La guerra que comenzó

 La guerra que comenzó

Cuauhtémoc López Sánchez.

 

El 15 de septiembre de 1810 en la Nueva España, se manifestaron de manera violenta las inconformidades de criollos y mestizos contra la corona española. Pero la Guerra de Independencia tuvo sus antecedentes en los tratos discriminatorios que recibían los incipientes burgueses y comerciantes que no podían competir contra los peninsulares que no solamente acaparaban la autoridad política, sino el comercio exterior, la explotación de indígenas, minas y tierras. Por lo tanto, el problema de fondo era el económico. La demanda de productos había aumentado y criollos y mestizos intentaban introducir sus productos al mercado colonial, vislumbrando que las ganancias se repartirían entre todos los que participaban en su elaboración. Al no encontrar apertura, criollos, mestizos e indígenas se unieron y empezó la lucha.

Una de las características de la Guerra de Independencia de México fue la poca participación de la clase poderosa y gobernante y aunque la lucha fue encabezada por sacerdotes, la iglesia católica nunca estuvo a favor de los insurrectos. Es decir, esa Guerra fue casi exclusivamente realizada por la clase media baja, lo cual permiten usar un término moderno: no hubo infiltración hacia las clases poderosas.

En términos militares, la estrategia se centró en el enfrentamiento de grandes contingentes de los ejércitos y raras veces con ataques de pequeños grupos. Lo curioso es que hubo estados o provincias de la Nueva España, donde la lucha de independencia pasó desapercibida.

Después de 100 años, el 20 de noviembre de 1910, se manifestaron, también violentamente, otras inconformidades y desde Río Blanco, Veracruz, hasta Cananea, Sonora, pasando por Puebla, los obreros se unieron esta vez para iniciar una revolución que arrastró a los campesinos, que se identificaron con las demandas de aquellos que buscaban aumento salarial, mejor trato, menos horas de trabajo y exigiendo además, la propiedad de la tierra. La Revolución Mexicana tuvo de todo, como en la Guerra de Independencia: oportunistas, traidores y simuladores y sin embargo, tampoco sobresalen muchos personajes de las altas esferas de poder. Se puede decir que tampoco hubo infiltración hacia las personas que no pertenecieran a la clase obrera o campesina y se volvió a repetir el fondo económico, pero ahora con un fuerte contenido social que desembocó en nuevas leyes, formación de sindicatos, de partidos políticos, de agrupaciones agrarias y un sistema diferente de gobernar. En esta lucha social, la iglesia católica no solo no participó acompañando a los explotados, sino se opuso abiertamente a las ideas que se defendían con la razón y las armas, pero las estrategias militares tuvieron una pequeña variante. Al enfrentamiento de grandes columnas militares se le sumó la novedosa lucha de guerrillas, representada por pequeños grupos de sublevados atacando por sorpresa a sus enemigos. La Revolución Mexicana tuvo mayores repercusiones a nivel nacional, sin embargo, también hubo estados de la República cuya participación fue nula o incipiente como el caso de Chiapas, Oaxaca y Guerrero, entre otros.

A doscientos años de la iniciación de la Independencia y a cien de la Revolución, empezó otra guerra. Abonada por las condiciones sociales adversas debido al fracaso del modelo económico, el descontento popular se ha extendido y los despedidos, desocupados, pobres, explotados, inconformes y personas que no han encontrado ni soluciones ni apoyo para su desarrollo y las de sus familias, se han unido al narcotráfico y a la delincuencia para poder sobrevivir. A diferencia de las dos luchas anteriores, se observan claramente algunas diferencias. El enfrentamiento no es entre grandes columnas militares, sino exclusivamente del tipo de guerrilla urbana, donde pequeños grupos atacan puntos diferentes el mismo día y a la misma hora, con mejores armas que el ejército mexicano y las corporaciones policíacas. Además, el narcotráfico y la delincuencia han infiltrado las altas esferas del poder político, económico y eclesiástico, de manera que poseen información de las acciones que las autoridades van a emprender en su contra. La corrupción se ha manifestado en su más alto grado por el poder económico y logístico que poseen los cárteles de la droga.

Lo grave es que el gobierno mexicano no ha querido aceptar que la guerra ya comenzó, y solamente declara que la guerra es contra el narcotráfico, aunque los Estados Unidos ya preparan sus tropas en la frontera con México para enfrentar esta guerra donde se han unido narcotraficantes, obreros, campesinos, burócratas, comerciantes y hasta el clero que aprovecha para predicar desde los púlpitos que la única seguridad que tenemos para alcanzar la salvación y la vida eterna es acercarnos a la Iglesia Católica y sus dogmas, alejarnos de ideas extranjeras exóticas y poner nuestras vidas en manos de sus sacerdotes como representantes de Dios.

Otra diferencia con la lucha de Independencia y la Revolución, esta guerra ya alcanzó a todos los mexicanos y no es exclusiva de una ciudad o de algún Estado, porque nos enteramos por los medios, por familiares y amigos, de los ataques que realiza una guerrilla contra funcionarios y autoridades de todos los niveles o contra personas de distintas ramas del comercio a nivel nacional. A diferencia de la Guerra de Independencia y de la Revolución Mexicana, toda la República está inmersa en esta guerra que ya comenzó.

La situación en la frontera norte empieza a preocupar cuando muchas maquiladoras y negocios han cerrado sus puertas y despedido a miles de empleados por la falta de seguridad debido a las exigencias de la delincuencia para que paguen para no atacarlos. En la frontera con Guatemala, el tráfico de armas, drogas, personas y diversas mercancías del sur del Continente y Europa, se han intensificado ante la incapacidad de maniobra de los distintos niveles de gobierno y corporaciones policíacas. Las acciones delictivas para obtener medios para mantener la lucha no solamente provienen del narcotráfico y las para el delito se han refinado con secuestros expres, robo de cajeros automáticos, asaltos a camionetas de valores y a personas que realizaron un retiro importante de efectivo, mal uso y desvío del presupuesto federal y estatal, enormes fraudes financieros y bancarios, lavado de dinero realizado por negocios establecidos y todo llevado a cabo ante la ineptitud, ineficacia y contubernio de todo tipo de autoridades y gobernantes.

Un ingrediente más es que tanto en la lucha de Independencia como en la Revolución, los líderes eran visibles, conocidos, tenían nombre y apellido a diferencia de la guerra que ya comenzó, donde los que la dirigen se esconden en el anonimato y se ocultan tras la masa popular, lo cual los hace más peligrosos. Pero igual que a Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, los Serdán, los Flores Magón, Villa, Obregón, Carranza, Zapata y tantos otros luchadores, los que pelean en esta guerra, son descalificados, perseguidos, acusados de bandoleros, malhechores, mal vivientes, delincuentes, narcotraficantes y otros calificativos que abarcan a todos los integrantes de este movimiento y aunque la comparación pueda parecer inadecuada, no podemos negar que en estos personajes, como los de aquellas dos confrontaciones, fueron igualmente reprobados en sus inicios, incluso igual que antaño, la muerte les acontece de manera violenta, cruel, vejados, traicionados y solitarios.  

A todos los que participan en esta guerra, se les condena por sistema, olvidando que la mayoría se han involucrado obligados por las circunstancias y la necesidad, transformándose en delincuentes y nos quieren hacer olvidar que el cansancio, la desesperanza, la desilusión, el desengaño los alcanzó y se lanzaron a una lucha que parece interminable o sin solución a corto plazo.  

Los hechos ahí están y no se pueden ocultar. Cada vez son más graves. Si no se quiere aceptar que el fenómeno mexicano de cada 100 años ya comenzó, cuando se tenga que enfrentar para solucionar, será demasiado tarde. La guerra de 2010, ya comenzó desde hace dos años y muchos, todavía no se enteran.

Isauro Gutierrez

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