Laicismo en la vida nacional


Eduardo Murillo Gil
México enfrenta situaciones graves del pasado que se creían superadas. De nueva cuenta encuentra un sinnúmero de males sociales, los cuales padece la ciudadanía con verdadero estoicismo. Su sangre vuelve a derramarse y los meros culpables de esta hecatombe gubernamental, unos se cobijan con el poder disfrazando sus pillerías de constitucionalismo y, los otros, tras el dogmatismo crónico padecido Adperpetuam, producto de la estulticia, el engaño y la hipocresía.
En tal virtud, temas de carácter filosófico obligan a la investigación y a la consulta abrevando de las fuentes que verdaderamente cualifiquen la veracidad imprimida a la búsqueda de resultados veraces en lo político, educativo y religioso. La desacreditación, que los eclesiásticos y otras escuelas confesionales realizan abiertamente en reñida lucha por el manejo de las consciencias individuales o colectivas. Predominio educativo que a ultranza han manejado siempre en contubernio con las autoridades respectivas.
Hechos que se remontan a la “conquista” que realizara el extremeño y la llegada de los primeros frailes franciscanos y agustinos, quienes una vez asentados sus reales evangelizadores, crearon arzobispados y un gobierno espiritual que rebasó al gobierno del Virreinato, llegando ellos a manejar ambos poderes. El manejo dogmático ejercido desde ese entonces, les ha permitido implementar su propia “Conciencia” sobre los naturales, masa moldeable, formidablemente moldeable, lo cual al transcurso de trescientos años, sus conciencias individuales y colectivas les pertenecieron incondicionalmente.
Los acontecimientos mas importantes en el aspecto educativo durante la pasada centuria fueron:
1º.- La creación en 1822 de la compañía Lancasteriana que fundara escuelas en varias ciudades. El sistema se basaba en la enseñanza mutua, ya que los alumnos más aventajados, llamados monitores, colaboraban en la tarea educativa, supliendo así una de las deficiencias de la época, la falta de maestros.
2º.- La reforma legislativa de 1833, llevada a cabo por el entonces presidente de la República, el insigne Liberal Valentín Gómez Farías, e inspirada en el pensamiento de José María Luis Mora, tuvo el propósito de incrementar la educación oficial, estableciendo la Dirección General de Instrucción Pública, la enseñanza libre y escuelas primarias y normales. De esta época data también la fundación de la Biblioteca Nacional 26 de octubre de 1833 y de la primera Escuela Normal, por Francisco García Salinas, en Zacatecas. La reforma obedeció a la necesidad de impulsar los cambios que México requería durante los primeros años de vida independiente y muestra el afán de cultivar la ciencia y la técnica, en mayor grado que el derecho y la teología, estudios principales en el sistema educativo colonial.
3º.- La Constitución de 1857, fiel a sus tendencias liberales, declaró en el artículo 3º la libertad de enseñanza.
4º.- El Espíritu de la Reforma había de manifestarse en la Ley orgánica de instrucción pública, promulgada por el presidente Juárez, que establecía desde entonces, la enseñanza primaria gratuita, laica y obligatoria, así como la creación de la Escuela Nacional Preparatoria, por decreto de diciembre de 1867. En el siglo XX, los grandes acontecimientos nacionales han determinado el desarrollo educativo del pueblo mexicano. La Universidad Nacional de México se creó en 1910, y para que pudiera cumplir mejor sus funciones se le otorgó la autonomía en 1929.
De tal manera, el principio del laicismo infiere como término, toda actividad humana; este principio es universal y refiere a que todas las actividades según las reglas se desarrollen con propiedad sin ser impuestas y menos con finalidades e intereses a los que ellas mismas dan. Además, el principio “laicismo”, puede ser invocado en cualquier actividad humana, que no destruya, obstaculice o imposibilite otras actividades humanas.
En su coloquio, “Juárez y el Laicismo” el maestro Ariosto Aguilar Mandujano, contesta certeramente al respecto. El principio del Laicismo en su estructura conceptual no muestra carácter alguno de antagonismo con ninguna forma de religiosidad, ni siquiera con el Catolicismo y agregando comenta: no puede ser entendido sólo como la reivindicación de la autonomía del estado frente a la iglesia, aun mejor frente al clero, ya que ha servido también en la defensa de la actividad religiosa contra la actividad política y aun se utiliza con este fin en muchos países, sirve también para sustentar la ciencia y, en general, la esfera del saber, a las influencias extrañas o deformadas de las ideologías políticas, de los prejuicios de clase o raza.
El principio del laicismo ha sido fundamento de la cultura moderna y es indispensable a la vida y al desarrollo de todos los aspectos de esta cultura. Los adversarios del laicismo son las direcciones políticas totalitarias, retardatarias, obscurantistas, las que siguen con la pretensión de adueñarse del cuerpo y alma del hombre para impedirle toda crítica o rebelión.
Al respecto, sobre el laicismo en sus cometarios el maestro Lombardo Toledano dice que la ética raquítica o ética parcial, que no ve el conjunto, es una ética que aborda uno solo de los aspectos del espíritu, pero que no es la visión filosófica de la vida. Las universidades, escuelas u otras instituciones dedicadas a la enseñanza, insiste el maestro, no pueden tener un credo, aunque debe tener orientación.
Por eso, añade, la libertad es inherente a la cátedra, no debiendo tener más límites el profesor que la obediencia que le impongan las leyes y para finalizar, dice el maestro, que mientras subsista la Constitución de la República, las escuelas, universidades u otras, no podrán adoptar ningún credo especialmente relacionado con las tesis políticas. Concluye: “pero ningún dogma, ninguna teoría como persona moral, ni filosófica, ni política, y para la cátedra la libertad más grande, con el objeto de que se pueda profesar cualquier doctrina filosófica, científica, moral o religiosa. La verdad y el bien son eternos, pero no podemos preconizar un bien circunstancial; el bien de los hombres es permanente y como la investigación ha de realizarse en estos términos, por propia definición, las instituciones de mayor cultura que tenemos, no les compete a estas adoptar una actitud definitiva, la ciencia no está hecha, todo dogma se acaba y se agota.”
De tal suerte, el “laicismo” en nuestra vida nacional, deberá definirse desde el pensamiento y conscientemente, sustanciarse por el cientifismo filosófico educativo desde los albores de la primera enseñanza, la cual implica juicios y criterios razonados en lo individual o colectivo, que adopte congruente y armonioso el concepto “laicismo”. Y su significado como doctrina, agotando se juzgue de lo que se sabe, haciendo las diferencias diversas que sirvan a propósito como principio científico confirmado, el “laicismo”.
De suerte que todo catedrático, como todo el que enseña, sobre todo el que educa, está obligado científicamente a transmitir el conocimiento de la escuela o enseñanza en que se prescinde de la instrucción religiosa y explicar esta doctrina, la cual defiende la independencia del hombre, de la sociedad como del estado mismo, de toda influencia eclesiástica o religiosa, el “laicismo”.
El laicismo, como estructura filosófica, debe ser el instrumento cultural y educativo que en lo individual como colectivo dé certidumbre al grueso de la masa, redimiéndola, preparándola para un mañana mas brillante, buscando siempre su verdadera libertad y, por consecuencia, una nación independiente próspera y educada.
Bibliografías:
Antonio Caso Vs. Lombardo Toledano. Ariosto Aguilar Mandujano.
Diccionario Quillet
Emilio O. Rabasa.
