El celibato

 El celibato

José Antonio Lemus Mejía

 

Desde tiempos muy remotos, el catolicismo ha prohibido el matrimonio en sus filas de ministros de la iglesia, pesos a ello, en las ceremonias de esta índole hacen mención a las bodas de Caná, en la que según el Evangelio respectivo, el maestro Jesús asistió en calidad de invitado, al igual que su madre María; pero al parecer de algunos investigadores sobre temas bíblicos, el maestro Jesús fue el anfitrión de esta boda, ya que fue la ceremonia de su propio matrimonio, lo que es lógico, puesto que, al decir del Evangelio, no es posible que como invitado se le haya confiado el problema de la falta de vino, ni a él ni a su señora madre. Los ministros católicos mantienen el celibato.

Lo cierto es que la primera organización que propuso esta regla del celibato se originó entre los siglos IV y V de nuestra era, a través de una secta que apareció al norte de África y que se hizo llamar como los “Abelitas”, en memoria de Abel, los que condenaban el matrimonio porque propagaba el pecado original.

Esta secta sólo tuvo vigencia muy poco tiempo, pero después del siglo IX se volvió a organizar otra secta que prohíbe el sexo en el oriente de Asia; según San Agustín, los “Abelitas”  fueron una secta cristiana que creía que entre Adán y Eva sólo había existido una unión sentimental, fundada en el ejemplo de Abel, de quien tomaron su nombre, mismo que a pesar de ser casado, nunca tuvo hijos pues, según ellos, nunca tuvo tampoco relaciones sexuales con su mujer.

Es decir, la mujer solamente sirve de compañía al hombre para que no esté solo, pero no deben existir relaciones sexuales para mantenerse en el más estricto celibato. Estaban obligados a adoptar a dos hijos, un niño y una niña para heredar sus bienes; estos niños debían seguir las reglas de esta secta para propagarla y mantenerla viva.

En la actualidad, dentro de la filosofía de algunas sectas de oriente, se continúa practicando el celibato, ya que piensan que la reproducción de todo lo que existe en la naturaleza es producto de la creación universal y solamente Dios es el que crea al verdadero hombre; el ser humano no está capacitado ara la creación; las plantas y los animales lo hacen en base a un sistema natural de reproducción, mientras que el ser humano sólo lo hace para satisfacer el deseo sexual.

Isauro Gutierrez

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