Educación y mercado laboral

 Educación y mercado laboral

Miguel Ángel Martínez Ruiz

Las relaciones entre la educación y el mercado de trabajo han sido estudiadas con dos criterios: económico y sociológico.

Conforme al primero, existen la teoría del capital humano (1961) y la teoría de la funcionalidad técnica de la educación (1975).

Siguiendo un enfoque sociológico, han sido elaboradas las teorías credencialistas, las del mercado dual del trabajo y las teorías de los mercados segmentados. Estas últimas se formularon en la década de los años setenta.

Por razones de espacio, se mencionan solamente algunas propuestas de cada una.

La teoría del capital humano parte de los siguientes supuestos:

  • “La educación formal contribuye al desarrollo de los conocimientos y habilidades de los individuos que incrementan sus capacidades productivas”.

2) “El paradigma sobre la determinación de los precios de mercado (teoría económica clásica), donde se supone que los ingresos que perciben los individuos en el mercado de trabajo, están en función de su participación en la productividad marginal en el trabajo.”

3)   “Desde el punto de vista conceptual, características tales como la inteligencia, las habilidades, el talento y los conocimientos son parte del capital humano; no obstante, la dificultad que representa tener información sobre ellas ocasiona que los trabajos realizados en esta vertiente fijaran su atención en la relación que se establece entre la educación  (formal) y el ingreso económico de los individuos”.

La teoría de la funcionalidad técnica de la educación sugiere “la posibilidad de planear el crecimiento del sistema educativo para ajustarlo a los requerimientos de mano de obra del sector productivo. Lo anterior se enmarca en la idea de lograr una “ingeniería social” y tiene el atractivo de ofrecer una línea de acción basada en las tendencias reales de la economía…”

Las teorías credencialistas  tienen como finalidad “explicar por qué personas con niveles semejantes de escolaridad desempeñaban ocupaciones diversas y percibían ingresos diferentes en el sector productivo”.

“El peso que estas teorías otorgaran a los certificados educativos ocasionó que comúnmente fueran designadas como credencialistas y en forma indistinta como “credencialismo”.

Las teorías del mercado dual de trabajo afirman que “el nivel del salario no depende de la interacción de la oferta y la demanda de trabajo en un mercado de libre competencia, sino que depende de la ubicación de las empresas en determinados sectores”.

Las teorías del mercado segmentado de trabajo señalan que “la estructura ocupacional se caracteriza por una división en segmentos de grupos no competitivos de trabajadores que comparten algunas características comunes, con poca movilidad o transferencia de trabajo entre ellos. Asimismo, se considera que cada uno de estos segmentos corresponde a divisiones sociales, sexuales y económicas, preexistentes en la sociedad.”

Estas teorías han dado lugar a una polémica que todavía persiste; razón por la cual, sería interesante analizar sus principales planteamientos, pero resulta de mayor importancia reconocer nuestra realidad a fin de exponer algunas opiniones.

Es muy lamentable ver a los egresados de las instituciones de educación superior enfrentarse a un problema gravísimo: el desempleo. ¿Para qué dedicaron tantos años a estudiar, asistir a clase puntualmente, cumplir con las tareas, preparar exámenes, hacer una tesis profesional y recibirse?  ¿Con qué finalidad invierte el Estado muchos millones de pesos en la formación de recursos humanos? ¿Qué sentido tiene que los padres de familia se esfuercen y realicen gastos en la educación de sus hijos?

Con el propósito de dar respuestas más o menos aceptables, debemos remitirnos a la época de los años cincuenta y sesenta, durante los cuales la obtención de un título de ingeniero, médico o abogado, por no mencionar sino a las carreras más frecuentes, era una garantía no sólo para obtener buenos ingresos, sino un medio excelente de movilidad social.

La explosión demográfica y, como consecuencia, la sobrepoblación en los planteles educativos propició que hubiera un incremento muy significativo en la mano de obra calificada (profesiones), pero el mercado de trabajo no se desarrolló paralelamente, lo cual vino a  incidir directamente en los altos índices de desocupación y subocupación. A esto, se pueden agregar  la contratación exclusiva de egresados de instituciones privadas, auspiciadas por el sector empresarial, que responden a sus expectativas; pero la causa principal consiste en la desvinculación entre las instituciones de educación superior y el mercado laboral, además de la ausencia de una planeación adecuada que responda a las necesidades económicas de la sociedad.

¿Qué se puede hacer ante una realidad tan adversa para los jóvenes profesionistas, cuyas consecuencias son el desánimo, la frustración y el fracaso?

Un profesional en cualquier campo del saber humano pertenece a una categoría muy relevante, pues tiene la capacidad de aplicar sus conocimientos científicos a la solución de problemas específicos y habilidades propias de una práctica para la cual ha sido autorizado por las instituciones legítimamente constituidas.

Sin embargo, en México, los recursos humanos no se aprovechan de manera racional, particularmente cuando la mayoría de nuestras universidades reciben indiscriminadamente a todo el que quiere inscribirse en cualquier carrera sin haber revisado sus antecedentes académicos ni su orientación vocacional y se integran grupos hasta de cien alumnos y muchas veces no se cuenta con espacios educativos suficientes  (aulas, talleres, laboratorios, etc.).

Es urgente llevar a cabo investigaciones serias sobre el mercado de trabajo en cada región del país, tomar medidas pertinentes respecto al currículum de cada carrera, planes de estudio y programas, innovar los métodos y técnicas didácticos,  que contribuyan a la formación de profesionistas bien preparados, eficientes y eficaces. Es preciso diseñar un nuevo perfil del trabajador que las necesidades reales del mercado laboral -siempre cambiante por la globalización de la economía- están demandando. Ya no es correcto aplicar los paradigmas de hace cincuenta o más años. Hay necesidad de una reforma universitaria, pero profunda y acorde a las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de nuestro tiempo.

La falta de oportunidades  laborales, obliga a  un sinnúmero de médicos, abogados, ingenieros y otras profesiones a trabajar como agentes de laboratorios, burócratas en cargos de ínfima categoría  o conductores vehículos del trasporte público. Un licenciado en derecho, hijo de un pintor de casas, fue a una empresa en la que solicitaban un abogado para que se hiciera cargo del departamento de cobranzas y también un pintor, se presentó muy entusiasmado, pero al enterarse del salario que ganaría como abogado, el cual sería de $6 000 pesos, optó por el de pintor cuya retribución consistía en $10 000 pesos mensuales. El requisito para el segundo puesto era el certificado de primaria, es decir, había una diferencia de once años de escolaridad.

La Secretaría de Educación Pública y el sector empresarial tienen ante sí un reto fundamental: Llevar a cabo investigaciones cualitativas y cuantitativas de las instituciones de educación superior, públicas y privadas, en relación con el mercado de trabajo. Sólo así será posible implementar estrategias que conduzcan a disminuir el desequilibrio existente entre la gran cantidad de profesionistas desempleados y la demanda de profesionistas en el mercado de trabajo.

 

 

 

Isauro Gutierrez

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