La Escuela Lancasteriana


José Carlos Avilés Becerril.
En la esquina que forman las calles de Corregidora y García Obeso de Morelia, se encuentra una placa que dice lo siguiente: “En el año de 1930 se establecieron en este edificio las Escuelas Lancasterianas dirigidas por los maestros Aparicio Sánchez, Antonio Quiroz y Ma. Luisa Román. Homenaje de los profesores de esta capital. Morelia a 30 de abril de 1830”.
También en un tomo de las obras completas de Don Melchor Ocampo de los textos seleccionados por Raúl Arréola Cortés, destaca un nombramiento extendido al filósofo de la reforma por la Compañía Lancasteriana de México.
En la calle de referencia se conserva una placa donde se indica que ésta se llamó “de la Enseñanza”, por ese antecedente precisamente. Hoy ese inmueble lo ocupa una iglesia presbiteriana de nombre SALEM.
Veamos qué significa eso de la escuela lancasteriana. Por ese año de 1842, ese tipo de escuelas se encontraba en auge, debido a la introducción de novedosas técnicas educativas, era un colectivo jerarquizado autoritariamente.
Uno de los aspectos sobresalientes de ese sistema de enseñanza en manos de profesores no religiosos, es la utilización de premios y de castigos para promover el orden y el estudio, con evaluaciones de carácter público al final del año escolar.
Posterior a la colonia en México, ante la desorganización política y social, lo mismo sucedía en la educación que había sido sostenida y monopolizada por el clero, es decir, en general por las órdenes religiosas.
Mucho habían contribuido los jesuitas, que fueron expulsados en el año de 1767, en que la educación carecía, para el caso de su propuesta de una calificación nula cualitativa y cuantitativamente.
Se cerró la Universidad Pontificia y la Academia de San Carlos, que operaban con limitaciones financieras y muchas otras penalidades propias de organización derivadas de los desasosiegos de los gobiernos de la época,
Habían operado y aparecen como una nueva propuesta educativa debido a las limitaciones económicas, señaladas en líneas anteriores, una especie de escuelas particulares, conocidas como lancasterianas o denominadas también de enseñanza mutua.
Fue impulsado este sistema por dos educadores ingleses, uno de apellido Bell y otro Lancaster. De éste último toma su denominación.
Ante la falta de maestros esta modalidad se prepara a los alumnos sobresalientes llamados MONITORES, para que ayuden en la instrucción de los demás compañeros que asisten a estas clases. El monitor atiende a diez discípulos, compañeros que asisten a estas clases.
El monitor atiende a sus diez discípulos, que toman asiento en semicírculo delante de él, con el cual repetirán cada uno de los momentos que refieren a la lección de horario,determinado por el conductor maestro, que previamente preparó con sus auxiliares sobre el campo temático correspondiente al plan de estudios del grado.
Había un inspector que auxiliaba a los monitores y con él definen a los alumnos que deberían ser premiados o sancionados. Lo criticable del método era la severa disciplina, para la que había, incluso, celadores. Así como había cuadros de honor, medallas de honor, había también orejas de burro y otros castigos, como “maíces” donde los hincaban y los hacían sostener dos ladrillos en las manos.
Son frecuentes las tarjetas que colgadas en el cuello de los alumnos aluden a su buen o mal comportamiento. De esta manera los estudiantes saben claramente qué se espera de ellos, conforme al desarrollo de la toma o de la asimilación de las lecciones recibidas.
El currículo consiste en lectura, escritura, aritmética y cálculo.
A México llegan con Manuel Cordoniú, médico del virrey Juan O’ Donoju en el año de 1822, nuevos promotores como Angustia Buenrostro, Eulogio Villaurrutia, Manuel Fernández Aguado, Eduardo Turreau, Ignacio Rivoli y posteriormente Don José Ma. Tornell, entre otros y quienes eran destacados participantes de los grupos masónicos escoceses.
Originalmente se cobraba una cuota mensual, hasta que por decreto del 26 de octubre de 1842 se erige como la nueva y antecesora de lo que conocemos como la escuela oficial en la enseñanza primaria, ahora subsidiada por el gobierno. Este pues, es el origen de nuestra escuela pública, laica.
De los monitores, por supuesto surgen los futuros profesores que serán el semillero de maestros del México independiente.
Es también la escuela lancasteriana, el origen de las escuelas normales formadoras de los maestros. Otro ferviente impulsor del lancasterianismo fue Don Pablo de la Llave. Así también es de mencionarse, por su calidad y propuesta educativa progresista al maestro Enrique C. Rebramen, que en su tiempo criticó la pedagogía lancasteriana por el fuerte memorismo acendrado y la disciplina casi militar y su autoritarismo que nos deja desde entonces la costumbre de los pupilos de ponerse de pie a la llegada de personas o de lo que puede ser una autoridad del sector educativo.
De acuerdo con el filósofo Francisco Larroyo, para 1890, después de 68 años de existencia, fue disuelta la compañía lancasteriana, aunque en los estados de la República perduró por muchos, muchos años más.
