, su hermano David muere en un naufragio y con él se pierde toda la fortuna de la familia. Este hecho enferma gravemente a Maimónides, que casi muere porque somatiza el amor por su hermano y el miedo al futuro. Después de una larga convalecencia donde el filósofo aprovecha para leer los comentarios de Avicena sobre las teorías de Aristóteles, se acerca a la ciencia árabe del cielo y se aplica recetas y terapias creadas o mejoradas por él mismo, se dedica a la medicina a la par que comienza a dictar conferencias científicas, en especial sobre medicina, matemáticas y astronomía. La enfermedad le ha propiciado un espacio de conocimiento y profunda reflexión, sabiduría que le brinda el razonamiento mesurado ya que se dice que por esta época, el rey Ricardo Corazón de León, el héroe de la tercera cruzada quiso atraerse al RaMBaM, pero éste desistió de irse a la corte del rey inglés como protesta a las matanzas de judíos hechas por los cruzados, otros sin embargo, sostienen que fue Malrico, gobernador cruzado, y no Ricardo, quien hizo tal petición. Lo que haya sido, el caso es que poniendo fin a su éxodo, Maimónides recibe una citación especial y se instala junto con su familia en Fustat (hoy El Cairo, Egipto). Allí fue nombrado rabino, ocupando a la vez el cargo de visir, secretario y médico de Saladino I, Sultán de Egipto y Siria, siendo ratificado posteriormente por su sucesor al – Fadl,  hijo mayor de Saladino.

Maimónides con este oficio, obtuvo una gran fama y admiración popular tanto en la judería como en el mundo islámico, de donde se le llamaba constantemente para dar consejos, determinar certezas y hacer curaciones especializadas. En este quehacer su principal labor consistió en asentar la teología judaica sobre los principios de la razón según la filosofía aristotélica, papel comparable al que cumplieron Averroes en el Islam y Tomás de Aquino en el cristianismo. Pero como siempre sucede, las envidias lo convierten en centro de calumnias y ataques. Incluso su amigo Abú L’Arab ibn Moisa lo acusa de relapso (delito de quien reincide en un pecado del que ya había hecho penitencia, o en una herejía de la que había abjurado, lo que en el Islam se condena con la muerte o el destierro) y, de no haber sido por la decidida defensa del visir al-Fadl, quien demuestra que el filósofo nunca se convirtió al Islam y por ello la condición de relapso no se le puede aplicar, el RaMBaM habría sido ejecutado o desterrado de Egipto (quizás a los desiertos del Sur). Pero el mazal (la estrella, buena suerte) de Maimónides sigue a su favor: a pesar de las confabulaciones de sus opositores, es nombrado Naguid (ra’is al yahud), jefe de los judíos de todas las comunidades de Egipto, pero las intrigas no paran ahí, pues paralelamente a estos acontecimientos, Samuel ben Alí, director de la madrasa (escuela islámica) de Bagdad, se dedica a perseguir a Maimónides en el campo de la filosofía religiosa, buscando contradecirlo, afortunadamente para él, sin lograr más resultados que acrecentar la fama y autoridad del RaMBaM.

El 13 de diciembre (20 de tevet) del año 1204, Maimónides muere en Al–Fustat (El Cairo) y es sepultado en Tiberiades ciudad en la orilla occidental del Mar de Galilea, en el Distrito Norte del actual Israel. Llorado por judíos y musulmanes, en su lápida, alguien escribió: “Mi Moshé le Moshé, lo hayá ke Moshé” (de Moisés a Moisés no ha existido otro Moisés).

Como judío en territorio islámico y a partir de las enseñanzas de su erudito padre Maimón,  Maimónides tuvo una vasta formación en ambas culturas: la tradicional judía y la árabe profana con sus incorporaciones de la griega, por lo que escribió obras tanto en hebreo como en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva. De su obra en conjunto diremos que es de gran magnitud, correspondiendo a su lugar en la historia, pues ya en su juventud escribió poesías religiosas y una epístola en árabe. También, sobre sus conocimientos en medicina, escribió un buen número de tratados, como el que dedicó al sultán Saladino: el Tratado sobre los venenos y sus antídotos, así como, la Guía de la buena salud y la Explicación de las alteraciones. Otra obra suya es el Libro de los aforismos. Tampoco dejaremos de mencionar sus obras mayores de tema rabínico (talmúdico) que son dos: un comentario en árabe de la Mishná: El Luminar, también titulado Libro de la elucidación, y la Segunda ley o Repetición de la ley, que constituye su obra magna y consiste en una amplia y minuciosa recopilación por materias de todas las leyes y normas religiosas y jurídicas de la vida judía, es decir, del Talmud. Estas obras tuvieron mucha fama y le otorgaron numerosos discípulos. Pero abordando el tema que nos ocupa en este artículo, que es la Filosofía, diremos que Maimónides es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como lo son: el Tratado sobre la resurrección de los muertos y la Guía de perplejos, ésta última mal llamada Guía de los descarriados, que es la clave de su pensamiento filosófico y ejerce una fuerte influencia en círculos tanto judíos como cristianos, sobre todo escolásticos. Maimónides establece una conciliación entre la fe y la razón, dirigida a quienes vacilan entre las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica, demostrando así que no hay contradicción en los puntos en que fe y razón parecen oponerse. Es decir, una conciliación entre el sentido literal de las escrituras y las verdades racionales, acudiendo a la interpretación alegórica en casos de conflicto. Dicho de otra manera Maimónides trató de armonizar las Sagradas Escrituras con el pensamiento griego en una forma comprensible para todo ser, sin importar su preparación o grado intelectual. Por ejemplo Adán era la representación del espíritu, Eva, la materia pasiva, y la serpiente la imaginación. A esta forma alegórica de interpretación surgieron polémicas por parte de los “antimaimonistas” —básicamente, por parte de un grupo de musulmanes que pretendían una lectura literal del Corán, los mutallajim— que lo tacharon de racionalista. A pesar de ello fue una obra muy comentada y de gran influencia, como ya dijimos, en el mundo musulmán y la escolástica cristiana, sobre todo en el pensamiento de Tomás de Aquino.

Maimónides sostiene que la fe y la razón no se oponen si se interpreta alegóricamente los textos de la Escritura, basándose en que la Ciencia de las Escrituras y la Filosofía son conocimientos de distinta naturaleza, pero necesariamente se concilian. Su fuente filosófica principal es Aristóteles, al que conoció a través de Avicena y Averroes. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, pues su razonamiento se opone al del Estagirita, en aquellos puntos en que su filosofía es irreconciliable con la fe, como ocurre con la idea del mundo eterno, opuesta al creacionismo bíblico.

Es bueno destacar que esta forma de interpretación alegórica de los textos de la escritura que practica Maimónides, en su momento, podría verse prestado a confusiones, ya que las tesis filosóficas de otros autores contemporáneos a él, penetran en gran parte en la cábala, en la astrología y en la geomancia, materias que Maimónides desprecia, pues como podemos darnos cuenta, el RaMBaM en sus obras no utiliza la línea esotérica, sino que toma como base la historia, apoyada en la filosofía, sincretiza pues, lo entendible, la filosofía, con lo supuesto, la fe. El método seguido es el de una metafísica rigurosamente abstracta, entrelazada, al modo de los escritos de Filón, con los libros mosaicos y su explicación. Siendo así que, en las exposiciones de éste filósofo judío, encontramos pruebas acerca de la unidad de Dios, acerca de la creación del mundo y de la no eternidad de la materia. La unidad de Dios en sus tesis, aparece tratada como ya lo había sido por los antiguos Eléatas y por los neo-platónicos, de tal forma que lo verdadero no era lo múltiple, sino lo Uno que se crea y se levanta a sí mismo. Afirmando así, la posibilidad de demostrar la existencia de Dios, valiéndose de la idea aristotélica del motor inmóvil, por la existencia de un Ser necesario y de una causa primera. “Dios es causa final y eficiente del mundo. Su providencia lo abarca todo, hasta en sus detalles. El mal se explica por la limitación de la criatura y por sus desórdenes”.

Ahora bien, según ésta tesis, Maimónides afirma que, en muchos temas puntuales, la filosofía no puede alcanzar las verdades que conocemos por la Revelación, pues sólo sabemos que Dios es único porque él mismo nos lo reveló. Maimónides admite también, la existencia de diez Inteligencias puras, inmateriales. Nueve de ellas presiden el movimiento de las esferas celestes, la restante es el Intelecto Agente, que ejerce su influencia sobre todos los hombres. El hombre sólo posee el intelecto pasivo y necesita del Intelecto Agente para conocer.

Maimónides con esto, intenta una síntesis de la filosofía griega aristotélica y la religión judía. Pretende reconciliar la filosofía de Aristóteles con la verdad literal del Antiguo Testamento utilizando la alegoría. La tarea de Maimónides implica un nuevo enfoque distinto de aquel que la Escritura tiene y que lleva a la confusión (a la perplejidad) si se le toma literalmente, pero que cede a la interpretación simbólica. Así, La Guía de Perplejos no está diseñada simplemente para controlar el proceso de erosión de la fe, es más, no está dirigida a aquellos que no dudan de su creencia, sino a todos los que se llenan de incertidumbre, cuando al estudiar la filosofía se cuestionan sobre lo que creen en términos religiosos. Maimónides congratula a los que están comprometidos en la búsqueda de la razón y beben ansiosamente del conocimiento universal. La obra de Maimónides va desde lo simple a lo complejo, desde lo cotidiano hasta lo más intrincado de la metafísica. Su obra no excluye a nadie, está escrita para gente sencilla y para grandes intelectuales. Para cristianos, musulmanes y judíos, la Guía de perplejos (o de dubitantes) es la obra por excelencia de Maimónides, ya que, hasta ese entonces nunca nadie había buscado la reunión de las doctrinas aristotélicas con las Sagradas Escrituras y la fe con la razón, como lo hizo el RaMBaM.

Para culminar, podemos agregar que la influencia conciliadora de Maimónides en el desarrollo posterior del judaísmo es incalculable. Pues se  llega al punto de afirmar que, de no haber sido por él, el judaísmo se habría dividido en diferentes sectas y creencias. Su gran logro fue unir las diferentes corrientes.

“Mi Moshé le Moshé, lo hayá ke Moshé” (De Moisés –el bíblico- hasta Moisés –Maimónides-, no hubo otro como Moisés).

Nunca se supo quién escribió esta frase sobre la tumba de RaMBaM, lo cierto fue que definió la importancia de Maimónides dentro el mundo de su tiempo y épocas posteriores. Y aunque después de muerto, y durante casi un siglo, el pensamiento maimonidiano fue considerado herético y peligroso y sus obras se quemaron públicamente en las plazas de las aljamas (juderías), los seguidores de Moshéh ben Maimón lograron reivindicarlo frente a todos los ataques; y su obra, luego de intensos cuestionamientos, entró a participar del grupo de guías fundamentales que rigen al pensamiento humano.

Es Cuanto.

Isauro Gutierrez

Salir de la versión móvil