Pablo Manuel Ramos Vallejo

Fuera de la Iglesia no hay salvación”.

Agustín de Hipona

Aurelio Agustín, más conocido como Agustín de Hipona o San Agustín. Nació en el año 354 d.C. en Tagaste, pequeña ciudad de Numidia, país al que los romanos dieron en un principio este nombre, y se extendía desde los límites del territorio de Cartago hasta el río Malva, en el norte de África; en esa época en poder de Roma y que actualmente corresponde a Argelia. Su padrellamado Patricio, era funcionario civil y si bien no poseía rentas y no era rico, su familia tenía educación y podían vivir cómodamente. Su madre, Mónica, es puesta por la Iglesia como ejemplo de mujer cristiana. Siendo hijo de padre pagano y madre cristiana, Agustín fue educado por ésta en el cristianismo, aunque pronto abandonó su práctica.

Durante sus años de estudiante en Cartago, dotado de una gran imaginación y de una extraordinaria inteligencia, Agustín mostró un gran interés hacia la gramática y la literatura.Poseedor también de una gran elocuencia, desarrolló una irresistible atracción hacia el teatro. Al mismo tiempo, gustaba en gran medida de recibir halagos, que encontró fácilmente, en aquellos primeros años de su juventud. Allí mismo en Cartago, se destacó por su genio retórico sobresaliendo en concursos poéticos y certámenes públicos. En esta etapa de su vida, Agustín se dejaba llevar ciegamente por las pasiones humanas y mundanas. Siguiendo abiertamente los impulsos de su espíritu sensual y mujeriego, conoce a una mujer con la que mantendrá una relación estable de catorce años y con la cual tendrá un hijo: Adeodato.

Tras una vida disipada en Cartago, de la cual posteriormente, él mismo hace una crítica muy dura y amarga en sus Confesiones. Agustín no abandonó sus estudios de filosofía. Poseedor de una personalidad compleja que durante gran parte de su existencia fluctuó entre el ferviente deseo de encontrar a Dios y el cuestionamiento constante que lo obligaba a profundizar su propia fe. Agustín deseaba entender al Cristianismo desde la razón y se dedicó a investigar el Antiguo Testamento, lectura que en ese entonces lo decepcionó. Sin embargo, la lectura de Hortencius deCicerón despertó en su mente, el espíritu de especulación que le llevó a profundizar, en el estudio de la filosofía y en la búsqueda de la verdad. Su constante búsqueda y su cuestionamiento sobre la naturaleza del mal para explicarse su propia dualidad, lo llevó a ingresar en la secta de los maniqueos, misma que defendió durante unos diez años. Se trataba de seguidores del profeta Mani o Manes, que reunía creencias cristianas con otras doctrinas como la de Zoroastro de Persia y la de Buda en Asia. Los maniqueos explicaban la creación en forma dualista y entendían al hombre como expresión del conflicto entre dos fuerzas antagónicas, el bien y el mal, creados respectivamente por la luz y las tinieblas. Su encuentro con Fausto, un sabio maniqueo de gran prestigio, no logró despejar sus dudas y lo desilusionó con respuestas vagas y una visión más mágica que racional de la creación. Ante tal decepción, se convenció de la imposibilidad de llegar a alcanzar la plena verdad. Sus dudas dieron como resultado un escepticismo filosófico, del que se libró mediante la lectura de los neoplatónicos, en especial de Plotino, personaje éste, que seguiría influyendo en su pensamiento posterior. Plotino, como lo mencionamos en el anterior artículo de esta columna, fue un judío copto,filósofo y escritor romano, que de sus lecturas, Agustín extrajo entre variados razonamientos, la definición del mal como ausencia del bien, la teoría de la hipóstasis o trinidad, la idea de la existencia de un Dios bueno y espiritual y la confirmación de que a través del conocimiento se encuentra la felicidad que brinda la sabiduría. El hombre obtiene la felicidad de Dios y esta felicidad es Dios mismo. Agustín diferencia las cosas que deben ser amadas por sí mismas, como un fin al que llegar y del que gozar. La historia será así el contraste dramático entre dos amores: de y de Dios. Dependiendo del amor que elijamos llegaremos a ser felices o no.

Posterior a este trance, Agustín se traslada a Roma, y luego a Milán, donde se produce la última etapa antes de su conversión: Agustín empezó a asistir como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del obispo Ambrosio, donde queda admirado de las predicaciones de éste. Como podemos apreciar, en su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasa de una escuela filosófica a otra sin que encuentre en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes, hasta que, por un lado, los platónicos le ayudan a resolver el problema del materialismo y el del mal. Y por otro el Obispo Ambrosio le ofrece la clave para interpretar el Antiguo Testamento y encontrar en la escritura la fuente de la fe. Siendo de este modo que Agustín creyó encontrar la posesión de la verdad en el cristianismo. Por lo que, en el año 386 se consagra al estudio formal y metódico de las ideas de la doctrina cristiana. Renuncia a su cátedra y se retira con su madre y unos compañeros a Casiciaco, cerca de Milán, para dedicarse por completo al estudio y a la meditación. En el año 387, a los treinta y tres años de edad, es bautizado en Milán por el obispo Ambrosio. Ya bautizado, regresa a África, pero antes de embarcarse, su madre Mónica muere en Ostia, el puerto cerca de Roma. Situación que le produce un gran pesar, y trata de encontrar la resignación de una manera estoica.

Como consecuencia derivada de sus múltiples razonamientos sobre la efímera causa materialista. Cuando llega a Tagaste, Agustín vende todos sus bienes, reparte entre los pobres el producto de la venta y se retira con unos compañeros a vivir una vida monacal en una pequeña propiedad. Experiencia misma, que será la inspiración años después para su famosa Regla. Inmerso en esta abstracción, a pesar de su búsqueda de la soledad y el aislamiento, la fama de Agustín se extiende por toda la comarca y es por lo que viaja a Hipona, en busca de un lugar donde abrir un monasterio y vivir en forma ascética con sus hermanos. No obstante, en ese lugar, durante una celebración litúrgica fue elegido por la comunidad para que fuese ordenado sacerdote, a causa de las necesidades del entonces obispo de Hipona, Valerio. Agustín acepta la designación que durante treinta y cuatro años ejerció, siendo un modelo para su grey, a la que dio una sólida formación por medio de sus sermones y de sus numerosos escritos, con los que contribuyó en gran manera a una mayor profundización de la fe cristiana contra los errores doctrinales de su tiempo. La actividad episcopal de Agustín es enorme y variada. Predica a todo tiempo y en muchos lugares, escribe incansablemente, polemiza con aquellos que van en contra de la ortodoxia de la doctrina cristianade aquel entonces, preside concilios, resuelve los problemas más diversos que le presentan sus fieles. Se enfrenta a maniqueos, donatistas, arrianos, pelagianos, priscilianistas y académicos. Es la madurez intelectual de Agustín, que desde ese entonces lleva una vida dedicada al estudio y a la contemplación, que mantuvo prácticamente hasta su muerte en el año 430 d.C., mientras los vándalos de Genserico sitiaban Hipona, durante la invasión de la provincia romana en África. Esto es, cuando el Imperio Romano de Occidente daba los últimos estertores.

Del legado intelectual del Obispo de Hipona, podemos destacar que su pensamiento es deuna clara orientación platónica; pues, defiende que la verdad no ha de buscarse en el mundo exterior por medio de los sentidos, sino reflexionando, volviendo la mirada hacia el interior de uno mismo. Lo anteriormente expuesto es en conclusión al estudio de su vasta obra literaria. En ella podemos apreciar que los primeros escritos de Agustín, están dedicados a combatir los errores que él mismo había seguido durante su juventud. El libro Confesiones, de carácter autobiográfico, considerada su obra literaria más famosa. Está constituida por trece libros en los que nos narra su vida, formación y su evolución interior; también habla de la psicología, de la filosofía, de su concepto de Dios y de su visión del mundo. Es también un reconocimiento de la grandeza y bondad de Dios. Por otro lado en sus obras Contra los académicos y Sobre el libre albedrío, combate a los escépticos, maniqueos y pelagianos. Así mismo, en su principal obra dogmática, sobre la Trinidad,Agustín desarrolla la doctrina de las relaciones: las tres personas divinas que son: el Ser mismo, eterno, inmutable y consustancial; es la explicación psicológica, la doctrina sobre las propiedades personales de El Espíritu Santo, que procede como amor; la vida de la gracia; y sobre cómo el hombre siendo imagen de Dios es imagen de La Santísima Trinidad. Otra de sus obras es: Disciplinarum libri, Que viene siendo una extensa enciclopedia con el fin de mostrar cómo se puede y se debe ascender a Dios a partir de las cosas materiales. Y así, podríamos ir enumerando la obra de Agustín de Hipona, sin dejar de mencionar desde luego: La ciudad de Dios (De civitate Dei libri), que es su libro más importante en el plano filosófico, tema que nos ocupa. Su tesis: la iglesiaes la máxima autoridad en esta tierra que es La Ciudad de Dios. En ella, Agustín nos ofrece una síntesis de su pensamiento filosófico, teológico y político. El motivo por el cual escribió esta obra,fue la crítica que los paganos hacían contra el cristianismo: La tesis central de la obra es la divina providencia, que guía la humanidad, dividida en dos ciudades, nacidas de dos amores, el amor de sí y el amor de Dios. En ella afronta el problema de los orígenes de la historia, de la presencia del mal, de la lucha entre el bien y el mal, de la victoria del bien y de su eterno destino. Cabe destacar que ésta fue una obra muy leída y ejerció una gran influencia en los siglos siguientes.

En sus escritos, Agustín pone a la iglesia como uno de sus temas centrales, donde aborda complejos argumentos místicos y debido a su magnitud, es muy difícil sintetizar en este artículo todo su contenido, sobre todo porque nos desviamos del objetivo medular de esta investigación de la historia de la filosofía y sus principales protagonistas a través del tiempo. Por lo que, dejando de lado el tema religioso, me limitaré a enunciar lo más significativo del sincretismo que practicaAgustín en la conformación de su doctrina y los muy escasos aportes que hace en relación con la filosofía. Esto podría sonar incongruente, pero es necesario hacer referencia a las prohibitivascausas por las cuales la práctica de la filosofía estuvo a punto de desaparecer, siendo este delgado hilo el que la mantiene estática durante casi mil años, para su posterior resurgimiento en la época del renacimiento.

Pues bien, como ya lo apuntamos, desde su juventud, Agustín leyó y conoció de memoria muchas obras de filósofos, entre ellas estaban las de Cicerón, Varrón, Séneca, Plotino y Porfirio. Sintió preferencia por los neoplatónicos que ejercieron una gran influencia en él, basándose en considerarles: los filósofos clásicos más cercanos al cristianismo y por haber dado vida a una enseñanza común de la verdadera filosofía, pues los principios que componen y en los que se inspira la filosofía de Agustín son: interioridad, participación e inmutabilidad.

Sobre la Razón y la Fe, observamos que Agustín comienza la búsqueda de la verdad de una manera casi desesperada. A los diecinueve años se pasó al racionalismo y rechazó la fe en nombre de la razón. Sin embargo, poco a poco va descubriendo, según su criterio, que la razón y la fe no se oponen, sino que su relación es de colaboración. La fe es un modo de pensar asistiendo; si no existiese el pensamiento, no existiría la fe. Por eso la inteligencia es la recompensa de la fe. La fe y la razón son dos campos que necesitan ser equilibrados y complementados. Esta postura se sitúa entre el fideísmo y el racionalismo. A los racionalistas le responde: Crede ut intelligas (“cree para comprender”) y a los fideístas: Intellige ut credas (“comprende para creer”), pues es imposible creer sin razón. Agustín, con esto, quiere comprender el contenido de la fe, demostrar la credibilidad de la fe y profundizar en sus enseñanzas.

La filosofía agustiniana se centra en dos temas esenciales: Dios y el hombre. Para llegar de la mente a Dios primero tenemos que preguntar al mundo, después volverse hacia uno mismo y por último trascenderse. El mundo responde que él ha sido creado y el itinerario continua; se procede a la ascensión interior, y el hombre se reconoce a sí mismo intuyéndose como ser existente, pensante y amante. Pudiendo por ello, ascender a Dios por tres vías: la vía del ser, de la verdad y del amor. Se trata de trascenderse a uno mismo, de poner nuestros pasos “allí donde la luz de la razón se enciende”. Ahora bien, llegaremos a un Dios incomprensible, inefable. Este Dios es el ser sumo, la primera verdad y el eterno amor.

Respecto al hombre, Agustín explora su misterio, su naturaleza, su espiritualidad y su libertad. El compuesto humano está formado por el cuerpo y el espíritu. La cárcel del alma no es el cuerpo humano, sino el cuerpo corruptible; el alma que fue creada de la nada, no puede ser sin él dichosa. La tesis fundamental que ayuda a entender el misterio del hombre es su creación a imagen de Dios, que es propia del hombre interior, de la mente. Pero ha sido deformada por el pecado y será la gracia, la encargada de restaurarla. El hombre sólo adhiriéndose al ser inmutable puede alcanzar su felicidad. En este encuentro de Dios y el hombre, Agustín examina la delicada cuestión de la gracia y la libertad. Agustín defendió la libertad contra los maniqueos y la existencia de una sola alma y una sola voluntad: era yo mismo quien quería, yo quien no quería; yo era yo.

A los grandes problemas del ser, conocer y amar, le da tres soluciones, que son la creación, la iluminación y la sabiduría o felicidad. Del tiempo y la eternidad nos dice que: El tiempo es creación de Dios, antes de crear el cielo y la tierra no había tiempo. Este implica un pasado, un futuro y un presente; y acabará concluyendo que el tiempo sólo existe en el espíritu del hombre, porque es donde se mantienen presentes el pasado, el presente y el futuro. Por ello los tiempos son tres: El presente del pasado, el presente del futuro y el presente del presente. Y este no reside en el movimiento, sino en el alma.

Escatológicamente, Agustín se opuso a la concepción platónica de la historia, defendió la resurrección de los cuerpos, cuerpos de verdad pero incorruptibles. Esclareció la eternidad de las penas y no admitió la apocatástasis de Orígenes. Insistió en la dimensión social y cristológica para explicar la felicidad del cielo. El cielo es la “insaciable saciedad”. Antes de la resurrección no poseemos esta felicidad plenamente, sino sólo una “consolación de la tardanza”. Por último, admitió la existencia del purgatorio.

En concreto, la espiritualidad agustiniana se orienta al culto y amor que se da dentro de la iglesia a la Santísima Trinidad, teniendo por centro al Cristo redentor, su tarea es la restauración de la imagen de Dios en el hombre. Y aunque esta deducción, Agustín la nutre en base a los razonamientos de los filósofos clásicos. En la posteridad, la iglesia los desconoce y finca dichasbases del pensamiento agustino, en la sabiduría de las Sagradas Escrituras. De cualquier manera, Agustín es el hombre con quien culmina La Edad Antigua y se inaugura La Edad Media y, aunque es considerado el primer gran talento ideológico desde la filosofía griega clásica. En el terreno de la filosofía,  Agustín aportó muy poco; lo que más se le reconoce es su enseñanza de que la verdad habita en el interior del hombre, cuya mente es muy débil para descubrir la verdad con el sólo uso de la razón. También es de reconocer, que con su obra y con su considerable influencia en la Iglesia Católica y en el pensamiento cristiano, Agustín contribuyó en gran manera a afianzar la orientación platónica de la filosofía en los siglos siguientes, hasta el resurgir del aristotelismo en el siglo XIII.

Para concluir, solo me queda agregar que con Agustín, la filosofía se volvió teología, puesla búsqueda de la verdad, – según él – sólo debía hacerse en la Biblia y en los evangelios. Su lema filosófico era: creer para poder comprender. El primero que inició la larga noche de negación del uso de la razón, imponiendo sobre ella la fe, fue Aurelio Agustín de Hipona, conocido desde su conversión al Cristianismo como: San Agustín. Y que junto con Jerónimo de Estridón, Gregorio Magno y Ambrosio de Milán, es considerado uno de los cuatro más importantes Padres de la Iglesia latina.

Es Cuanto

Isauro Gutierrez

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