Epicuro de Samos ( 341 a.C. – 271 a.C.)


Pablo Manuel Ramos Vallejo
“El placer es el bien primero.
Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión.
Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma”.
Epicuro de Samos
Epicuro fue un filósofo griego nacido en la isla de Samos, colonia griega, en el año 341 a.C. En el seno de una familia ateniense de bajos recursos económicos. Neocles, su padre, era maestro de escuela y Queréstrates, su madre, adivina. Epicuro, a pesar de haber nacido en la isla de Samos, fue considerado como ciudadano ateniense, pues su padre, había sido uno de los colonos que, partiendo de Atenas, había marchado a esta isla dotado con un lote de tierras. Se cree que a instancias de su padre, Epicuro comienza a interesarse pronto por las cuestiones intelectuales, ya que, al parecer, a los 14 años ya estudiaba filosofía y se había hecho discípulo del académico Xenócrates y del filósofo platónico Pánfilo. Siendo posible así, que bajo esta influencia, Epicuro adopte su postura anti-idealista contra la concepción platónica y sus postulados básicos (la existencia de dos mundos, sensible e inteligible, la existencia de un alma inmortal, etc.).
Al cumplir los 18 años Epicuro viaja a Atenas para realizar su servicio militar. Podemos suponer, que durante esa primera visita a la capital de la filosofía, Epicuro se haya impregnadodel ambiente cultural, pero no tenemos información ostensible al respecto. Tiempo después, cuando Epicuro quiso volver a su hogar, su familia había tenido que trasladarse desde Samos a Colofón, pues los propietarios originales de las tierras que habían sido cedidas a colonos como Neocles, habían vuelto gracias a una amnistía política. En Colofón tuvo Epicuro como maestro a Nausífanes, un filósofo atomista que probablemente ejerció una gran influencia en su razonamiento, aunque Epicuro lo criticó duramente y nunca quiso reconocerse como su discípulo, llegando a afirmar que había sido un “autodidacta”.
Tras diez años de estancia en Colofón, Epicuro se instala en Mitilene, y posteriormente en Lámpsaco, donde abre su primera escuela filosófica. Sin embargo, será hasta el año 306 a.C.cuando Epicuro vuelve a Atenas y se instala definitivamente. Allí comprará una casa y un pequeño terreno para su escuela, tradicionalmente denominada “El jardín”, lugar queprobablemente se tratase de un simple huerto, retirado del bullicio de la ciudad, donde tanto Epicuro como sus más allegados discípulos y amigos podían dedicarse a la reflexión y a la conversación sin ser molestados.
Esta escuela de Epicuro ofrecía un modelo alternativo a la Academia que había fundado Platón y al Liceo de Aristóteles, en las cuales el tipo de educación era de un alto nivel científico,pero no conllevaba necesariamente una actitud moral ante la vida, rasgo predominante de la filosofía epicúrea, así como de prácticamente todas las escuelas helenísticas (estoicos, cínicos, etc.). El jardín se diferenciaba también de otras escuelas al admitir mujeres y esclavos entre los alumnos, algo poco corriente en la época, circunstancia misma, que dio lugar a críticas y comentarios despectivos sobre la escuela de Epicuro, aunado a la mala interpretación además de sus ideas sobre el placer y el hedonismo, se decía que era un lugar para el desenfreno en banquetes y lujos, cuando lo cierto es que la vida de Epicuro fue sencilla, humilde y tranquila, condición que fue un ejemplo fehaciente para sus discípulos, ya que siguiendo ese lineamiento, Epicuro impartió su cátedra en la escuela hasta su fallecimiento en el año 271 a.C. a la edad de 70 años, dejando la dirección de la misma en manos de Hérmaco de Mitilene, quien afirmó que su maestro, después de haber sido atormentado por crueles dolores durante catorce días, sucumbió víctima de una retención de orina causada por el mal de la piedra.
De la doctrina de Epicuro, el Epicureísmo, podemos destacar que es un sistema filosófico cimentado en el Atomismo y en la Filosofía Práctica, donde su base doctrinal más conocida, pero asimismo más discutida, es aquella en la cual constituye al placer como el bien supremo y la meta más importante de la vida, prefiriendo los placeres intelectuales, por encima de los sensuales que tienden a perturbar la paz del espíritu. La verdadera felicidad, según enseñó Epicuro, consiste en la serenidad que resulta del dominio del miedo a los dioses, a la muerte y a la vida futura.
El fin último de toda la especulación epicúrea sobre la naturaleza, es eliminar esos temores. Epicuro proponía la realización de la vida buena y feliz, mediante la administración inteligente de placeres y dolores, la ataraxia y los vínculos de amistad entre sus correligionarios. Este placer no debía limitarse sólo al cuerpo, como preconizaba el hedonismo cirenaico, sino que debía ser también intelectual, ya que el hombre es un todo. Además, para Epicuro la presencia del placer o felicidad era un sinónimo de la ausencia de dolor, o de cualquier tipo de aflicción: el hambre, la tensión sexual y el aburrimiento. Era un equilibrio perfecto entre la mente y el cuerpo que proporcionaba la serenidad. Por lo que, el placer puro, es el bien supremo, el dolor, el mal supremo. Los placeres y sufrimientos son consecuencia de la realización o impedimento de los apetitos. Sobre estos apetitos, Epicuro los distinguía en tres clases:
1. Los naturales y necesarios, como comer y beber, que son fáciles de satisfacer.
2. Los naturales pero no necesarios, como los eróticos: que no son difíciles de dominar y no se necesitan para la felicidad.
3. Los no naturales ni necesarios, como el alcoholismo y la drogadicción; decía que éstos hay que rechazarlos completamente.
Epicuro también distinguía dos tipos de placeres, basados en la segmentación del hombre en dos entes diferentes pero unidos, el cuerpo y el alma:
1. Placeres del cuerpo: aunque considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es la renuncia de estos placeres y la búsqueda de la carencia de apetito y dolor corporal.
2. Placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo: el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es efímero y temporal, mientras que los del alma son más duraderos y además pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.
Pese a que el placer es un bien y el dolor un mal, hay que administrarlos con inteligencia. En ocasiones debemos rechazar placeres a los que les siguen sufrimientos mayores y aceptar dolores cuando se siguen de placeres mayores. La razón representa un papel decisivo en lo que respecta a nuestra felicidad, pues nos permite alcanzar la total imperturbabilidad, es decir la ataraxia, la cual Epicuro compara con un mar en calma cuando ningún viento lo azota y nos da libertad ante las pasiones, los afectos y los apetitos.
La finalidad de la filosofía de Epicuro no era teórica, sino más bien práctica. Buscaba sobre todo procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera, en la que, los temores quedaran definitivamente eliminados. Para ello se fundamentaba tanto en una teoría empiristadel conocimiento, como en una física atomista, al mismo tiempo que en una ética hedonista.
Los epicúreos juzgaban el conocimiento en función de su utilidad para una vida feliz. Para ellos, la búsqueda de la verdad por la verdad misma, o sea, por la pura contemplación, carecía de sentido. Por otro lado, los epicúreos creían que el conocer es percepción sensible, originada en el desprendimiento de los cuerpos de pequeñas imágenes o efluvios que ingresan a nosotros por los sentidos. Los conceptos no son más que un recuerdo del contenido común de diversas representaciones, esto es, una consecuencia de la asociación de las representaciones sensibles.
Los epicúreos afirmaban que el Universo se compone de infinitos elementos últimos indivisibles llamados átomos. Estos sólo se diferencian entre sí por la forma y el peso y se encuentran en un espacio vacío infinito. No habiendo nada fuera de esto, se sostiene como una doctrina nítidamente materialista. Como podemos darnos cuenta, el epicureísmo heredó el sensitivismo y el materialismo que ya tratamos en otro artículo anterior de esta columna Ágoraeditada por Crisol de Ideas, refiriéndonos a Demócrito. Pues Epicuro al igual que éste consideró que el universo era infinito y eterno y que consistía sólo en cuerpos y espacio. De los cuerpos, algunos son compuestos y otros son átomos, o indivisibles elementos estables de los que están formados los compuestos.
El mundo, tal y como es visto por el ojo humano, se nutre de las rotaciones, colisiones y agregaciones de esos átomos, que desde una perspectiva individual sólo poseen forma, tamaño y peso. Los epicúreos creían así mismo, que el número de átomos que conforman el Universo, se mantiene siempre igual y que estos existen desde siempre y para siempre. Que el devenir, no es sino la eterna reagrupación de los átomos, originada en una primera desviación repentina (declinatio) de su trayectoria rectilínea por el espacio vacío e infinito que los llevó a entrechocarse. Quedando esta desviación como un hecho fortuito, ocurrido no se sabe dónde ni cuando, por lo que, la desviación misma y el devenir posterior, carecen propiamente de causa y se deben más bien al azar. No habiendo una causa, tampoco hay un destino, por el contrario, se abre un campo inmenso para la libertad, la cual puede introducir un nuevo orden en las cosas.
En esto podemos observar que para defender la libertad y el placer del temor que genera la creencia en los dioses y en la vida de ultratumba, los epicúreos recurrían a la Teoría Atómicatal como la entendía Demócrito, y esto es, lo que implica una contradicción respecto del concepto de azar que ellos mismos sostenían. El mundo, y lo que en él ocurre, se explica así por los átomos y las leyes que rigen su movimiento, sin necesidad de recurrir a los dioses. Los dioses habitan en su mundo y llevan en él una vida feliz, sin tener siquiera noticia de los hombres. Epicuro no negó la existencia de los dioses, pero mantuvo con fuerza que como “seres felices e imperecederos” podían no tener nada que ver con los asuntos humanos, aunque gozaran contemplando la vida de los buenos mortales. Para Epicuro, la verdadera religión, descansa en una contemplación similar por parte de los humanos, de las vidas ideales de los dioses elevados e invisibles.
El hombre debía rechazar la enseñanza de miedos y supersticiones. No había motivo para temer a los dioses porque estos, si bien existen, no pueden relacionarse con nosotros, ni para ayudar ni para castigar, y por lo tanto, ni su temor, ni su rezo o veneración, posee utilidad práctica. La muerte tampoco puede temerse, porque siendo nada, no puede ser algo para nosotros. El dolor y el mal, se evita fácilmente porque ningún tormento dura demasiado y cuanto más intenso es, resulta menos perdurable.
La psicología epicúrea es materialista en alto grado. Mantiene que las sensaciones son provocadas por un continuo flujo de imágenes abandonadas por los cuerpos e impresionadas en los sentidos. Considera que todas las sensaciones son fiables de una forma absoluta, el error surge cuando la sensación está interpretada de modo impropio. Creyendo que el alma está compuesta de pequeñas partículas distribuidas por todo el cuerpo, Epicuro sostiene que la disolución del cuerpo en la muerte conduce a la disolución del alma, ya que esta no puede existir fuera del cuerpo; y por ello no hay vida futura posible. Dado que la muerte significa la extinción total, no tiene sentido ni para los vivos ni para los muertos, porque “cuando somos, la muerte no es, y cuando estamos muertos, no somos”.
En el terreno de la Ética, los epicúreos sostenían que lo moralmente bueno es el placer, concepción heredada de Arístipo. Nada tiene que ver con la conformidad a un orden de ideas o a un orden natural de las cosas. Del mismo modo, se denomina “malo” a lo que nos acarrea dolor. “El placer es el principio y el fin de la vida feliz”. Los epicúreos entendían el placer de un modo sutil, alejado del sensualismo y el desenfreno. Y siendo el placer la ausencia de dolor al mismo tiempo que la paz del espíritu, el mismo debe buscarse en el reposo. Por esto, el hombre no debe entregarse ciegamente a los placeres que se le ofrecen, sino que debe utilizar la razón para evaluar si ese placer momentáneo no le acarreará luego un dolor mayor. En concreto, afirman que sin practicar la razón y la prudencia, no se puede tener una vida feliz. Por ello mismo, las virtudes cardinales del sistema de ética epicúrea son la justicia, la honestidad y la prudencia, o mejor dicho: el equilibrio entre el placer y el sufrimiento.
Epicuro prefería la amistad al amor, por ser aquella menos intranquilizadora que este. Su hedonismo personal mostró que sólo a través del dominio de sí mismo, la moderación y el desapego, puede uno alcanzar el tipo de tranquilidad que constituye la felicidad verdadera. A pesar de su materialismo, Epicuro creía en la libertad de la voluntad. Sugirió que incluso los átomos son libres y se mueven de cuando en cuando con total espontaneidad; este juicio se asemeja al principio de incertidumbre de la mecánica cuántica.
En el terreno biológico, Epicuro anticipó la doctrina moderna de la selección natural. Afirmó que las fuerzas naturales dan origen a organismos de diferentes clases y que sólo las especies capaces de superarse y reproducirse a sí mismas, han sobrevivido y sobrevivirán.
Por todo esto, podemos afirmar que las enseñanzas de Epicuro fueron establecidas con tanta firmeza y veneradas de tal modo por sus seguidores, que sus doctrinas, a diferencia de las del estoicismo, su principal rival filosófico, permanecieron intactas como una tradición viva. Sin embargo, es bueno reconocer que el epicureísmo en parte, cayó en descrédito, debido a la confusión que aún persiste, entre sus principios y los del hedonismo sensual proclamado con anterioridad por los cirenaicos. A pesar de todo, la filosofía epicúrea tuvo muchos discípulos distinguidos, como son: Metrodoro de Lámpsaco, Zenón de Sidón y Fedro, entre los griegos el gramático Apolodoro y entre los romanos el poeta Horacio, el estadista Plinio el Joven y sobre todo el poeta Lucrecio Caro. Influyó al paso del tiempo en Hermarco, Filodemo, Adriano, Amafanio y Cacio, Thomas Hobbes, Jeremy Bentham, J. S. Mill, Thomas Jefferson, Friedrich Nietzsche, Sam Harris, Michel Onfray y Karl Marx,
Epicuro fue un autor prolífico, a su muerte dejó 300 manuscritos, incluyendo 37 tratados sobre física y numerosas obras sobre el amor, la justicia, los dioses y otros temas. De sus escritos, sólo se han conservado tres cartas y algunos fragmentos breves. Las principales fuentes sobre la doctrina de Epicuro, son las obras de los escritores romanos Cicerón, Séneca, Plutarco y sobre todo Lucrecio Caro, cuyo poema De rerum natura describe el epicureísmo en detalle.
Para culminar diremos que: tras la muerte de Epicuro, su escuela de pensamiento perduró aún siete siglos; pero después, fue casi relegada al olvido al advenir la Edad Media, periodo en el que se perdió o fue destruida la mayoría de los escritos de este filósofo griego, a causa del rechazo que por sus ideas experimentó la iglesia católica, ya que no pudo adaptarlas a su sistema de creencias, debido a la visión cristiana del dolor. Reactivada esta Doctrina nuevamente en el siglo XVII por el filósofo francés Pierre Gassendi, es que el epicureísmo ha cautivado de nuevo a numerosos seguidores, considerando así, ser una de las escuelas de filosofía y ética más influyentes de todos los tiempos.
Es Cuanto…
