La Divinidad, según algunas doctrinas

Vicente García Rocha
Para comenzar diremos que según el Diccionario de la lengua, divinidad, viene del latín divinitas,” naturaleza divina y esencia del ser de Dios en cuanto a Dios”; también significa, “cada uno de los seres divinos de las diversas religiones” lo divino, según la misma fuente, es el adjetivo referido a lo “perteneciente o relativo a Dios, es también lo relativo a los dioses objeto de culto en las diversas religiones”; son sinónimos; lo maravilloso, lo soberbio, lo perfecto; opuesto a lo humano que por definición es lo imperfecto lo inacabado. Aunque el ser humano, es un ser inacabado, tiende a la perfección, es perfectible, consciente de su inacabamiento es un ser que está siendo y se está haciendo, esto es, está en aprendizaje permanente, por ello, también está consciente de que jamás alcanzará el grado o nivel de perfección que exige lo divino, puesto que sería una aberración lógica y un absurdo.
Por otra parte, dentro de la filosofía Moderna y en la historia de la filosofía, se considera que el objeto de estudio de esta ciencia humanística, es encontrar la respuesta a tres problemas que son pues su esencia misma:
El primer problema es entre el Pensar y el Ser, y consiste en decidir que fue primero o bien quién creo a quién; en filosofía se aceptan como sinónimos, por un lado a términos como Dios, Espíritu. Espíritu Absoluto, Espíritu Universal, Alma, Pensamiento, Pensar, Divino, Divinidad, Gran Arquitecto del Universo, Energía Vital, Soplo Divino y, por el otro, Ser, Materia, Materialismo, Naturaleza, Mundo, Universo. Los filósofos que sostienen que Dios o el Pensamiento, creo a la naturaleza, al hombre y todo lo que existe, se les llama Idealistas; los que sostienen lo contrario, se les llama materialistas.
El segundo gran problema de la filosofía, es el Problema del Movimiento y, consiste en determinar cómo se produce el mismo, dado que todo lo que existe, está en movimiento continuo y permanente, y como lo ha demostrado la ciencia, lo que no se mueve no puede existir… La respuesta es quién o qué o cómo se produce el movimiento de todo lo que existe: los que dicen o sostienen que Dios es el que dio el primer empujón a lo que existe y que por eso lo que existe se mueve; se les llama idealistas mecanicistas y, quienes sostienen que el movimiento se produce por las contradicciones internas de la materia, se les llama materialistas dialécticos.
El tercer gran problema de la filosofía, es el problema del Conocimiento y consiste en definir si los hombres somos capaces de conocerse a si mismos y de conocer la realidad exterior, esto es, el universo o la naturaleza; ¿podemos conocer de manera absoluta o solamente limitada?, o ¿nos es negado conocer?; ¿dónde se origina el conocimiento, en el sujeto o en el objeto? Recuerden al gran Descartes, a su famoso cogito, cogito, ergo sum (pienso. Luego existo). Descartes, como buen Agnóstico, sólo estaba seguro de su existencia, pero de lo demás, no lo estaba tanto, por ello, es el creador de la duda metódica. Otros filósofos como el caso del filósofo inglés, Hume, quién llegó al Solipsismo, en que dudaba no solamente de conocer y de si realmente existe la realidad exterior a él, sino también de su propia existencia.
Pues bien, a los que aceptan que el problema del conocimiento no es tal, que el ser humano puede conocer de manera total y absoluta, se les llama dogmáticos; a los que aceptan que el conocimiento es relativo y siempre limitado, reciben calificativos que van desde positivistas, neopositivistas, racionalistas, empiristas, dialécticos, materialistas dialécticos, subjetivistas, objetivistas, ..
Incluso hay métodos para conocer, que pueden ser lógicos, (deducción, inducción, análisis, síntesis, abstracción y la concreción) y no lógicos o psicológicos (la intuición) también hay métodos metafísicos para el mismo objeto, como la Revelación (la Guadalupana se le reveló a Juan Diego) y la Iluminación, aunque estos dos últimos métodos no alcanzan la categoría de científicos.
A propósito de la metafísica, ésta tiene dos disciplinas entre otras, la Teología que se refiere al tratado y estudio de Dios, desde la concepción antropomórfica; la Teodesia, o la teoría de Dios desde la concepción deísta o teísta, esto es, pannaturalista, en que a Dios no se le puede representar con imágenes, porque es el todo, el universo, el mundo, todo lo que existe, es materia o energía, en esta concepción navega la mayoría de todos los ritos, aunque habrá que dejar claro que es menester respetar profundamente la diferente forma de pensar y ser tolerante y respetuoso de las diversas formas de pensar, siempre y cuando se fundamenten , se defiendan y se sostengan con convicciones obtenidas mediante la reflexión, la razón y el estudio y respetando, se insiste al derecho ajeno, al libérrimo derecho a pensar diferente.
Queremos recordar que el gran pensador de la antigüedad, Demócrito de Abdera, quien sostuvo que la materia era increada, es el descubridor del átomo, la partícula más pequeña de la materia obtenida por medios químicos. Y es en el siglo de las luces cuando un químico Beckerel, propone que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma; en el siglo XX, con sus teorías, la Teoría General y la Teoría Especial de la Relatividad, Albert Eistein, propone: Cierto, la materia no se crea ni se destruye, se puede trasformar en energía y la energía en materia, por medio de la Fisión y Fusión atómica.
Si la ciencia sostiene que el universo es increado y que puede pasar de la forma de materia a la forma de energía; ¿El Universo es Dios?
Para dos filósofos modernos Spinoza y Nietzsche, postularon cada quien por su lado, del centro de certeza absoluta llamada Dios. Para el primero, no es fuente de la razón, ni de redención, ni del mandamiento, juicio o castigo, pues no es un ser sino el universo mismo; El pensamiento filosófico acerca de Dios de Spinoza, coincide con el de Nietzsche en las que la idea de Dios y Mundo, Dios y Naturaleza es lo mismo, son ideas que nada tienen que ver con el antropo teológico de la tradición judeocristiana, que nos muestra un Dios Padre, Señor, Juez personalizado.
El Cristianismo se encargó de diferenciarse del judaísmo en que el primero impuso un Dios como Amor y Bondad absolutos, como un ser positivo y puro, dejando así en el terreno de lo profano todos aquellos aspectos considerados impuros que, por ello, no cupieron en ese concepto de Dios. La divinidad pues es un ser personal, bueno, puro y misericordioso. Por ello, se desprecia al más acá por un más allá, se condena al Mundo y al Diablo, el Príncipe del mundo, la naturaleza es despreciada.
Otra diferencia sustancial entre judaísmo y cristianismo es el paganismo, que a decir de Nietzsche, “son paganos aquellos que dicen sí a la vida, para los cuales Dios es la palabra para designar el gran sí a todas las cosas”.
Pensadores como Caillois Rogers y Georges Bataille sostienen que el cristianismo efectúo un reduccionismo ontológico del concepto de Dios, debido precisamente al concepto de Dios puro y amable y al hecho de haber condenado y hasta satanizado manifestaciones culturales como el erotismo, el teatro, la prostitución sagrada y muchas festividades y rituales paganos. La mujer quedó reducida a la condición de virgen o madre; si no es virtuosa en esos sentidos, se convierte en receptáculo del Diablo.
Juan Manuel de la Mora y Marja Ludwika Jarocka, en su obra El Concepto de la Divinidad en el Hiduismo.—México: UNAM, 2003, dicen que pese a los miles de dioses y diosas personales, existe un concepto distinto de Divinidad, una divinidad sin modales humanos, dicha religión carece de fundador y de dogmas; las manifestaciones de la naturaleza son llamadas creación, se identifican las unas con las otras, por tanto no son más que la misma divinidad con distintos nombres. La divinidad, sin dejar de ser una y creadora, además de estar en el exterior, en la naturaleza, pasa a ubicarse dentro del ser humano: se proclama la identidad entre el alma universal y el alma individual. Dios está dentro de nosotros, (tú eres eso, y tú eres parte de lo absoluto) La divinidad es entonces el universo mismo, con energía cósmica e impersonal, carente de sexo y que se encuentra más allá del bien y del mal.
El concepto judeocristiano de pecado no existe en el hinduismo, puesto que la energía impersonal de la que participamos no se le puede ofender. El crimen es castigado por leyes humanas y, por otra parte, existe un castigo extrahumano, aunque ajeno a la divinidad, el Karma o la ley de la causalidad: Si hacemos mal, recibimos mal. El Samsara se convierte entonces en un infierno que debe evitarse. El objetivo es volver a la continuidad perdida, volver a lo absoluto, a la impersonalidad. En el cristianismo, en que después de morir, las almas siguen siendo discontinuas y ninguna unión sustancial con la divinidad es posible.
Al igual que Spinoza y Nietzsche, Juan Miguel de Mora y Ludwinka Jarocka nos recuerdan que la Divinidad o lo es todo o no es nada. Si la Divinidad lo es todo, es asimismo por ese hecho, nada: algo más allá de la razón, de las dimensiones humanas; algo impersonal, amoral, que constituye los avatares del universo; lo positivo y lo negativo, como ocurre en la naturaleza. Lo único que en consecuencia puede otorgarle coherencia a nuestra sociedad no es la teocracia, ni la manipulación de la iglesia, sino las leyes humanas, la ética y la moral de cada quien, independientemente de lo que suceda después de la muerte. La base moral debe ser la tolerancia, la aceptación de todas las formas de vida, siempre y cuando no atenten contra el prójimo y la sociedad. Agregaríamos a la propuesta de los autores supra citados, la norma de convivencia propuesta por Benito Juárez: “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”.
