Tribus Urbanas

Pablo Manuel Ramos Vallejo
“La Juventud, aún cuando nadie la combata,
halla en sí misma su propio enemigo”
William Shekespeare
El neologismo de “Tribu Urbana” fue utilizado por primera vez en el 1990 por Michel Maffesoli en su libro titulado “El Tiempo de Las Tribus”, en el cual nomina con ese término, a un grupo de gente que se comporta de acuerdo a las ideologías de una subcultura, que se origina y se desarrolla comúnmente en el ambiente de las grandes urbes o metrópolis; donde la complejidad, el inmenso tamaño de la ciudad y la decadente sociedad, crean una sensación de aislamiento del nivel individual y conducen a la formación de clanes relativamente pequeños, pero con una identidad propia; cuyos miembros están unidos bajo un conjunto de características, pensamientos, modas e intereses comunes.
Actualmente la corriente llamada neo-tribalismo nace como intento de recuperar la interacción humana, la cual se ha perdido debido al aislamiento y la alienación de la sociedad moderna, que reemplaza la autoestima perdida con antivalores que se expresan lo mismo en el fanatismo deportivo: el fut bol con sus porras, barras o hooligans, así como en las sectas religiosas ultras, pandillas o cualquier manifestación social, que sustituya en el joven, el apoyo de una familia desintegrada, disfuncional o inexistente.
Las tribus urbanas se califican por mantener una estética canónica entre varios individuos de la misma tendencia. Suele ser acompañado de fuertes convicciones antisociales, sociopolíticas, religiosas o de carácter místico, dependiendo del movimiento o tribu urbana perteneciente.
El fenómeno de las tribus sociales o contracultura, inicia al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando del desencanto juvenil ante una crisis globalizada, los enfrentaba a un futuro sin esperanzas. La primera tribu emergente de ese periodo, es la de los “rebeldes sin causa”, etiquetados así, por una sociedad sumamente conservadora y vigilante del status quo, que rechazaba todo lo que le fuera ajeno: valores sociales, moda, lenguaje, conducta, segregación racial, etc. y que no comprendía las quejas y demandas de una juventud que enarbolaba la libertad como bandera, tanto en lo sexual como en lo social. Esta tribu tuvo su versión europea en los beatniks o existencialistas franceses, amantes del jazz y de la lectura de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Dos películas cincuenteras clásicas ilustran este fenómeno con claridad: “Rebelde sin causa”protagonizada por James Dean y Natalie Wood; y “ El Rebelde” con Marlon Brando, quien acuña el estereotipo generacional del joven vestido de mezclilla a bordo de una veloz motocicleta, ajeno a cartabones sociales y camisas de fuerza moral.
La contraparte sesentera son los hippies, que al enarbolar la paz, el amor y las drogas alucinógenas como doctrina, intentaban detener la leva obligatoria, que nutría con sangre joven la inútil guerra de Vietnam, misma que se prolongaría hasta casi mediados de los años setenta y que daría paso a una resistencia social más beligerante y desencantada, que fermentó a la siguiente tribu urbana, violenta y autodestructiva y que por su esencia proletaria, es la que más ha logrado subsistir : “ Los Punks”.
Los punks surgen en la Inglaterra de mediados de los setenta, en los llamados council flats o multifamiliares gubernamentales; alojamientos baratos y de mínimo espacio, destinados a desempleados profesionales que viven de la seguridad social y el bono de desempleo o dole. Estos espacios socialmente consanguíneos e incestuosos nutren a una banda rockera legendaria: Los Sex Pistols, quienes adoptan el pelo levantado en púas al estilo mohicano, pintado de colores brillantes, vestidos con bolsas negras de basura, alfileres y entubados jeans rotos adornados por estoperoles, todo ello aderezado con los imprescindibles tatuajes, adorno corporal hasta entonces limitado a presidiarios y marinos. El impacto de este movimiento social, pasó inicialmente inadvertido y fue tachado como una moda más. Pero la dureza de una realidad social común en esos años, derivada de una sociedad depauperada por guerras inútiles y el altísimo costo de la vida, enfrentó a los jóvenes de entonces a un futuro sin perspectivas, con trabajitos mal pagados y una diferencia abismal entre las clases sociales, que nutre hasta el día de hoy un fuerte resentimiento y una frustración, encauzadas al desahogo mediante la destrucción.
Dado que el orden mundial aun no ha logrado dar respuesta a las demandas de los marginados, los punks mantienen viva su postura que básicamente es atacar todo lo establecido y moralmente correcto, con actitudes de violencia extrema y se ha trasladado a países como el nuestro, donde la corrupción y el costo de una democracia imperfecta (partidocracia), refleja todos los vicios políticos que siguen alimentando un odio creciente alrededor del gobierno en turno.
En los ochenta y noventa, con la pérdida de las utopías sociales, surgen otras tribus urbanas, hijas también del desencanto y el aburrimiento; a éstas pertenecen los darketos o góticos quienes encuentran su inspiración y filosofía de ser, en las novelas de vampiros de Bram Stocke, padre literario de Drácula. Los darketos, visten de negro riguroso al estilo romántico, con largos abrigos y complicada parafernalia; complementan el look con maquillaje pálido, largas uñas y ojos enmarcados en tonos oscuros; prefieren la música estridente en alemán o sueco, aunque no entiendan de la letra ni una palabra y afirman, que el contacto con el más allá a través de complejos rituales en cementerios y el beber sangre, es lo suyo.
Cuando la indiferencia social, la desintegración familiar y la falta de posibilidades de un futuro con oportunidades reales, se une a una sociedad deshumanizada por la comunicación despersonalizada; los jóvenes encuentran una nueva opción para encauzar sus inquietudes y frustraciones, es así que surgen “Los Emos”, o emotivos, manifestación que favorece el dolor como vehículo y la tristeza como bandera, contraponiéndose diametralmente a los punks. Mientras los emos sufren para sentirse vivos, los punks lastiman para justificarse. Los unos son masoquistas sociales y los otros sádicos. El look Emo es inconfundible y se vuelve como en todas las tribus urbanas, su uniforme social e identidad grupal: el pelo oscuro sobre los ojos en flecos asimétricos para dar aire de desvalido o la interpretación post moderna de los llamados poetas malditos, aunque dudosamente algún emo ha leído a Verlain o Baudelaire; los pantalones de tubo sumamente ajustados preferentemente negros, que dejan al descubierto ropa interior de colores y con dibujos infantiles al igual que sus camisetas de rayas, que muestran personajes de comics o de bandas de rock, complementado con tenis de colores usados, nunca nuevos, de tipo ska o de grandes suelas de goma, cinturones de estoperoles con grandes hebillas metálicas. El maquillaje unisex, al igual que sus tendencias amorosas es negro y marcado, y sus ropajes deben dejar ver las cicatrices de los cortes en la piel hechos a navaja, ya que sólo al sufrir y gozar con el dolor encuentran una razón de existir, con una tendencia marcada al suicidio. Curiosamente los emos al igual que los punks y darketos, son subculturas eminentemente racistas y sexistas, particularmente opresoras de la mujer, que en todas ellas es un mero objeto, antítesis de toda lucha feminista.
La soledad del joven, compartida con otros que cojean del mismo pie, lo lleva a encontrar la fuerza en el número, a creer que su identidad frágil y cambiante tiene una base y razón de ser y así apuntala una maltrecha autoestima al tiempo que da sentido a su existencia.
Si analizamos todos los componentes sociales actuales: familias disfuncionales o destruidas, una vida carente de futuro, problemas económicos, habitaciones de mínimo espacio enclaustradas en ciudades agobiantes, el bombardeo constantes de los medios de comunicación donde la violencia y el sexo venden más que los buenos modales y que además promueven modelos sociales imposibles de alcanzar en lo físico o económico, unido a un gobierno negligente e inepto, no es extraño que surjan todo tipo de tribus urbanas, para dar una salida a su ebullición hormonal de estos jóvenes que además luchan por un liderazgo colectivo.
Dadas las circunstancias de descomposición económica, política y social, lo extraño es encontrar adolescentes que no hayan optado por una tribu, porque no sólo existen éstas que nombramos, prevalecen aún, un preocupante número de ellas, como los Cholos, Maras y las típicas de clases media alta y alta, tan o más perniciosas como un punketo o emo, como son los wanna bes o jóvenes con aspiraciones elevadas, que a través de productos piratas e imitaciones baratas, quieren aparentar pertenecer a una clase social superior y viven en una eterno autoengaño. Están también los neohippies que retoman los valores utópicos e inalcanzables de un orden social perfecto y armónico y optan por sectas de distinto tipo, religiosas o sociales, que los disocien de la realidad y los lleven a un Nirvana fantástico ganado con meditaciones, vegetarianismo, filosofías new age y todo tipo de ideologías descabelladas y extremas, mismas que, mezcladas con algunas otras tolerantes, pueden arrastrarlos a conductas radicales. Están también los frees, fauna urbana compuesta por quienes buscan la droga y sexo fáciles sin compromiso; aquí la forma lo es todo y nada importa el fondo, lo que vale es la marca de ropa, el tamaño de los senos, el modelo de auto o motocicleta, la relevancia social de los amigos, todo esto en un artificioso mundillo desechable. Existe también, aquel otro que solo o en compañía simplemente no puede manejar la realidad y necesita anestesiar ese cerebro primitivo con drogas, alcohol, sensaciones extremas generadoras de adrenalina, excesos de sexo y hasta con chismes ya que vivir la vida de otros para ignorar la propia,es una de las fugas más antiguas que existen y explica el porque los programas de espectáculos tienen tanto éxito, ya que al ver que los famosos y ricos también tienenproblemas y defectos, con eso justifican sus miserias personales.
En la adolescencia el desbalance hormonal, disparado por el cerebro límbico, hará que los controles válidos en la infancia se vean retados y superados por impulsos nuevos, que además de la urgencia sexual, empujan a la consolidación de la personalidad, la identidad individual y el sentido de la pertenencia grupal en una peligrosa y delicada paradoja, por un lado el joven quiere ser él y por otra necesita afiliarse a otros que lo reconozcan como miembro de su grupo. El peligro reside en que, de la inocente pandilla, de la barra o porra deportiva y de movimientos estudiantiles o políticos, se puede escalar a bandas o Tribus Urbanas, incluso llegar a guerrillas sindicales y partidistas de filiación pseduopolítica justificada pobremente con una ideología social decadente, quedando como último peldaño el sendero al Crimen Organizado.
El mundo y la historia están plagados de ejemplos dolorosos de la falta de control personal y colectivo sobre estas acciones, disparadas al extremo por un cerebro límbico, primitivo, egoísta y cruel, sobre el cual debemos tratar de comprender, al mismo tiempo de mantener una continua vigilancia y promover la correcta educación de las futuras generaciones, si queremos evitar las confrontaciones gansteriles, que hoy nos recuerdan una vez más, que en medio de una sociedad enferma sólo el más fuerte sobrevive.
Como podemos apreciar, estos jóvenes integrantes de Tribus Urbanas son la realidad que nos depara el decadente futuro social al que nos enfrentamos. La Juventud olvidada sabe hablar, mas no tiene palabra, misma Juventud que engendra petulancia y la petulancia ceguera, que no nos permite considerar que la Juventud es un Titán que se colapsa.
Para éstos incomprendidos guerrilleros urbanos el fondo lo justifica todo: el alcoholismo, la drogadicción, la violencia, la ira, la destrucción. Hijos bastardos deutopías rotas, que creen firmemente que pueden cambiar al mundo, mediante la desestabilización y el odio; tribus formadas de adolescentes perennes que jamás maduraron, y que ahora muchos de sus miembros conforman el crimen organizado, en una sociedad despistada y un agónico sistema de gobierno neoliberal y partidista, ajeno totalmente a afrontar este problema social de una manera sensata.
En México el narcotráfico en un principio, inició con la demanda de surtir a los adictos estadounidenses de la droga requerida. Hoy en día a lo largo y ancho de la Repúblicacrece el mercado, aumentando de manera alarmante el consumo del alcohol y las drogas principalmente en el seno de estas tribus urbanas. Por todo esto, es nuestra juventud la que resulta estar enferma debido en mucho a la desintegración familiar y segregaciónsocial, por lo mismo, se requiere de programas educativos, deportivos, culturales, de asistencia social y de rehabilitación, teniendo como objetivo su reintegración social;antes que pretender acabar mediante una guerra, este mal que irresponsablemente se dejó crecer en los últimos cincuenta años, auspiciado principalmente por la corrupción.
Lo que inició por ser reuniones insignificantes de grupos juveniles afines en sufrimientos y desprecio social, resulta ser ahora en numerosos casos, el crimen organizado, un negocio altamente lucrativo y redituable, con poder económico absoluto,que hace en momentos temblar al sistema, llegando incluso a establecer en formapeligrosa un estado de ingobernabilidad.
Es Cuanto.
