Educación e inteligencias múltiples


Miguel Ángel Martínez Ruiz
La palabra inteligencia procede del latín intelligentia, vocablo integrado por dos elementos: intus, entre y legere, escoger. Por lo que, etimológicamente, la inteligencia es la capacidad para elegir las mejores opciones en la solución de problemas.
Cicerón introdujo esta palabra para significar la capacidad intelectual.
Sin embargo, no existe una definición universalmente aceptada de inteligencia. Algunos psicólogos y biólogos han intentado describirla como “la capacidad para resolver problemas”, “habilidad para comprender y aprovechar la experiencia”, “la capacidad para adaptarse a situaciones nuevas” o “la habilidad para percibir, interpretar y responder a su entorno”.
La biología y la psicología modernas reconocen que existen dos factores que determinan al ser humano: la disposición hereditaria y el medio ambiente. Hay quienes se inclinan por considerar que la inteligencia es de origen genético; otros sostienen que se desarrolla por los estímulos que recibe el sujeto.
En 1944, se publicó en los Estados Unidos la primera edición del libro The Bell Curve. Intelligence and class structure in American Life: La Curva de Bell. La inteligencia y la estructura de clases en la vida norteamericana. Los autores de esta obra, Richard J. Herrnstein y Charles Murray hacen una aportación para definir la inteligencia, medios de cuantificarla, es decir, formas de medirla. Se basan en un amplio estudio estadístico y del IQ (IntelligenceQuotient: cociente de inteligencia o coeficiente intelectual), dando lugar a la psicometría y los tests de inteligencia.
Algunos especialistas se han manifestado en contra de estos tests, argumentando que “la más importante cualidad humana es demasiado diversa, compleja, cambiante y dependiente del contexto cultural y –sobre todo- demasiado subjetiva como para ser medida por respuestas a una mera lista de preguntas”.
Durante las dos últimas décadas del siglo XX, surgen algunas teorías sobre el tema de la inteligencia, destacando la teoría de las inteligencias múltiples, la teoría triárquica de la inteligencia y la de la inteligencia emocional.
En 1983, el psicólogo norteamericano Howard Gardner, Director del Proyecto Zero y profesor de psicología y ciencias de la educación en la Universidad de Harvard, Mass., ha propuesto la Teoría de las Inteligencias Múltiples, que alude a la existencia, no sólo de una inteligencia, sino de ocho diferentes:
INTELIGENCIA LINGÜÍSTICA, capacidad de usar las palabras de manera efectiva. Lectura, escritura, narración de historias, memorización de fechas, contar cuentos, discutir, debatir, etc.
INTELIGENCIA LÓGICA-MATEM´ÁTICA, razonamiento lógico y habilidad para trabajar con números, resolver problemas, cuestionar, experimentar, trabajo mental abstracto.
INTELIGENCIA ESPACIAL, capacidad para formar un modelo mental del mundo en tres dimensiones. Lectura de mapas, dibujo, imaginar cosas, diseñar, construir, crear imágenes, pintar.
INTELIGENCIA CORPORAL-CINESTÉSICA, capacidad para utilizar el propio cuerpo. Atletismo, danza, arte dramático, trabajos manuales, utilización de herramientas, moverse, hablar, lenguaje corporal, etc.
INTELIGENCIA INTRAPERSONAL, capacidad de entenderse a sí mismo. Reconocer sus propias deficiencias y aptitudes, trabajo solitario en proyectos a su propio ritmo, reflexionar, establecer sus propios objetivos.
INTELIGENCIA INTERPERSONAL, entender a la gente, liderazgo, tener amigos, compartir, relacionarse, sentido de cooperación.
INTELIGENCIA MUSICAL, reconocer sonidos, recordar melodías, ritmos, cantar, componer, etc.
INTELIGENCIA NATURALISTA, capacidad para observar y estudiar la naturaleza, identificando la flora y la fauna, aprender acerca de los fenómenos biológicos y sus relaciones con el medio en que se producen.
Robert J. Sternberg, psicólogo estadounidense, profesor de la Universidad de Yale, en su Teoría de Triárquica de la Inteligencia (1985), postula la existencia de tres categorías:
INTELIGENCIA COMPONENCIAL-ANALÍTICA: consiste en la habilidad para adquirir y guardar información.
INTELIGENCIA EXPERIENCIAL-CREATIVA: se manifiesta en la habilidad fundada en la experiencia para seleccionar, codificar, combinar y comparar información.
INTELIGENCIA CONTEXTUAL-PRÁCTICA: se relaciona con la adaptación al mundo real.
Desde el año de 1920, el psicólogo Edward Thorndike se refirió a la “inteligencia social”, idea que fue retomada por los también psicólogos Meter Salowey y John D. Mayer, quienes acuñaron la expresión “Inteligencia Emocional”, pero quien vino a desarrollar toda una teoría al respecto fue el psicólogo Daniel Goleman, quien publicó en 1995 su libro Emocional Intelligence que alcanzó fama mundial.
Si se acepta la Teoría de las Inteligencias Múltiples, es necesario reconsiderar el quehacer educativo no sólo en las aulas, sino desde el hogar mismo, puesto que, según esta teoría, todos los seres humanos tenemos las ocho clases de inteligencia; lo que ocurre es que una, dos o más prevalecen sobre las demás.
En algunos países del mundo, como los Estados Unidos, Canadá, Australia, Israel e Italia ya están trabajando en escuelas de Inteligencias Múltiples, donde se aplican estos criterios para clasificar a los educandos con la intención de adecuar el currículo y el sistema de evaluación a esta nueva concepción de la inteligencia humana.
Hay quienes se oponen a esta innovación, arguyendo que solamente existe una inteligencia y las mayores capacidades para ciertas actividades constituyen los talentos.
Al margen de estas consideraciones, es preciso estudiar estas teorías con la finalidad de ver su pertinencia y ventajas en la práctica docente, pues bien sabido es que nuestra educación típica tiene una marcada predilección por la enseñanza del lenguaje y el cálculo, dejando en niveles de menor importancia el arte, los deportes, la investigación de la realidad, las relaciones humanas, la introspección, etc. Existe una gran cantidad de niños y adolescentes, cuyas capacidades intelectuales son muy específicas. En estos casos, se debe adecuar el proceso enseñanza-aprendizaje a las peculiaridades de cada alumno.
De donde se infiere la necesidad de ponderar el valor de estas aportaciones y, en una etapa ulterior, aplicarlas mediante un plan piloto o experimental, siguiendo las estrategias utilizadas en otros países.
