Crónicas de un grito VIII

 Crónicas de un grito VIII

Cuauhtémoc López Sánchez

Morelos se preparó para resistir a Calleja en Cuautla, llamando a Víctor y Leonardo Bravo y dejando a Miguel Bravo hostigando Oaxaca, a Julián de Ávila acosando Tlapa y Chilapa, a Ignacio Ayala en la costa, amenazando Acapulco, a Galeana para defender Taxco y a Vicente Guerrero en Izúcar. El plan original era esperar a Calleja en Izúcar, pero Morelos se fortificó en Cuautla porque contaba con agua, con los conventos de Santo Domingo y San Diego, de dominicos y franciscanos respectivamente, que funcionaban como fortalezas y por estar rodeada  de un bosque que facilitaba su defensa. Encomendó a Hermenegildo Galeana el convento de San Diego, a Leonardo Bravo el de Santo Domingo y la hacienda de Buenavista a Mariano Matamoros auxiliado por Víctor Bravo. Sus efectivos eran de mil infantes, dos mil de caballería combatiendo a pie, mas trescientos hombres que le fueron enviados de Zitácuaro y mil indígenas zapadores y constructores.

Calleja salió de México el 12 de febrero, acampó en Pasulco el día 17 y después de estudiar el sitio, se cambió a Cuatlixco al día siguiente, iniciando el ataque el 19 de febrero. Después de seis horas, se replegaron.

Calleja llamó a Ciriaco del Llano, haciéndolo abandonar el ataque a Izúcar, que había sido rechazado en dos ocasiones por Guerrero y el padre Sánchez Sandoval y reanudó los ataques.

El 23 de febrero, Morelos hizo llegar a los soldados realistas dos proclamas, diciendo: “ya no hay España, porque el francés está apoderándose de ella. Ya no hay Fernando VII, porque o él se quiso ir a su casa de Borbón a Francia, y entonces no estamos obligados a reconocerlo por rey; o lo llevaron a la fuerza, y entonces ya no existe. Y aunque estuviera, a un reino conquistado le es lícito reconquistarse y a un reino  obediente le es lícito no obedecer a su rey cuando es gravoso en sus leyes”. Y en la segunda proclama: “…la soberanía, cuando faltan los reyes, sólo reside en la nación;…toda nación es libre y está autorizada para formar la clase de gobierno que le convenga y no ser esclavo de otra…” Calleja bombardeó Cuautla cuatro días desde el 10 de marzo, sin lograr doblegar las defensas insurgentes y el 14 de marzo escribió al virrey, diciendo: “Cuento hoy cuatro días de fuego que sufre el enemigo, como pudiera una guarnición de las tropas más bizarras, sin dar indicio de abandonar la defensa”. Cortó el agua que llegaba de Juchitengo, pero los defensores de Cuautla cavaron pozos y cuando escasearon los alimentos, comieron ratas, insectos, corteza de árbol y el cuero que encontraban, mientras Morelos organizaba eventos para premiar la heroicidad de sus hombres. Calleja escribió nuevamente a Venegas: “si la constancia y actividad de los defensores de Cuautla fuese con moralidad y dirigida a una causa justa, merecería algún día un lugar distinguido en la historia”.

El 30 de marzo, Miguel Bravo intentó introducir alimentos a Cuautla, pero fue rechazado; el 7 de abril hubo otro intento por López Rayón con resultados negativos. El 21 de abril, Matamoros logró romper el cerco y reunirse con Miguel Bravo en Tlayacac, donde colectó víveres para llevarlos a Morelos, pero Calleja, apoyado por el regimiento de “Loberas” que comandaba Llano, lo rechazó y Mateo Nieto alcanzó a Bravo en Tlacalaque y lo derrotó, apoderándose de armas y víveres. También Valerio Trujano llegó a las inmediaciones de Cuautla con víveres y fue derrotado.

En su desesperación, Calleja ofreció $ 5 000.00 a quien entregara vivo o muerto a Morelos y la codicia llegó a varios insurgentes como Manso, el capitán Torres, el teniente Carrillo, el alférez Pastrana y el sargento Barrera, todos descubiertos y detenidos.

La estrategia de Morelos era resistir hasta que la temporada de lluvias hiciera estragos entre el enemigo, pero ese año las lluvias escasearon y a pesar de actos heroicos como el del niño Narciso Mendoza disparando un cañón contra los realistas que habían roto la trinchera, la toma de Galeana del canal para reabastecerse de agua y el ofrecimiento de amnistía ofrecida por Calleja el 28 de abril, a la que Morelos respondió ofreciendo los mismos términos si los realistas se rendían, los insurgentes no pudieron evitar que el hambre y las enfermedades terminaran por debilitar a la población y al ejército, así que Morelos decidió evacuar Cuautla y en la madrugada del 2 de mayo de 1812, con la vanguardia a cargo de Galeana y un grupo de lanceros, seguidos por heridos y la artillería, después Morelos acompañado por Leonardo y Víctor Bravo y en la retaguardia el capitán Anzures con la caballería, por el lecho del río, a pesar de haber sido descubiertos, los insurgentes lograron escapar, rompiendo el sitio después de 63 días de asedio. Morelos fue perseguido por Anastasio Bustamante y Juan Amador hasta Ocuituco y siendo protegido por su escolta, fue por Guayapa a Izúcar, donde se reencontró con Miguel Bravo y juntos fueron a Chetla, luego a Chiautla. En la retirada, Leonardo Bravo llegó a la hacienda de San Gabriel, donde fue detenido.  

Durante los más de dos meses que los insurgentes estuvieron en Cuautla y sus alrededores, fue aprovechado por los realistas para recuperar Taxco, Chilpancingo y Chilapa, entretanto que López Rayón era obligado a refugiarse en Amatepec, donde se organizó con Manuel Mier y Terán,  para tomar Toluca, fracasando, hasta que en un intento, el 18 de abril, perdieron municiones y artillería.

Calleja entró a Cuautla y con el pretexto de que la peste podía extenderse a su ejército, ejecutó enfermos, mujeres y niños. Su disgusto fue tan grande, que enfermó por derrame biliar.

En Chiautla, Morelos, después de recuperarse de una caída durante la huída de Cuautla, reunió más de 800 hombres dispersos y se preparó para adueñarse de Oaxaca, enviando de avanzada a Trujano que se apoderó de Huajuapan. El 1 de junio Morelos se apropió de Citlala y acudió en auxilio de Trujano que había resistido un sitio de 110 días en Huajuapan y atacando por la retaguardia y a dos fuegos, el 13 de julio derrotaron a los realistas, muriendo su jefe Caldelas. Los insurgentes se apoderaron de 30 cañones, mil fusiles, municiones, víveres, dinero y caballos. Reanimado y aprovisionado, Morelos se dirigió a Tehuacán a donde llegó el 10 de agosto. Para entonces Mier y Terán había invitado a unirse a la causa insurgente a José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, quien cambió su nombre por el de Guadalupe Victoria. Juntos, se agregaron a los ejércitos de Morelos para la toma de Oaxaca.

En junio, la Junta de Zitácuaro mostró sus debilidades y el día 18 se disolvió, con acusaciones mutuas de interferir en las acciones que cada uno realizaba y López Rayón, Liceaga y Verduzco se separaron. Por si fuera poco, Leonardo Bravo, hecho prisionero en San Gabriel en la retirada de Cuautla, había sido trasladado a México, juzgado y condenado a muerte, aunque el virrey retrasó la ejecución esperando que influyera en sus hijos para que abandonaran la lucha. Los tres hijos de Leonardo se negaron y aunque Morelos propuso dejar en libertad a 800 prisioneros españoles a cambio de don Leonardo, el virrey no aceptó y Leonardo Bravo fue ejecutado a garrotazos el 13 de septiembre de 1812. Morelos comunicó a Nicolás Bravo la noticia, con la orden de fusilar a más de trescientos prisioneros que tenía en Medellín, Veracruz. Bravo preparó la ejecución y a pesar de su dolor, la suspendió, dejándolos en libertad. Solamente cinco no se unieron a los insurgentes.

En Tehuacán, Morelos recibió ayuda desde México de un grupo que también había apoyado a Hidalgo: Los Guadalupes, integrado por simpatizantes de la independencia que permanecían en el anonimato y que formaban parte de una organización secreta, que inclusive, le proponía a Calleja que él consumara la independencia. Para recibir la ayuda, Morelos acudió a Ozumba y enterados los realistas encabezados por Luis del Águila, le dieron alcance en Chachapa, entrando en combate y derrotándolo. Morelos pudo escapar pero perdió tres cañones, regresó a Tehuacán y se preparó para ir contra Orizaba y tomándola el 29 de octubre, quemó la producción de tabaco que redituaba grandes ganancias a la colonia, además de apoderarse del armamento, plata, alhajas y objetos de valor y regresó a Tehuacán.

Para recuperar Tehuacán, fue comisionado Luis del Águila, quien ya había enfrentado y derrotado a Morelos en Chachapa y salvo breves enfrentamientos, Morelos logró burlarlo en las cumbres de Acultzingo y llegar a Tehuacán, donde empezó a prepararse para ir sobre Oaxaca.

Valerio Trujano fue comisionado para reunir provisiones y se trasladó al rancho La Virgen, cerca de Tepeaca, donde se encontraba una división realista al mando de Saturnino Samaniego, quien llegó en auxilio de los habitantes del rancho y atacó a Trujano que se refugió en la casa. Samaniego la incendió haciendo salir a los insurgentes. Trujano ya estaba a salvo, pero su hijo no y al regresar por él, murió acribillado en el momento en que los refuerzos llegaban, hiriendo a Samaniego y obligándolo a retirarse a Tepeaca. Valerio Trujano fue enterrado en Tehuacán. Una dura pérdida para Morelos y la causa insurgente.    

A pesar de que Los Guadalupes recomendaban a Morelos tomar Puebla para dominar el paso a Veracruz y después seguir a México, éste decidió ir a Oaxaca y salió de Tehuacán el 10 de noviembre con los Galeana, los Bravo, Matamoros, Guerrero, Guadalupe Victoria y Mier y Terán.

La defensa de Oaxaca estaba a cargo de Antonio González Saravia con dos mil efectivos, cuarenta cañones y recursos suficientes. Morelos reclutó cinco mil hombres y llevaba cuarenta cañones. El primer enfrentamiento ocurrió en Etla, contra doscientos dragones que fueron derrotados y el 24 de noviembre llegó a Oaxaca, invitando a la rendición, pero al no aceptar, el 25 de noviembre inició el ataque, que después de tres horas, en el que murió González Saravia, Oaxaca había caído, apresados Régules, Bonavía y Aristi, que fueron fusilados el 2 de diciembre de 1812. En la toma de Oaxaca ocurrió la famosa frase de Guadalupe Victoria: “Va mi espada en prenda, voy por ella”. Morelos comunicó a López Rayón, que en Oaxaca contaban con un reducto que valía un reino, porque Oaxaca producía grana que exportaba a todo el mundo y de esa manera golpeaba por segunda vez la economía de la Nueva España, después de la quema de tabaco en Orizaba y partía en dos el reino de ultramar. Morelos acuñó moneda, nombró una junta de policía, un nuevo Ayuntamiento con mexicanos, instituyó una caja nacional para el manejo de los caudales públicos, fundó el periódico “El Correo del Sur” a cargo de Carlos María de Bustamante y se preparó para atacar Acapulco.

Isauro Gutierrez

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