Poeta Esther Tapia de Castellanos


Miguel Ángel Martínez Ruiz
Aun cuando se tiene muy poca información sobre la vida y la obra de esta excepcional poeta michoacana, han llegado hasta nuestros días algunos datos que incluiremos en un intento por pergeñar la biografía de tan insigne e inspirada cultivadora de las letras en verso. Hay algunas dudas respecto a su lugar de nacimiento, pues don Mariano de Jesús Torres afirma que ella vio la luz primera en la ciudad de Jiquilpan en 1837; otros aseguran que nació en la ciudad de Morelia el 9 de marzo de 1842, donde recibió la educación primaria y la equivalente a la secundaria y preparatoria en el Colegio de las Rosas, institución destinada a la formación educativa de las niñas pertenecientes a las clases adineradas de dicha urbe. Su madre, después de haber enviudado, contrajo nupcias con el señor Crispín Tapia, próspero comerciante radicado también en Morelia. Como un reconocimiento al celo que puso en atender y educar a la niña, Esther decidió adoptar el apellido de su protector. La inclinación por la poesía se manifestó desde muy temprana edad, y su disposición para elaborar composiciones de este tipo sorprendió a sus maestros. Sin embargo, sus padres no aceptaron que la pequeña se dedicase a la literatura, ya que apenas contaba diez años cuando empezó a expresarse a través de composiciones poéticas con una inspiración poco frecuente. Tampoco les pareció indicado, por influencia de la idea que se tenía de las señoritas de sociedad, que siguiera el camino de la pintura o de la música, áreas del arte para las que también tenía notables aptitudes. En 1858, el Periódico Oficial del Estado Libre y Soberano de Michoacán incluyó una de sus primeras creaciones intitulada “Una flor”, la cual fue muy elogiada por todos los lectores de esta publicación, reconociendo “su belleza, talento y fino trato”.
Por razones de negocios, el señor Tapia decidió trasladarse con toda su familia a la ciudad de Guadalajara, donde le ofrecieron a la joven todas las facilidades para que continuara sus estudios.
Contrajo matrimonio con el señor Fernando Castellanos, de quien tuvo una numerosa descendencia y heredó una considerable fortuna. Perteneció a diversas asociaciones literarias en la capital jalisciense. Sus biógrafos afirman que siempre mantuvo una gran identificación ideológica con los liberales mexicanos, al grado de ofrecer recitales para ayudar a la causa. Escribió una oda motivada por los fusilamientos de Tacubaya en 1859. Durante la Intervención Francesa en México, trabajó como enfermera voluntaria en los hospitales de Guadalajara. Algunas de sus poesías tienen un profundo sentido patriótico, en las cuales exalta la soberanía y los valores nacionales. También realizó diversas actividades para fomentar la fundación de escuelas en Guadalajara.
Sus poemas fueron publicados en revistas y periódicos, entre otros, los siguientes: “El Correo de Ultramar”, “Poetisas”, “La Ilustración” y “El Parnaso Mexicano”. Este último se editó en México desde 1885 y cuyo número correspondiente al 15 de junio de ese año le fue dedicado; lo mismo ocurrió con la publicación “Flor de Lis”, en su número 30, donde apreció su retrato.
Fundó con otros escritores y poetas jaliscienses “La República Literaria”. A lo largo de su vida escribió las obras: Álbum de Esther (1862), Flores silvestres (1871), Cánticos de los niños (1881), El Parnaso mexicano (1885) y Obras poéticas (1905). Esta última fue reunida por uno de sus hijos, ocho años después del fallecimiento de la autora, ya que murió en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 8 de enero de 1897, causando profunda consternación en los círculos literarios y culturales de todo el país, pues le dedicaron múltiples artículos en las revistas y periódicos más conocidas de ese tiempo.
Con la finalidad de dar una idea de la gran calidad de esta extraordinaria poeta, se incluyen a continuación algunos párrafos del prólogo que escribió el literato José María Vigil para el libro “Flores Silvestres. Composiciones poéticas de Esther Tapia de Castellanos”, publicadas por J. M. Vigil. México, 1871. Imprenta de I. Cumplido, Rebeldes núm. 2. Ahí el editor y prologuista dice: “En el prospecto que publicamos la presente colección de poesías, estampamos las siguientes palabras: La lira de Esther, siempre tierna y elevada, siempre pura y melodiosa, expresa con igual facilidad los dulces delirios del amor, la melancolía del desengaño, las efusiones íntimas de la amistad, los nobles arranques del patriotismo, los goces inefables de un alma creyente, la tranquilidad del hogar doméstico, embellecido por los encantos y las virtudes de la esposa y madre. No hay en esos versos una sola imagen que no sea noble, una sola palabra que no sea digna y delicada, y la misma amargura del sentimiento toma bajo la pluma de la poetisa michoacana, formas tan suaves y tan profundas, que excita la sensibilidad hasta las lágrimas sin herirla ni enervarla.”
“Según los diversos géneros de estas composiciones, pueden ser divididas en amatorias, elegiacas, descriptivas, filosóficas, religiosas y patrióticas…”
“Hay en el conjunto de esas poesías una delicadeza de sentimientos, una sencillez de expresión, que no pueden leerse sin entrar en la idea de la autora, participar de sus emociones, y quedar agradablemente sorprendidos con la originalidad y precisión del pensamiento. Citaremos a la ventura algunos de esos rasgos. Hablando de la amistad tiene esta bellísima quintilla: ‘Flor que el zarzal de la vida/ Da su esencia delicada,/ Como el amor, venerada, /Como la virtud, querida/ Como la virtud soñada.’”
“En la composición intitulada ¡Vuelve a mí! Se hallan estos versos en que expresa la abnegación con una naturalidad verdaderamente admirable: ‘Si Dios quiere la ofrenda de tu llanto/ Ruégale tú que me la exija a mí;/ Que te haga a ti dichoso, que entre tanto/ Aquí estoy yo que lloraré por ti’.”
“Con una entonación más enérgica, con un arranque de dolor amargo y profundo, dice en las ‘Horas de duda’: ‘¿Por qué tanto sufrir?… ¿Por qué esta vida/ Tan llena de pesares y desvelos?/ ¡Porque la fe del alma está perdida,/ y tiene el corazón dudas y celos!”
“En la composición que lleva por título “Dos almas”, al hablar de la misión de la mujer, dice: ‘Parte con él sus horas de tormento/ Porque es el alma del que ardiente adora;/ ¡Siempre que el hombre espera el sufrimiento/ Se ve junto a él una mujer que llora!’
“En la composición llamada “Las Estrellas” hay pensamientos profundamente filosóficos que no nos podemos resistir a copiar. Después de manifestar el deseo ardiente de tener las alas de un ángel para cruzar la extensión del cielo, añade: ‘Para mirar de cerca esos fanales/ Y de la luz bañarme en los destellos; / Y ver brillar entre sus rayos bellos/ la magnitud de Dios y su poder./ Quiero mirar do estás, y quien habita/ En medio a esas regiones luminosas;/ Y por qué las formas tan hermosas;/ Cuál su misión en el espacio es. /¡Oh! La deben tener, que nada inútil/ Ha formado el señor sobre la tierra;/ Y hasta el insecto vil, misterio encierra, / Y tiene algún objeto que llenar./ Y esos astros de luz, esos gigantes,/ Superiores a un rey del día/ Que giran en unísona armonía,/ ¿Solo deben brillar?… ¿Brillar no más?/ ¿Acaso fueron hechos solamente/ Para que al mundo su belleza asombre?/¿Para admirar y distraer al hombre, tantos y tantos mundos hizo Dios?/ ¡Oh vana pretensión! En el espacio/ ¿Qué viene a ser la tierra? ¡Un punto y nada!/ Y creen que para ella fue formada /la parte superior de la creación’.”
“En vano se buscaría en el horizonte límpido que recorre la inspiración de Esther, esa negra sombra de la duda, que extiende un velo de muerte sobre la inteligencia y el corazón; pero se hallarán esos arranques de tétrico misticismo, vicio en que caen las almas creyentes pero poco ilustradas, que no tienen una razón bastante despejada que los guíe y los sostenga. Alzándose sobre ese antropomorfismo grosero que da el Ser Supremo las mezquinas a pretensiones de la creatura, se expresan al hablar de Dios, con esta elevación digna de Pascal: ‘Fuente es de mi inteligencia,/ Asiento de eternal sabiduría,/ Fecundo manantial del pensamiento/ De toda inspiración y poesía./ Causa de todas causas infinito,/ Incomprensible origen/ De todo cuanto existe y ha existido, / ¡Siempre es, nunca será, cual nunca ha sido!’.”
Concluye el prólogo con las siguientes frases: “La Patria directamente interesada en las glorias de sus hijos, tiene mucho que aguardar del fecundo deseo de una gloria legítima, el afán incesante de saber y la tendencia irresistible de ser útil con sus semejantes, la harán enriquecer nuestra literatura con obras que aseguren su reputación, inscribiendo su nombre entre los que honran a México, esta Patria querida, cuyo amor sublime es un verdadero culto en el alma inspirada de Esther.”
La excelsa poeta que fue doña Esther Tapia le dedicó a Morelia un hermoso poema que transcribimos por el emocionado y entrañable cariño que estremecía su alma enamorada de esta bella urbe: “Adiós Morelia. A los amigos y amigas de mi tierra natal. Adiós, me voy, adiós, ciudad querida/ Lejos de ti me lleva mi destino;/ Lo quiere mi deber, voy a partir./ Mas yo te juro, mi ciudad hermosa/ Que en mi memoria vivirás grabada;/ Que serás con ternura venerada; /Que te daré mi amor hasta morir./ Al ausentarme de tu caro suelo/ Llena de angustia y de tristeza lloro,/ Porque te dejo mi único tesoro,/ los restos de la madre de mi amor;/Tú eres el libro donde yo miraba/ Mis queridos recuerdos de ventura;/ Las tristísimas horas de amargura/ Que me diera ¡Dios santo! Mi dolor./ Tus paseos, tus calles y tus templos/ traían el pasado a mi memoria; / El libro eran de mi pobre historia,/ Que me daba tristeza o placer. / Ahí miraba el sitio venerado/ Donde en aciago y tormentoso día, / Al mundo me arrojó la madre mía/ Solo para llorar y padecer./ Allá el lugar donde jugaba de niña,/ El sitio do mi madre se sentaba/ Y amorosa a sus brazos me llamaba/ Cuando del juego me cansaba yo./ Allá el bosque de fresnos corpulentos; / A la derecha la calzada hermosa;/ Allá la iglesia augusta, majestuosa,/ Donde a rezar mi madre me enseñó./ La casa ¡oh Dios! donde mi buena madre,/ Vi con dolor horrible en agonía,/ Allá en tumba solitaria y fría,/ Que regaba con llanto de dolor./ Todo lo dejo, adiós, adiós te digo,/ Libro de mis recuerdos, te abandono;/ Y este canto tristísimo que entono/ Es el suspiro de mi ardiente amor./ Adiós, adiós por siempre en mi memoria/ Vivirás en tu luna con tu cielo,/ Con tus nubes que fino y blanco velo/ Para tu ardiente sol formando van./ Vivirás con tus noches apacibles,/ Con tus lucientes, vívidas estrellas,/ Con tus campos que alfombran flores bellas/ Que siempre ante mis ojos lucirán./ Con tus cipreses altos, majestuosos,/ Que parece que fúnebre plegaria/ Elevan en la noche solitaria,/ Hasta el trono grandiosos del Señor;/ Con tu bella y gentil naturaleza;/ Con tus tardes de mágica belleza,/ Que el pecho despiertan al amor./ Adiós, adiós en la callada noche/ Un suspiro enviaré que te bendiga:/ Amaré a otra ciudad como una amiga; / Pero a ti como madre te amaré./ Como el sitio que guarda mi tesoro;/ Los restos de esa madre idolatrada;/ Y su losa do nunca arrodillada/ Mis lágrimas filiales verteré. / La dejo solitaria…. Abandonada…../ El pecho me destroza la amargura:/¡Luna apacible, indeficiente y pura, sobre ella vierte tu divina luz!/ Haz, ¡Oh Morelia! Que de tu hermoso suelo/ brote un lirio en su tumba solitaria,/ Y que modesta, triste, pasionaria,/ Cubra los brazos de su humilde cruz./Adiós, mi hogar, mis flores, mis amigas, / Adiós, mi fértil y adorado suelo;/ Es la hora de partir ¡quedad con Dios!/ Más te amo al dejarte, ciudad mía,/Adoro más tu suelo tan querido,/ Y es un doliente, lúgubre gemido/ El que yo exhalo al exclamar ¡adiós!
BIBLIOGRAFÍA: ROMERO FLORES, Jesús.- Diccionario michoacano de historia y geografía. Gobierno del Estado de Michoacán, 1972; p. 508.
Diccionario de escritores mexicanos. UNAM, 1967; p. 377.
ARREOLA CORTÉS, Raúl.- La poesía en Michoacán. Fimax Publicistas. Morelia, 1979, p. 83-84-84-95.
DE CASTELLANOS TAPIA, Esther.-“Flores Silvestres. Composiciones poéticas de Esther Tapia de Castellanos”, publicadas por J. M. Vigil. México, 1871. Imprenta de I. Cumplido, Rebeldes núm. 2. Prólogo.
MADRIGAL MADRIGAL, Héctor Jaime. Michoacanos ilustres en la Calzada “Alfredo Maillefert”. XIV Congreso Masónico Nacional de Grados Filosóficos. Morelia, Michoacán, 1993, p. 28.
