Jesús de Nazaret, su influencia en la Filosofía


Pablo Manuel Ramos Vallejo
“El estudio histórico de Jesús es un cómodo lugar
para hacer teología y llamarlo historia”
J.D. Crossan
Jesús de Nazaret, también conocido como Jesús, Cristo o Jesucristo, es la figura central del cristianismo y uno de los personajes que han ejercido una mayor influencia en la cultura occidental. Poderosa y cautivante es su historia. Muchos aspectos de su vida aún son desconocidos, sabemos de su existencia sólo a través de los evangelios y algunos muy contados documentos históricos contemporáneos a él. Esto ha dado lugar a incontables mitos que lo tienen como protagonista.
La investigación histórica sobre Jesús de Nazaret siempre ha sido terreno resbaladizo. Hechos reales, suposiciones y prejuicios se confunden a causa de las lagunas documentales y falta de evidencias. Se dice que, Jesús de Nazaret fue un predicador judío, que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea (Actualmente el país de Israel y los territorios palestinos ocupados) y fue crucificado en Jerusalén en torno al año 30 de nuestra era. El lugar probable de su nacimiento se ubica en un lugar al sur de la región de Galilea llamado Nazaret. Ciudad de Asia Occidental, situada en el Distrito Norte de Israel, en las estribaciones meridionales de los Montes del Líbano, a 10 km al norte del Monte Tabor y a 23 km al oeste del mar de Galilea. Sin embargo, entre los evangelios canónicos de Lucas y Mateo que son los únicos que relatan su nacimiento, lo ubican en Judea, precisamente en Belén. Y aunque este lugar de nacimiento es el comúnmente aceptado por la tradición cristiana, los investigadores actuales han puesto de relieve que los relatos de Mateo y Lucas están elaborados con temas de la tradición davídica, que contienen varios elementos históricamente poco fiables, se contradicen entre sí, y muestran una clara intención de demostrar que Jesús era el Mesías, y que según, debía nacer en Belén. Es por esto que son muchos los críticos actuales que consideran que la historia del nacimiento de Jesús en Belén es una adición posterior de los autores de estos evangelios y no se corresponde con la realidad histórica.
Por lo que respecta a la fecha de nacimiento de Jesús, esta no puede ser calculada con precisión, y aunque la mayoría de los estudiosos coinciden en situarla en torno al año 4 de nuestra era. Convencionalmente, se adoptó como fecha del nacimiento de Jesús la derivada en el siglo VI, basada en cálculos erróneos y que hoy sirve de inicio de la llamada era cristiana.
Debido a todas estas imprecisiones, algunos autores niegan de forma absoluta la validez histórica de las fuentes cristianas, y sostienen que la figura de Jesús es el resultado de una falsificación consciente por parte de los primeros cristianos. Según esta teoría, Jesús no fue un personaje histórico, sino una entidad mítica, similar a otras figuras objeto de culto en la antigüedad.Esta entidad mítica en su caso, producto del sincretismo entre las religiosidades helenística y judía.
A diferencia de lo que ocurre con otros personajes de la Antigüedad, pero al igual que sucede con otros muchos, no existen evidencias arqueológicas que permitan verificar la existencia de Jesús de Nazaret. La explicación principal que se da a este hecho es que Jesús no alcanzó en su tiempo una relevancia suficiente como para dejar constancia en fuentes arqueológicas. Sea como fuere, Jesús como otros muchos destacados dirigentes religiosos y filósofos de la Antigüedad, no escribió nada, o al menos, no hay constancia alguna de que así haya sido. Todas las fuentes para la investigación histórica de Jesús de Nazaret son, por lo tanto, textos escritos por otros autores. El documento más antiguo inequívocamente concerniente a Jesús de Nazaret, es el llamado papiro P52, que contiene un fragmento del Evangelio de Juan y que data, según los cálculos más extendidos, de hacia el año 125, es decir, aproximadamente un siglo después de la fecha probable de la muerte de Jesús ocurrida hacia el año 30.
Si bien los testimonios materiales referentes a la vida de Jesús son muy tardíos, la investigación filológica ha logrado reconstruir la historia de estos textos con un alto grado de probabilidad, lo que arroja como conclusión que los primeros textos sobre Jesús, como los son algunas cartas de Pablo de Tarso, son posteriores en unos veinte años a la fecha probable de su muerte, y que las principales fuentes de información acerca de su vida, como son los evangelios canónicos, se redactaron en la segunda mitad del siglo I. Es por esto, que existe un amplio consenso acerca de esta cronología de las fuentes, al igual, podemos añadir, que es posible datar algunos muy escasos testimonios acerca de Jesús en fuentes no cristianas entre la última década del siglo I y el primer cuarto del siglo II.
Es por esto que en el estado actual de conocimientos acerca de Jesús de Nazaret, la opinión predominante en medios académicos es que se trata de un personaje histórico, cuya biografía y mensaje fueron significativamente alterados por los redactores de las fuentes, que actuaron movidos por intereses religiosos. No descartando, sin embargo, como ya lo expresamos líneas arriba, una minoría de estudiosos que, desde una crítica radical de las fuentes, consideran probable que Jesús no fuese un personaje histórico real, sino una entidad mítica.
Dada la magnitud del personaje al que nos referimos, y las complejas controversias desatadas en su entorno, en este artículo solamente abordaré en parte la influencia de Jesús de Nazaret en la Filosofía, analizando brevemente su ideología y la consecuente derivación del pensamiento cristiano.
Así tenemos que, según se dice al igual que Pitágoras, Platón, Zaratustra y Buda, Jesús fue un iniciado; su enseñanza filosófica la adquirió en Egipto, donde estuvo desde los 12 años de edad y según algunos autores, también habría viajado a Persia, La India y El Tíbet. Incluso se le considera como un destacado Esenio, Congregación judía, cuyo origen se remonta al hijo adoptivo de Moisés, llamado Esén, (aproximadamente 1.500 años a.C.), secta religiosa basada en el esoterismo, la magia y la meditación.
Otra teoría nos dice que Jesús era la reencarnación de Hermes Trimegisto, que en vida fue un filósofo Egipcio. Y sus milagros no fueron otra cosa que la práctica de la ciencia secreta que aprendió en Egipto, la india y el Tíbet. Es decir Jesús era un sabio o un filósofo, que al practicar la magia y el arte de curar por la energía, efectuaba “recuperaciones” milagrosas. Pero lo hacía sólo para demostrar que todos, usando correctamente el pensamiento podemos curar y curarnos. Tanto las fuentes sinópticas como el Evangelio de Juan presentan a Jesús como hacedor de milagros. También destaca esta faceta de su actividad el Testimonio Flaviano, donde se indica que “llevó a cabo hechos sorprendentes” (Ant., XVIII, 63), aunque no puede asegurarse que no se trate de una interpolación cristiana posterior.
En líneas generales, la investigación actual no concede credibilidad histórica a los hechos maravillosos de Jesús que tienen que ver con alteraciones de las leyes de la Naturaleza, que se consideran proyección de la fe de los primeros cristianos y, como tales, requieren una interpretación simbólica, no literal. En gran medida los relatos de milagros pueden tener un origen helenístico: Rudolf Bultmann encontró paralelos entre los relatos de los milagros de Jesús y otros similares de la tradición helenística, lo que le llevó a concluir que “parece probable que los relatos taumatúrgicos tienen generalmente un origen helenístico”. No obstante, se acepta en general que Jesús fue considerado por sus contemporáneos como capaz de curar ciertas enfermedades y de exorcizar demonios, esto es dentro de lo que puede interpretarse a la luz de las creencias populares en la Palestina del siglo I. Ya que, los sinópticos, y especialmente el Evangelio de Marcos, ofrecen numerosos testimonios de este tipo de actividad, y no parece probable que se trate de adiciones posteriores. Estos testimonios coinciden además con los de las fuentes talmúdicas, donde se relata que Jesús fue ejecutado como hechicero. Algunos investigadores, como el estadounidense Morton Smith, han llegado a considerar este tipo de prácticas como las más importantes en el magisterio de Jesús, hasta el punto de identificarlo como un mago helenístico, similar a otros, aproximadamente contemporáneos, como Apolonio de Tiana.
Se dice con mucha insistencia que Jesús, a quien la Iglesia católica adoptó en exclusiva y lo convirtió en materia prima de un lucrativo y longevo negocio, no tuvo nunca la intención de fundar una escuela filosófica, mucho menos una iglesia en torno a sus prédicas. Controversialmente se considera como un dato histórico el que Jesús se designara a sí mismo como “Hijo del Hombre”, aunque esta afirmación no está en claro si se trata de un título escatológico, como parece desprenderse de su empleo en el Libro de Daniel y otros textos intertestamentarios, o si es un mero circunloquio semítico para hacer referencia a la primera persona del singular. Igualmente, no hay unanimidad entre los estudiosos con respecto a si Jesús se consideró a sí mismo como el Mesías de Israel, como afirman los evangelios canónicos, o si su identificación como tal pertenece a la teología de las primeras comunidades cristianas. Como lo vemos en los sinópticos, y especialmente en el Evangelio de Marcos, donde Jesús admite implícitamente que es el Mesías, pero pide en numerosas ocasiones a sus discípulos que no divulguen el “secreto mesiánico”.
También podemos decir que hay bastante consenso entre los especialistas en cuanto a que la predicación de Jesús no iba dirigida a toda la humanidad, sino que la enfocó en exclusiva al pueblo de Israel. Según Mateo, así lo dijo: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15:24). En líneas generales, la predicación de Jesús se mantuvo en el marco del judaísmo de su época. En algunos aspectos, sin embargo, entró en conflicto con la interpretación que de la ley judía hacían otros grupos religiosos fundamentalmente saduceos y fariseos, sobre todo en dos aspectos: la observancia del sábado y la pureza ritual. Existen discrepancias sobre cómo interpretar estos conflictos: como una controversia ética (prioridad del bien del hombre sobre la letra del precepto, de lo interior sobre lo exterior), como una controversia de autoridad (Jesús tiene un poder recibido de lo alto y lo ejerce) o como una controversia escatológica (se inaugura un nuevo tiempo).
Considerando que la religión es la relación del hombre con Dios, la crítica es prácticamente unánime en considerar que el núcleo de la predicación de Jesús era el anuncio del Reino de Dios. Sin embargo, existen importantes discrepancias a la hora de interpretar qué significa esta expresión en el contexto de la predicación de Jesús. El “Reino de Dios” se anuncia como algo inminente; en este sentido, la predicación de Jesús se inserta en el contexto de la literatura apocalíptica del judaísmo, en la que existe la esperanza de una próxima intervención de Dios en los asuntos humanos. Para entrar en el Reino de Dios que Jesús profetiza, es necesaria una transformación interior (metanoia) que alcanza todos los ámbitos de la existencia humana. Para esto, Jesúsdescribió el Reino de Dios utilizando parábolas, en muchas de las cuales aparece un contraste entre un inicio pequeño e insignificante y un final espléndido (Mt 13,31-34), un padre generoso y unos invitados al banquete ocupados y desagradecidos (Mt 22, 1-14), un rey compasivo y un siervo sin piedad (Mt 18, 21-35), un viñador confiado y unos arrendatarios infieles (Lc 20, 9-19), un sembrador despreocupado y distintos tipos de tierra (Mc 4,1-9).
La Filosofía de Jesús podemos situarla como heredera de las ideas griegas, puesto que, como podemos apreciar, existe mucha similitud entre su actuar y el de su predecesor Sócrates. Siendo así, podemos hacer notar que Jesús predicó de hecho lo mismo que los antiguos filósofos griegos: la renunciación a los placeres carnales, la práctica del bien, y con ello, la posibilidad de encontrarse a sí mismo y desarrollar de alguna forma el espíritu divino. Es decir, Jesús no desarrolló ninguna teoría filosófica sobre el origen del hombre o del mundo, porque compartía las teorías Griegas de origen esotérico, que a su vez ya con antelación compartían otros judíos en la Biblia y que Saulo de Tarso adaptó a los evangelios.
Como ya lo mencionamos, ubicándonos en su tiempo y en su entorno, es muy claro darnos cuenta, que lo que Jesús proclamó no fue en sí una nueva corriente filosófica, ni una religión nueva, ni trató de establecer una nueva iglesia. El papel de Jesús está en esa rama de la filosofía que es la Moral, el comportamiento del hombre sobre esta tierra. Moral misma que al practicarla demostró que el hombre podía elevarse por encima de las demás especies. En la predicación de Jesús, tienen una gran importancia sus enseñanzas éticas. El centro de la ética de Jesús era el amor al prójimo, al desvalido de quien no se puede recibir contraprestación (Lc 14,13) y, muy especialmente, el amor al enemigo como única manera de distinguirse de los paganos que aman solamente a los que les aman a ellos (Mt 5,44-48, Lc 6,27-38). Para algunos autores, la ética que Jesús predicaba tiene un carácter provisional, y se orienta sobre todo a la época de preparación del Reino de Dios. Por ese motivo también, la ética de Jesús enfatiza la renuncia a los bienes materiales. En todo caso, las fuentes coinciden en que no se puede servir a Dios y a las riquezas (Mt 6,24). En concreto la gran enseñanza de Jesús fue el amor, pero no el amor egoísta y posesivo, ni el amor sexual, sino el amor universal, extendido a todas las cosas y a todos los seres. El amor como contrario al odio, a la violencia, al asesinato, a la explotación del hombre por el hombre, a la destrucción de la naturaleza…. un amor que ya olvidaron la mayoría de los cristianos actuales. Porque las mal llamadas iglesias cristianas se han quedado en el aspecto histórico del evangelio, en la exactitud de las citas. En la práctica de los ritos paganos transformados en cristianos; olvidando lo esencial: su esoterismo y su mensaje de amor. El rito y la doctrina han tomado el lugar de la experiencia viviente.
Para concluir es preciso enfatizar que la división más profunda de la historia de la filosofía, la marca el cristianismo. A partir del cristianismo, la situación desde la que el hombre tiene que filosofar cambió radicalmente. La doctrina proclamada por Jesús aún no siendo catalogada como escuela filosófica, ha sido de gran trascendencia, ya que es preciso constatar que ninguno de los sistemas filosóficos que han surgido en la posteridad, han podido ignorar su exégesis cristiana, ya sea para atacarla o para apoyarla, y es por eso que desde ese entonces, la filosofía ha tenido que girar alrededor de esta interpretación mística.
Jesús de Nazaret, dos mil años después, su realidad histórica sigue llena de incógnitas, pero su mensaje firme en la convicción filosófica de los seres pensantes.
Es Cuanto…
