La guerra de 1846-47 con Estados Unidos: factores que favorecieron nuestra derrota

 La guerra de 1846-47 con Estados Unidos: factores que favorecieron nuestra derrota

Vicente García Rocha.

Continuamos parafraseando a  Martín Moreno, a nadie debe sorprender el atraso económico mexicano si toma en cuenta que en 1822, Iturbide resolvió que México debería ser un imperio…Pero en 1824, decidimos que debería ser una República Federal… En 1836 se abortó el proyecto de República Federal y se adoptó un gobierno central clerical, a través de las famosas Siete Leyes…En 1841 se propusieron las Bases de Tacubaya…En 1843 se adoptan las Bases Orgánicas, más centralismo retrograda, para que en 1846 volviéramos a ser República Federal.

En veinte años habíamos llegado al mismo punto en el que comenzamos, pero habiendo pagado un alto precio en la búsqueda de soluciones: La pérdida de Tejas. Esto fue la primera infancia de nuestro país, que busca su identidad y de su destino.

Iturbide es el primero en asestar un golpe de Estado parlamentario en 1822;  El primero en el México independiente, en 1829, Vicente Guerrero es derrocado por otro golpe de Estado, como más tarde en 1831, derrocaron a Anastasio Bustamante;  El gobierno interino de don Valentín Gómez Farías y su Congreso liberal en 1834, el último gobierno de Bustamante en 1841, el perpetrado en contra de Santa Ana en 1844, el ejecutado  en contra de José Joaquín Herrera en 1845… En 1846 en plena guerra contra Estados Unidos, Paredes y Arrigalla entrega el gobierno el general José Mariano Salas, quien a su vez lo cede  nuevamente  a Santa Ana y a Gómez Farías, unidos  después de la experiencia en 1834. Todo este relato del México Negro, en que un personaje nefasto como Santa Ana tiene el poder hasta por once ocasiones.

La concepción de Nación o de Patria, prácticamente no existía en la mayoría de mexicanos; Es sólo con el derramamiento de sangre entre hermanos y, también contra invasores extranjeros, quienes ávidos de conquista y dominación aprovecharon nuestras evidentes debilidades, con lo que la incipiente conciencia mexicana empieza a fomarse. Ilustramos lo dicho, señalando La lucha a partir del Plan de Ayutla en 1854; un poco después La Guerra de los tres años o de Reforma; La guerra con los Estados Unidos; y, la provocada por la llamada intervención francesa, con las que el concepto de Patria y de nacionalidad se empieza a consolidar entre los mexicanos. Dejamos fuera de esta conciencia al alto clero mexicano, porque no es consciente, ni quiere ser mexicano, como lo demostró ampliamente en, durante y después de los conflictos señalados; Asimismo, con el movimiento cristero, como reacción a la consolidación de las mejores logros de la revolución mexicana, en la década de los años treinta del siglo pasado y, actualmente, con la participación descarada, cínica, retardataria y de intromisión prepotente en cuestiones de política pública, que no le competen de la vida social, pero con la restauración ahora de la educación confesional en todos los niveles del sistema educativo. Todo ello, avalado desde el gobierno del salinato y su caterva de políticos corruptos, tan apátridas como los mismos jerarcas católicos, a quienes reintegraron con amplitud los fueros y privilegios, borrando de un plumazo o modificando los artículos constitucionales relativos; situación que los desgobiernos subsiguientes, pero por supuesto que siguen tolerando y hasta alentando.

Pero volvamos al texto que intentamos reseñar y describir en sus temas fundamentales. Los norteamericanos habían intentado comprar los territorios del norte de México en 1821, desde la nominación de Joel Poinsett, como primer embajador acreditado en nuestro país. Un diplomático yanqui tras otro, como Butler, Shannon, Ellis y Thompson, Slidell, incluso, fracasaron en sus intentos. Los mexicanos no vendíamos ni siquiera un kilometro cuadrado.¡¡¡ Poco nos duró el gusto!!!

La avaricia se había incrementado con la llegada de James Polk al gobierno yanqui, a tal extremo, que las hostilidades se rompieron en junio de 1846. La invasión armada había comenzado por Tejas, Paredes y Arrillaga; El presidente, entregó el cargo a don Nicolás Bravo y se dijo dispuesto a enfrentar al enemigo, sin ocultar el pánico que lo dominaba y que trataba de

(…) ocultar, emborrachándose con coñac francés todas las noches, mientras su esposa invitaba al arzobispo a tirarle agua bendita al presidente en el rostro, en las manos, y en la ropa hasta que estuviera completamente seco el hisopo, mientras que dormía la mona, con la boca abierta llena de baba, para ver si así abandonaba las bebidas embriagantes y recuperaba la conciencia para atender los asuntos urgentes del Estado. Los milagros no funcionaron ante el embrutecimiento y el miedo.

El proyecto de Paredes y Arrillaga, de traer un soberano español encabezando al Estado mexicano, para intimidar a nuestros vecinos del norte con una alianza militar europea que los hicieran desistir de los planes bélicos había abortado. La sangre ya se derramaba en Tejas y Coahuila, pronto llegaría a Tampico, Veracruz, Mazatlán, Los Ángeles, San Francisco, Chihuahua y Sonora. México se teñía de sangre.

Las arcas nacionales estaban vacías como desde el primer día del imperio de Iturbide. Sólo la iglesia católica era la única institución que había acaparado y acaparaba la riqueza de la nación. La perversa institución de agiotistas le importó nada el destino de México. Nos sabia quebrados, sin capacidad de crédito internacional, a los pies del invasor y sin embargo, no dio ni un centavo para financiar la guerra, sino que saboteó  las más caras posibilidades defensivas, con tal de no ver lastimados sus intereses. La guerra con los Estados Unidos se perdió por culpa de Santa Ana y del clero católico, sin ocultar nuestras debilidades militares, el conjunto nos condujo al desastre, sin embargo, hubiéramos podido ganar si no nos dividimos.

El doctor Valentín Gómez Farías se las arregló para lograr la repatriación de Santa Ana de la isla de Cuba, y como en plena guerra y con medio país invadido, habían sido nombrados presidente y vicepresidente de la República, repitiendo la fórmula de 1833; No obstante, le sorprendió y le hizo dudar el hecho de que el Protector de la Nación rompía el bloqueo naval impuesto por los Estados Unidos, a pesar de las órdenes explícitas del presidente Polk, de no permitir el paso de ninguna embarcación a Veracruz. Santa Ana logró romper el bloqueo, encallar su lancha de remos, tocar tierra firme y dar un discurso cargado de patriotismo. Si Gómez Farías hubiera leído el telegrama que Polk envío a Bancrof, secretario de Marina norteamericana, para que permitiera el paso de Santa Ana entre los mas de cien barcos de Estados Unidos, anclados frente a Veracruz: “Si Santa Ana intenta entrar por los puertos mexicanos lo dejará usted pasar libremente. Polk”

Cuando Santa Ana puso un pie en Veracruz ya había pactado en secreto y desde Cuba con el presidente Polk, a través de Alejandro Atocha, los términos para que México perdiera la guerra a cambio de treinta millones de dólares (Santa Ana hizo saber a Polk por medio de Atocha de una oferta de treinta millones de dólares a cambio de los territorios ubicados del Rio Colorado hasta la Bahía de San Francisco, para ver más detalles, cfr. Caruso 1991, p. 63, y Sobarzo 2000, p. 197). Las citas que se reproducen supra, son registradas como notas por Martín Moreno. Incluyo los registros documentales en la bibliografía recomendada, por si alguno de nuestros lectores quiere constatar los datos.

El Benefactor de la Patria vendería una estrategia a los norteamericanos para acabar con las hostilidades a la brevedad posible y suscribir un tratado internacional, por medio del cual, México entregaría los territorios al norte del Río Bravo a cambio de esa cifra. En el diario del presidente Polk, que esta publicado, constan las entrevistas del jefe de la Casa Blanca con el embajador santanista. Si quedan dudas, habrá que estudiar la correspondencia y los archivos de Alexander Slidell Mackenzie, el representante de Polk en las conversaciones diplomáticas, además de consultar los diarios de la época, tanto de Estados Unidos como de México.

El autor de México ante Dios, imagina como podíamos enfrentar la alevosa invasión yanqui, sugiriendo que los mexicanos ya reagrupados, podían haber regresado a atacar las ciudades tomadas por los norteamericanos y que quedaban protegidas por escasas guarniciones, dado que la fuerza militar principal estaría destinada a la toma y al sometimiento posterior de la ciudad de México. Un plan bien orquestado con  arreglo a la guerra de guerrillas, rompiendo las líneas de abasto de dichas ciudades, no sólo de alimentos, sino de pertrechos militares, hubiera asfixiado a la larga al ejercito yanqui; El General Scott habría tenido que destinar una buena parte de sus contingentes para ir a defender o a recuperar lo ya dominado, los mexicanos aprovecharíamos la división de hombres para además de envenenar y de sabotajes de toda índole, aterrorizar a los invasores.

Pero no lo hicimos. El colmo, fue la rebelión de los Polkos, ahí precisamente se inclinó elbalance de la guerra a favor de Estados Unidos. Esta claro, que no nos  derrotaron sólo por inferioridad militar. Si perdimos fue, entre otras razones, porque la iglesia volvió a traicionar a México, una vez más.

El  gobierno carecía de recursos económicos para financiar la guerra. No había dinero y no lo habrá, y mucho menos para sufragar los gastos derivados de un conflicto armado con los Estados Unidos. Quien acaparaba el ahorro de los mexicanos y monopolizaba los haberes de la nación, la iglesia católica, que nunca estuvo dispuesta  a ceder ni media moneda, se negó a acatar las leyes emitidas por don Valentín Gómez Farías y a hipotecar sus bienes  para que México se hiciera de recursos para defenderse del invasor.

El presidente Santa Ana, se dedicaría al diseño de una estrategia  militar para defender la patria amenazada, mientras que don Valentín vería la forma de obtener los recursos para combatir  y largar a los gringos mucho más allá del Río Bravo. El 11 de enero de 1947 decreta la nacionalización de los bienes del clero, así como su venta en subasta pública; El 15 de enero dicta el reglamento para la ocupación de los bienes de manos muertas. Esta vez no habría un Santa Ana para en contubernio con el clero hiciera abortar sus planes para materializar la verdadera independencia de México. Gómez Farías aprovecharía el momento de la invasión para ejecutar sus viejos planes liberales, hacerse de las herramientas del progreso y salvar al país amenazado por los invasores.

Nuestra iglesia no tolerará expropiaciones de sus bienes, ni aceptará gravamen alguno a cambio de ningún tipo de crédito, tampoco consentirá ningún tipo de subastas de su patrimonio, a los herejes impíos no les preocupa la excomunión, pero deben saber que aquella persona, aquel feligrés, aquel creyente que se atreva a comprar o a participar siquiera en una puja en que rematen al mejor postor nuestros bienes, será excomulgado de inmediato… ¡Fuera del imperio de Dios!  ¡Fuera del paraíso! Veremos quien gana. De modo que ni un peos ni menos quince millones…así arengaba a los conjurados el padre Francisco Pablo Vázquez Vizcaíno

Gómez Farías no se encuentra solo: Zavala, el gobernador del Estado de México, expide una ley para hipotecar los bienes del clero y ayudar a financiar la guerra. Un diputado federal representante del estado de Oaxaca, un indio de piel oscura, de baja estatura, incapaz de sonreír, llamado Benito Juárez, también vota con solemnidad por gravar los vienes del clero en quince millones de pesos.

Ante la gravedad de la situación se convoca a una nueva reunión de sacerdotes, en la que desde luego esta presente el padre Francisco Pablo Vázquez Vizcaíno, los purpurados se vuelven a encontrar en la Catedral de México, en el mismo lugar donde se reunieron 13 años antes, en 1834, cuando solicitaron a Santa Ana la fulminante renuncia de Gómez Farías y la inmediata derogación de las leyes anticlericales.

Santa Ana no está en la ciudad de México, ha marchado al frente de su ejército, improvisado para enfrentar en el norte del país al general  Zacarías Taylor. Varias entidades de la federación se declararon neutrales, Puebla, Yucatán, Tabasco, Chihuahua, California. La batalla ha de llevarse a cabo en la Angostura, en Coahuila, a finales de febrero de 1847.

Ante el país invadido, las arcas vacías y tanta confusión, es la coyuntura idónea, es la oportunidad esperada por la iglesia católica para defender sus intereses; Era una señal del cielo, cualquiera que lea en las noches la bóveda del firmamento podrá interpretar las incontestables instrucciones del Señor.

Si los norteamericanos  han extendido las garantías sólidas de que no intentarán sustituir el catolicismo por el protestantismo y han prometido no interferir en los servicios religiosos y que no atentarán contra del sagrado patrimonio del Señor, ha llegado la feliz oportunidad con que Dios nos ilumina para defender como mejor convenga nuestros intereses. Palabras más, palabras menos, con tales términos arengaba el susodicho obispo a los altos jerarcas reunidos, conspirando una vez más contra México.

Y siguió el obispo Francisco Vázquez Vizcaíno, explicando el complejo entorno del país,  en razón al desafortunado regreso de Gómez Farías a la Vicepresidencia, la invasión norteamericana, que la quiebra de las finanzas públicas no era responsabilidad de la Santa Madre Iglesia. “No tenemos la culpa de la incapacidad operativa del gobierno, de los desfalcos, del arcaico sistema de recaudación de impuestos, del sistema federal indeseable como inútil…en ningún caso será nuestra responsabilidad la derrota que se avecina y continuo diciendo así,

Tan pronto sepamos amados hermanos, que nuestro querido general Santa Ana está llegando a su destino y ya le es imposible regresar en el corto plazo, es cuando nosotros debemos hacer estallar, aquí mismo en la capital de la República, un golpe de estado en contra del miserable de Gómez Farías. Es imperativo derrocar a ese demonio ahora mismo, cuando sabemos que no podrá defenderse!…Cuando caiga la ciudad de México, habrá caído el país y nosotros habremos rescatado, por segunda vez, a nuestra amada iglesia de las manos perversas e inmorales de los liberales: Los yanquis están con nosotros. Dios nos los ha enviaron para cuidar mejor los suyo…

El obispo sostuvo conversaciones con Moses Yale Beach, embajador secreto del presidente Polk, quien extendió garantías respeto al ejercicio del culto, como lo que hace a la preservación del patrimonio de la iglesia católica. El ejército norteamericano se compromete a respetar el culto católico y los vienes de la iglesia, a cambio de que los curas se comprometen a convencer a los feligreses desde el púlpito o de los confesionarios para que nunca, en ninguna circunstancia y bajo ningún pretexto, los creyentes atenten contra la vida de un soldado norteamericano, ni a atacarlo con cualquier arma, piedra, veneno, machete, que equivaldría a la comisión de pecado mortal y consecuentemente la excomunión, y pasar la eternidad en el infierno.

Un grupo seleccionado de jóvenes de gran solvencia económica, de la ciudad de México,adscritos a los batallones Independencia, Hidalgo, Mina y Bravo, conocido como los Polkos, llevará a cabo la asonada, con auténticos soldados de la fe, al mando del general Matías de la Peña.

Cuando Santa Ana regrese a Palacio Nacional a apagar la rebelión e impedir la inevitable caída de Veracruz, nos reuniremos con él para condicionar cierta ayuda económica a la destitución de Gómez Farías. Se ha garantizado que la ciudad de Jalapa, Perote y Puebla se rendirán sin disparar un solo tiro y que empeñaríamos nuestro esfuerzo para que la resistencia civil en la capital, sea insignificante.

Proclama del general norteamericano W. Scott:

El ejército americano respeta y respetará siempre la propiedad de la iglesia mexicana, y desgraciado aquel que no lo hiciese donde nosotros estamos Marcho con mi ejército para Puebla y México, no os oculto; desde estas capitales os volveré a hablar; deseo la paz, la amistad y la unión; a vosotros toca decidir si preferís continuar la guerra; de todos modos estad seguros de que nunca faltará a su palabra de general, Winfield Scott, Jalapa 11 de mayo de 1847.

Bibliografía Recomendada.

BAZANT, Jan. Los bienes de la iglesia en México, 1856-1875.—México: El Colegio de México, 1995.

BUSTAMANTE, Carlos María. El Nuevo Bernal Díaz del Castillo o sea Historia de la invasión anglo-americana en México.—México: SEP, 1949.

CARUSO, A. B. The Mexican Spy Company: United States convert operations in México, 1845-1848.—McFarland N.C.: Jefferson, 1991.

Isauro Gutierrez

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