Crónicas de un grito XI

Cuauhtémoc López Sánchez
En Michoacán no faltaban los disgustos y enfrentamientos. Ramón López Rayón, habiendo decidido no participar en la batalla de Puruarán, se dirigió a Jungapeo con los pocos seguidores que le quedaron, porque muchos se incorporaron a las fuerzas de Muñiz, que disgustado por el nombramiento de José María Cos como encargado de Michoacán, empezó a actuar por su cuenta.
Distanciado también de Osorno, la intención de Ignacio López Rayón era regresar a Michoacán para reunirse con sus hermanos que se estaban fortificando en el cerro de Cóporo, cerca de Jungapeo, pero entretanto, el cerco sobre él se estaba cerrando. La columna de realistas al mando de Águila lo atacó el 25 de septiembre en Zacatlán, derrotándolo y a punto de ser detenido alcanzó a escapar, en compañía de Carlos Bustamante y su esposa. Los insurgentes perdieron artillería y municiones fabricados por Alconedo, quien fue hecho prisionero y fusilado junto con el padre Crespo. Contento Osorno por los sucesos contra López Rayón, retomó a Zacatlán.
López Rayón llegó a Tomatlán y siguió a San Andrés, donde recibió la ayuda de Arroyo y acordaron que Bustamante se dirigiera a Nautla para embarcarse a Estados Unidos, mientras que él se dirigiría a Cóporo, a donde llegó acompañado por un grupo pequeño, después de cabalgar día y noche durante tres días.
Bustamante y su esposa, tratando de llegar a la costa, fueron atacados en Chiquimula el 14 de noviembre por el insurgente Nicolás Anzures, quien le quitó el dinero y habiéndose identificado, los dejó seguir a Huatusco, pero antes de llegar, Anzures volvió a atacarlos y los trasladó a Huatusco, donde les fueron devueltas sus pertenencias. Como el pueblo estaba bajo el mando de Rosáins, de Huatusco fue llevado por órdenes de José Ignacio Couto a Tehuacán. Al pasar por Coscomatepec, otra vez fue atacado por una partida de Anzures y aclarada la situación pudo llegar a Tuxpango, donde fue denunciado al comandante Longoria en Orizaba. Longoria era parte del batallón “Asturias” que había sido hecho prisionero en El Palmar por Bravo y trasladado a Chilpancingo, donde Bustamante lo había tratado con caballerosidad. Ese detalle no fue olvidado por Longoria, quien decidió no realizar ninguna acción contra él. Bustamante, escoltado por Bernardo Portas, fue conducido a Tehuacán, en espera de Rosáins.
Por otra parte, el Congreso, que había llegado a fines de junio a Uruapan, permaneció ahí tres meses, porque se enteraron que los realistas al mando de José Antonio Andrade y del brigadier Negrete se acercaban por Los Reyes y Peribán, y determinaron dirigirse a Taretan a donde llegaron en julio, para luego trasladarse a Apatzingán a principios de octubre, con Morelos como escolta.
El Congreso se mantenía activo. En todas las poblaciones a las que llegaron y tuvieron oportunidad de trabajar se reunían para deliberar, acordar e ir dando forma a la Constitución y encargó a José Sotero Castañeda, Manuel Alderete y Soria, José María Ponce de León, Cornelio Ortiz de Zárate, José Manuel de Herrera y Andrés Quintana Roo, la redacción del “Decreto constitucional para la libertad de la América mexicana”, conocida como Constitución de Apatzingán.
Para proclamar el Decreto Constitucional, los congresistas, enterados que en todas partes el virrey contaba con espías, difundieron desde Ario el rumor de que Pátzcuaro sería el lugar donde se reunirían para darlo a conocer y en secreto se dirigieron a Apatzingán. Desde ahí, en asamblea solemne durante la que tomaron protesta los integrantes del Congreso, el 22 de octubre de 1814 proclamaron el “Decreto constitucional para la libertad de la América mexicana”, con 242 artículos repartidos en 28 capítulos, sobresaliendo la intolerancia religiosa, el reconocimiento de la soberanía popular, el voto universal, la igualdad entre todos los nacidos en Nueva España, la división de poderes en legislativo, (Supremo Congreso), ejecutivo, (Supremo Gobierno) y judicial, (Supremo Tribunal de Justicia), el establecimiento del régimen republicano y el reconocimiento de la necesidad de la instrucción para todos
Firmaron el Decreto, José María Liceaga, José Sixto Verduzco, José Manuel Herrera, José María Cos, José Sotero Castañeda, Cornelio Ortiz de Zárate, Manuel Alderete y Soria, Antonio José Moctezuma, José María Ponce de León, Francisco de Argandar y José Ma. Morelos.
Hubo grandes festejos en Apatzingán y a finales de octubre se instaló en Ario el Supremo Tribunal de Justicia, para dar cumplimiento al Decreto y se empezaron a repartir ejemplares en los territorios insurgentes.
A fines de 1814, Juan Pablo Anaya fue comisionado para sondear las intenciones de Estados Unidos con respecto de la lucha de independencia de Nueva España y se trasladó a Washington, mientras que las diferencias entre los insurgentes se recrudecieron. Liceaga no estuvo de acuerdo en salir de Michoacán y desde Taretan, Cos se opuso al Congreso y el 30 de agosto de 1815 lo publicó en un manifiesto, por lo cual fue acusado de traición. El Congreso comisionó a Morelos para detenerlo y así lo hizo, trasladándose hasta Zacapu, en donde Cos se entregó sin resistencia y llevado a Uruapan fue perdonado, pero se le sentenció a cadena perpetua y encerrado en los calabozos de Atijo, pueblo enclavado en medio de la sierra de Coahuayutla. José María Morelos y Pavón y José María Cos y Pérez habían recibido de manos de fray Juan de San Miguel, el subdiaconado el mismo día 19 de diciembre de 1795 en Valladolid.
Mientras se sospechaba que Rosáins y Quintana Roo tenían acercamientos al virrey para obtener el indulto, en Tehuacán, Rosáins se esforzaba por reconciliar a los líderes Guerrero y Sesmas, cuyas partidas se atacaban mutuamente, pero sus propios desacuerdos con López Rayón y Bustamante se lo impedía. Guerrero se estableció en Papalotla, rechazando la autoridad de Rosáins y ahí fue atacado por el realista José de la Peña. Guerrero lo derrotó sin armas, porque sus seguidores solamente estaban armados con garrotes, así que se hizo de armas y municiones, se fortificó en Olomatlán, donde sus tropas enfermaron de viruela.
Rosáins insistió en reunirse con Guerrero para atacar Huajuapan y Guerrero se negó. Molesto Rosáins, se unió a Sesmas y lo sitiaron en Tlamajalcingo y no tuvo más remedio que acordar la reconciliación, reconociendo a Rosáins como jefe de los ejércitos del sur. Rosáins le concedió a Guerrero el grado de coronel y se retiró a Coyotepec, donde lo esperaba el realista Arroyo para atacarlo, pero Sesma se enteró y envió refuerzos con Mier y Terán, haciendo que Arroyo se retirara y permitiendo que Rosáins llegara a Tehuacán el 29 de noviembre, donde lo esperaba Bustamante, a quien dejó en libertad. En diciembre 21 de 1814, Arroyave que insistía en que Rosáins y López Rayón se presentaran para aclarar sus diferencias, fue hecho prisionero y fusilado en Cerro Colorado por órdenes de Rosáins y el líder indígena Olarte, atacaba y asesinaba a Mariano Rincón, que luchaba al lado de Rosáins.
Libre Bustamante, se dirigió a Acatlán y luego a Nautla, pero el sitio ya estaba en poder de los realistas y al llegar a Jamapa, solicitó el indulto. Fue trasladado a Veracruz, donde se le recluyó en San Juan de Ulúa, pero sus amigos lograron que se embarcara en un bergantín inglés y fue descubierto, hecho prisionero por Ramón Gil, regresándolo a Ulúa, hasta que el 2 de febrero de 1819, fue puesto en libertad por Liñán, cuando éste se hizo cargo de la provincia de Veracruz.
Calleja, informado de los movimientos del Congreso, planeó terminar con ellos y expuso a Llano, Concha e Iturbide, la estrategia a seguir. En noviembre, Llano y Concha se dirigieron a Zitácuaro para atacar en Cóporo a los López Rayón y a Benedicto López, pero en las lomas de Los Mogotes, fueron derrotados por los insurgentes. Iturbide, que cerraba el cerco por el occidente de Michoacán, el 2 de noviembre atacó en Puruándiro a Villalongín, quien murió en la batalla, Iturbide se dirigió después a La Piedad, donde derrotó a las fuerzas de Navarrete y continuó hacia Cuerámaro, en donde en unión de Negrete, vencieron al contingente del padre Torres, que se dispersó, pero aprehendió y fusiló a Sáenz en Corralejo el 12 de diciembre. Iturbide se vanagloriaba con Calleja de haber fusilado a más de 800 insurgentes en dos meses.
Llegaba 1815 sin buenos augurios para el movimiento insurgente, por las divisiones que se profundizaban cada vez más y en Puebla, el 22 de enero el realista Márquez Donallo derrotó a Rosáins en Zoltepec, dispersándolo y perdiendo su artillería, se reagrupó con Mier y Terán y Sesma e incendiaron San Andrés por haber ayudado a los realistas. Rosáins empezó a actuar con tal crueldad, que castigaba los más mínimos errores y Guadalupe Victoria decidió ignorarlo. Resentido, en julio marchó con Mier y Terán desde Tehuacán hacia Huatusco para someter a quienes se le oponían, pero cuando llegó, las fuerzas simpatizantes de López Rayón, Guerrero y Victoria habían abandonado el pueblo y prosiguió hacia Coscomatepec, donde se les enfrentaron Juan José del Corral y Montiel. Rosáins y Terán fueron derrotados y apenas lograron salvarse, regresando a Tehuacán.
Pero Rosáins envió a Terán a parlamentar con Corral, Montiel y Luna, quienes dominaban la región de Maltrata. Mier y Terán no solo parlamentó, sino que se unió a ellos y regresó a Tehuacán el 20 de agosto, apresó a Rosáins y lo trasladó en compañía de Luna, hasta Huatusco, donde coincidió con la llegada de José Manuel de Herrera quien iba en tránsito hacia Estados Unidos como representante de la América mexicana. Herrera no intercedió por Rosáins, determinándose que fuera trasladado a Ixtapa para entregarlo a Osorno. En el trayecto, Rosáins logró escapar y se refugió en Ixtapaluca, desde donde escribió al arzobispo Pedro Fonte, solicitando el indulto que le fue concedido el 14 de octubre. Ya en México, dio informes de nombres, movimientos, sitios, armas y efectivos que tenían los insurgentes.
Con la información proporcionada por Rosáins, el virrey comisionó a Melchor Álvarez para que atacara Tehuacán y en Teotitlán, el 10 de octubre enfrentó a Joaquín Mier y Terán, quien auxiliado por su hermano, lo derrotaron, obteniendo armamento y obligándolo a retirarse hasta Yanhuitlán, con fuerte disgusto para Calleja, quien le ordenó ponerse al mando de Moreno Daoiz en Oaxaca.
Calleja recibió la Constitución de Apatzingán y temiendo que ésta fuera un motivo de unión entre criollos, mestizos e indígenas de la Nueva España, el 24 de mayo emitió el bando real donde se ordenaba decomisar y quemar en las plazas públicas los ejemplares del Decreto constitucional y quien lo tuviera y no lo entregara en un plazo de tres días, sería condenado a muerte.
En Michoacán, Ignacio López Rayón ya se encontraba en el cerro de Cóporo y su hermano Ramón le cedió el mando. Para atacarlo, el virrey comisionó a Llano e Iturbide, quienes se desplazaron el 16 de enero desde Acámbaro por Irimbo, Tuxpan y Jungapeo, el 26 de enero iniciaron el sitio, pero después de un mes, los resultados fueron adversos. Desesperados, planearon un ataque suicida que encabezaría Iturbide con 500 hombres seleccionados, con Vicente Filisola, José Pérez, Pío María Ruiz y Francisco Falla y el 4 de marzo se dio el asalto.
Iturbide motivó a sus soldados, falsificando una carta de López Rayón asegurando que se iba a rendir simulando dispar. La derrota realista fue contundente y Llano decidió retirarse a Maravatío con grandes pérdidas, aunque solamente reportó 27 muertos, lo más seguro es que sus bajas hayan ascendido a más de doscientos. Molesto el virrey, comisionó a Matías de Aguirre para que acosara permanentemente las inmediaciones de Cóporo para no permitir libertades a los insurgentes, mientras los hermanos López Rayón, Ignacio, Ramón y Francisco, se animaron a atacar Jilotepec, pero fueron derrotados el 12 de mayo por Ordóñez y tuvieron que reagruparse en Cóporo.
Por su parte Iturbide culpó de la derrota a la naturaleza, que había dotado al cerro de Cóporo de una situación inexpugnable y regresó apresuradamente a Acámbaro al enterarse que el padre Torres merodeaba esa región y al no encontrarlo, empezó a planear su ataque al Congreso. Consultó con el virrey sus planes, entre los que le solicitaba no informar nada a su jefe Llano. Calleja estuvo de acuerdo y el 1 de mayo empezó a distribuir a su ejército por distintas poblaciones para no despertar sospechas.
A Rivas lo mandó por Yuriria, a Orrantia por Puruándiro y varias partidas por separado. Él salió rumbo a Puruándiro y después de fusilar a más de 80 simpatizantes de la insurgencia, fue para Ario, en donde debían reunirse el 5 de mayo y aunque llegaron en la fecha establecida, solo lo hicieron para enterarse que el Congreso se había retirado a Uruapan. Iturbide decidió acampar en Pátzcuaro y mientras esperaba a Orrantia, fusiló a todos los acusados de simpatizar con los insurgentes, incluyendo a Bernardo Abarca, después de prometer a su esposa que lo perdonaría.
Pero Iturbide ya no tuvo que obedecer a Llano, quien fue nombrado intendente en Puebla, así que el virrey ascendió a Iturbide a jefe del ejército del norte y como su segundo en el mando y encargado de Guanajuato al coronel Orrantia. El 1 de septiembre, Iturbide recibió su nombramiento con instrucciones de acosar Cóporo y no permitir la expansión revolucionaria desde Zacapu.
El Congreso de Anáhuac permaneció en Apatzingán más de un año, moviéndose a Ario, Puruarán y Uruapan. En Puruarán sesionaron entre el 27 de junio y el 15 de julio, acordando establecer relaciones con Estados Unidos, nombrando para ello a José Manuel de Herrera y se prepararon para seguir huyendo.
