Medios de comunicación y conductas


Teodoro Barajas Jiménez
Los medios de comunicación juegan –han jugado- importante papel en la sociedad, el flujo informativo nos da cuenta acerca de lo que acontece cotidianamente en cualquier punto de nuestro estado, de nuestro país y en el contexto internacional. Programas culturales y recreativos nos llevan de la mano por senderos inéditos, impensables hace unas pocas décadas.
Cierto que en esto va aparejado un lado de sombras cuando en lugar de informar/ formar, los medios deforman radicalmente la mentalidad de los receptores, esto es, del público en general. La televisión es un medio de gran popularidad por las ventajas que ofrece, la oportunidad de la información al instante, en cuanto ésta se genera, sonido e imagen incluidos.
La posibilidad benéfica- desafortunadamente- va a la par con programas que son todo, menos positivos. Usted, amable lector, ¿se ha sentado frente al televisor en diferentes días y horarios, a fin de conocer la barra de programación, sobre todo aquella que es preferida por el público infantil, y los adolescentes? Si lo ha hecho, seguramente se asombró de la gran cantidad de imágenes violentas que saltan a la vista, incluidas las caricaturas que, bajo el disfraz inofensivo, muestran como algo común la agresión física y verbal, la mentira y la vulgaridad; no todos los programas, naturalmente, mas sí la mayoría de ellos.
Si los infantes van creciendo con la mentalidad fruto de la inducción mencionada, no son de asombrar los rasgos conductuales que llevan el sello de la incongruencia, mismos que afloran en el hogar como en la escuela, por mencionar tan sólo los lugares donde los pequeños pasan buen parte de su tiempo. El sector infantil es el más vulnerable a todo tipo de influencias externas, y si la pantalla de la televisión se convierte en guía de ellos, los otros agentes de influencia en el espectro social ven limitado su campo de acción, cooptado éste por la sucesión de imágenes deformadoras que ofrece el televisor.
Tomar como ideal de vida lo que es fruto de la imaginación, de una visión subjetiva del autor o autores de determinados programas, ocasiona que se tome como modelo a seguir lo que en realidad es sólo entretenimiento, acciones y actitudes que no corresponden en absoluto a la realidad palpitante que vibra en la realidad total en que nos movemos cotidianamente.
Si volvemos la mirada a programaciones de otro corte –y se supone- para otro público, tenemos allí las telenovelas, favoritas del sector femenino, sin dejar de lado que buena cantidad de hombres suspiran a la par con los argumentos churriguerescos que se exhiben ahí. Bajo el justificante de que se trata de situaciones que se presentan en la realidad cotidiana, destaca el atiborrado juego inercial de lo frívolo, lo ligero o como se dice a veces, lo “light”.
Así, la superficialidad amarillista halla público cautivo que se refleja –ocasionalmente- en el argumento o lo toma como catarsis. Lo malo es que esto se realiza en el juego de la imaginación dejando de lado la verdad que está en las calles, en los hogares, en la vida de cada quien. En fin, lo preocupante es la mala influencia que indiscriminadamente llega a los hogares a través de la pantalla, cuyo objetivo central son los niños.
