El derecho a la igualdad

 El derecho a la igualdad

Samuel Maldonado Bautista

Aparentemente es un tema sencillo, pero en la profundidad de su significado, éste contempla una historia muy compleja, que empieza en el origen de la creación misma y pasa por las satrapías cometidas por el propio hombre que ha abierto la posibilidad de organizarse, de descubrir por si mismo mecanismos diversos a efecto de poder gobernarse,  lo que ha provocado un enorme listado de normas o leyes, que son imperativas pues buscan con su aplicación, encontrar el mejor ambiente, uno armónico, propicio para que a su vez le permita el convivir en el respeto y la igualdad en la sociedad en que se desenvuelve en diferentes jerarquías.

Comenzaría por indicar que el hombre nace igual a todos y consecuentemente con los mismos derechos; sin embargo, en su intento de gobernarse comete desmanes de lesa humanidad, como lo realizados por los virreyes, gobernadores o sátrapas (en el antiguo imperio Persa), y que, hoy, a quien abusa del poder y comete fechorías se les conoce comúnmente como sátrapa o a esta acción innoble, como satrapía.

En la época del rey Ciro (530 a.C.) los sátrapas ejercían el poder judicial y administrativo, cobraban impuestos, se encargaban del orden público, además de reclutar y mantener sus ejércitos, que como todos, con frecuencia se excedían, y lo repiten,  en sus funciones, violando constantemente la libertad y la igualdad o los derechos o atributos naturales del mismo hombre.

Pero por más impulsos que el mismo género humano ha realizado, no se crea que estas violaciones hayan sido superadas, no obstante el cúmulo de leyes existentes, las que una vez son burladas y otras también,  precisamente por quienes tienen la facultad de aplicarlas; así con esas mismas leyes, vulneran la igualdad y el justo equilibrio cuando de aplicar las normas se trata.

Por eso y  por muchas razones más, en los últimos meses hacen su aparición diferentes defensores de la igualdad humana. Un caso curioso y de reciente aparición,  es la de una mujer  que se autodenomina con el sobre nombre de Ministra de la Igualdad, debido a su empeño en que se reconozca el derecho indiscutible del género femenino a ser diferentes en sus gustos amorosos. Viene luchando por la eliminación de la discriminación que el hombre hace de este género humano.

En América Latina y en otras muchas partes persiste la discriminación contra las mujeres en las propias leyes, como lo ha denunciado el Informe de la CIDH sobre el Status de la Mujer en las Américas. Todavía persisten códigos penales que tipifican los delitos sexuales como delitos contra la honra, pero que exculpan al violador si éste se casa con su víctima.

En su lucha contra la discriminación que sufren por el efecto del machismo mediático, La Ministra de la Igualdad impulsa la figura legal de “La ley de la igualdad”, con el objetivo de que se castiguen los acosos homófobos y que son responsables de uno de cada tres suicidios que ocurre en la filas de la femme.

La desigualdad que viven se hace más manifiesta cuando ejercen la prostitución o cuando por el adulterio, aún cuando el hombre sea el que lo comete, a la mujer es a quien se castiga. La desigualdad de sus derechos se observa también cuando sus preferencias sexuales suelen ser fuera de lo que los y las mojigangas consideran como normales.

Por su peso filosófico, las palabras de  Igualdad y Fraternidad han sido herencia generacional pero no por ello han dejado de ser cuestionadas v.g. desde la Revolución Francesa (diciembre de 1790) y que han terminado por estar consignadas en casi todas las constituciones de los estados modernos, y consagrada en la Declaración Americana de los derechos del hombre.

El derecho pues, a la igualdad ante la Ley, es un derecho natural que prohíbe al  humano toda discriminación por razones de género, raza, color o posición social Desde siempre, el Derecho a la Igualdad ante la ley, presupone una nivelación social. Con ésta se busca eliminar cualquier posibilidad de discriminación para que, en cualquier tribunal, las determinaciones de los jueces se basen en los hechos y no en las riquezas o en las dadivas que pueda otorgar cualquiera de los que intervengan en los juicios.

Recordemos como en Los Espantados Unidos de América los asesinatos y arbitrariedades cometidas en contra de la gente de color era una pesadilla para los afro americanos y cómo, en la actualidad, los que tiene la desgracia de abandonar sus países buscando mejores horizontes, se ven rechazados por los países imperialistas saqueadores de las riquezas de nuestros propios pueblos.

En casi todos los países del mundo existen legislaciones al respecto y muy similares todas, pero en la práctica distan mucho de cumplirse.

Isauro Gutierrez

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