BUTÁN

 BUTÁN

La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes.

José Martí

 

Bután es un Reino situado en el sur de Asia Central, al este del Himalaya, limita con la región autónoma del Tíbet, China e India. Tiene 47.000 kilómetros cuadrados de superficie.

Bután es un país casi enteramente montañoso. Las cordilleras del Himalaya se elevan abruptamente desde la llanura. El clima varía del subtropical al templado, de inviernos fríos y veranos cálidos. Más de dos tercios del país están cubiertos de bosques. La fauna salvaje es variada. Los recursos minerales conocidos son cobre, yeso, mineral de hierro, caliza, plomo, carbón y dolomita. Su explotación comercial es mínima.

Bután, que significa “Tierra del Dragón de Trueno”, toma su nombre de las violentas tormentas que truenan desde el Himalaya.

La erosión del suelo es un importante problema en Bután, así como la baja disponibilidad de agua potable e instalaciones sanitarias. Sin embargo, la conservación del entorno forma parte de la política gubernamental y de la tradición popular.

La población total es de más de dos millones de habitantes. La capital y ciudad más grande es Thimbu con alrededor de 50,000 habitantes. La religión oficial es una forma lamaística de budismo Mahayana. Los monasterios abundan.

Aunque todos los niños tienen derecho a 11 años de educación primaria y secundaria, pocos van a la escuela. Sólo el 47,3% de la población está alfabetizada.

Bután es una monarquía constitucional. El rey, es aconsejado por un Consejo Real de Asesores, a cuyos miembros designa. En teoría, el poder legislativo lo desempeña una asamblea nacional, del que una parte de sus miembros son elegidos por el pueblo; el resto son nombrados por el rey o elegidos de forma indirecta.

La economía de Bután es prácticamente en su totalidad agrícola. El ganado de cría lo forman vacas, yaks y ovejas. Existe poca industria ligera.

El turismo se abrió a partir de 1974 y supuso la mayor fuente de divisas. No existen ferrocarriles, pero hay más de 4,000 km. de carreteras que unen muchas partes del país. También hay vuelos regulares que enlazan Bután con India, Bangladesh, Nepal y Tailandia. Disponen de sistemas internacionales de telecomunicaciones por onda corta y satélite.

Este Reino como nos damos cuenta podríamos catalogarlo de pobre, y efectivamente visto desde el punto de vista económico es muy pobre de acuerdo con su  PIB ocupa el lugar 162 en el mundo, comparativamente con México que ocupa según estadísticas el 14º lugar mundial.

A 3,100 metros de altura del Valle de Paro, colgado de un peñasco, yace uno de los monasterios más sagrados para los butaneses: El Nido del Tigre (Taktshang Goemba).

Cuenta la leyenda que Gurú Rinpoche, la segunda reencarnación de Buda, voló en los lomos de una gran tigresa a una cueva en las montañas en donde meditó por tres meses. Posteriormente, en el siglo XVII, ante la insistencia de los hombres, unas hadas cortaron sus cabellos y los lanzaron al peñasco para que, convertidos en andamios, permitieran a los butaneses construir un monasterio en el sitio.

Pero no son los dragones, ni las tigresas voladoras, ni las hadas, ni las serpientes que cuidan de la tierra y la salud de los habitantes, ni los gallos que cuidan los monjes en los patios centrales de los monasterios lo que ha puesto a Bután en el mapa. “El último Shangai-La” ocupa los titulares mundiales al ser el primer país que prohibió la venta del tabaco, pero más sobresaliente aún resulta el desarrollo del programa cuya finalidad no es acrecentar el Producto Interno Bruto ( PIB ) sino, promover la Felicidad Interna Bruta ( FIB ).

Dicha filosofía sostiene que la finalidad última del desarrollo, es maximizar la felicidad de las personas. Para ello, toma en cuenta la búsqueda equilibrada de la satisfacción de las necesidades espirituales y emocionales en vez de solamente compensar las materiales.

La promoción de la Felicidad Interna Bruta está fundamentada en cuatro pilares: independencia económica, preservación ambiental, promoción cultural y gobernabilidad. Estas metas están estrechamente vinculadas entre sí, son complementarias y consistentes con los valores, costumbres y espiritualidad nacionales.

Bután es el único país en el mundo que mide la felicidad de sus habitantes y además promueve un desarrollo integral y generalizado que permite que, a pesar de ser un Estado relativamente pobre, no se expongan los rasgos de miseria que pueden ser observados en otros países en vías de desarrollo.

En la esfera política 2008 es un año que marcará definitivamente el devenir del Estado butanés. El país vive una importante transición que dejará atrás la monarquía casi absoluta, por un sistema parlamentario fundamentado en una constitución. Bután encarael reto de una democracia que promete no dejar olvidado el crecimiento de la Felicidad Interna Bruta.

Bután poco a poco se va globalizando; en 1999 el rey levantó la prohibición de la televisión y el Internet. El rey advirtió que es un gran paso hacia la modernización, pero que definitivamente la televisión –aunque propicia la felicidad– también es un factor que puede contribuir a la agresión de los valores butaneses.

Yo me pregunto, si es la pobreza la que hace resaltar los valores o la riqueza es la que los sepulta. Razonando a fondo me respondo, ni una ni otra cosa, porque nosotros somos pobres y los valores no resaltan, por otro lado, ricos tampoco somos. Por lo tanto, la felicidad no estriba sólo en poseer los bienes materiales, la felicidad es parte de la instrucción y convicción espiritual de un individuo, de un pueblo, de una nación.

Ya lo mencionó hace casi dos milenios Juan de Zebedeo conocido como San Juan Evangelista:

“El sentido de la moralidad humana es encontrar los valores supremos que evocan la fe en sus ideales, la confianza y la seguridad, solo entonces se es capaz de contrastarlos con los valores relativos del pensamiento. Y, continúa: Ningún sistema social, ni ahora ni en el futuro, podrá ser duradero, a menos que se sustente en una moralidad basada en esas grandes realidades espirituales. Todos los Reinos, Imperios, sistemas sociales, políticos y económicos, caen, porque ninguno ha descubierto que la mayor felicidad de sus súbditos no reside sólo en el poder, en la salud o en el bienestar material, sino en saber llenar la permanente insatisfacción espiritual del alma “.

Para concluir, considero que en la sociedad que nos desarrollamos estamos ante una utopía, muy lejos de aspirar a formar parte de una sociedad feliz, mientras sigamos carentes de las necesidades básicas de subsistencia, negadas por la incompetencia y el egoísmo de nuestros gobernantes, con el alma enferma de revanchismo a nuestras derrotas y males preconcebidos, pero sobre todo, viviendo en el engaño y la corrupción, sometidos bajo dogmas fanáticos carentes de principios y desprovistos de ética.

El ejemplo anterior de lo que es hoy Bután y de lo que pretende ser, es una realidad, difícil para nosotros, ya no de alcanzar, sino de idealizar. Desde luego que sus condiciones y circunstancias son muy diferentes a las nuestras.

Por nuestra parte, la partidocracia se ha apoderado del control de nuestro país, el sistema neoliberal implantado desde hace treinta años es netamente materialista, este sistema está diseñado para lograr objetivos económicos de tipo feudal, acaparando la riqueza material unos cuantos, sistema por demás carente de estructurar programas sociales, ya que sus actores no son capaces siquiera de brindar paz y seguridad al pueblo, mucho menos darán atención a las primordiales necesidades éticas y de educación de cada familia en particular.

Crecer bajo un equilibrio económico y moral  individualmente razonado y legando honestamente a nuestro prójimo lo mejor de nuestras experiencias, sólo así, imagino, podríamos aspirar a lo largo del tiempo, crear un nuevo horizonte de bienestar y  felicidad colectiva a las futuras generaciones. Es Cuanto.

Fuentes de Consulta :

“Buscando la Felicidad”. Conceptos Sep. 2007. Ma. Dolores Hernández.

es.wikipedia.org/wiki/Bután

– “El Testamento de San Juan”. J.J. Benítez, 1988. Editorial Planeta, SA. 1999. Barcelona ISBN : 84-395-8268-4

 

 

Isauro Gutierrez

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