A ciento cincuenta y dos años del Cerro de las Campanas


Ismael Acosta García,
Politólogo y sociólogo
El pasado 19 de junio se cumplieron ciento cincuenta y dos años del fusilamiento de Maximiliano y sus secuaces en el Cerro de las Campanas. El 15 de mayo de 1867, en San Luis Potosí, Juárez, el ilustre masón, fue informado de la victoria de las armas nacionales en Querétaro frente al imperio que, apoyado por los colaboracionistas conservadores, pretendieron hacer de México un anexo más de la Francia de Napoleón III.
Concluían así cinco años de guerra, cinco años de lucha por la causa republicana que ejemplarmente personificó Benito Juárez. En la histórica carta que tardíamente envió Víctor Hugo al patricio pidiendo el indulto de Maximiliano, también decía que en esa lucha había,
“por una parte dos imperios, y por la otra un hombre. Un hombre con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilería de los consejos de guerra, perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en el desierto, proscrito por generales, algunos desesperados; por soldados, algunos desnudos. Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones. Los matorrales por ciudades. Aquí (en Francia) la usurpación llamándose legitimidad; allá (en México) el derecho, llamándosele bandido … y un día, después de cinco años de humo, de polvo y de ceguera, la nube se ha disipado y entonces se han visto dos imperios caídos por tierra. Nada de monarquía, nada de ejércitos; nada más que la enormidad de la usurpación en ruina y sobre este horroroso derrumbamiento, un hombre de pie, JUÁREZ, y del lado de este hombre, la libertad”.
Por eso fue que en un abril del 71 del siglo XIX, Juárez, fue electo diputado honorario por el distrito parisiense de Belleville. Y en Italia, los seguidores del patriota e ilustre masón José Massini se referían al indio de Guelatao como el “Presidente de la República Universal”.
Refiramos un breve hecho histórico que da cuenta del verdadero ánimo que inspiraba a Juárez la Francia de la libertad. En 1870, cuando Napoleón III había caído y las tropas prusianas ocupaban la Francia republicana, Juárez, manifestó en una carta:
“ los sentimientos fraternales animan a todos los verdaderos mexicanos hacia la noble nación a la que tanto debe la sagrada causa de la libertad, y a la que nunca hemos confundido con el infame gobierno de Bonaparte”. –Y continúa- “la causa de la Francia republicana es la de todos los pueblos libres” -e informa que-, “600 veteranos de la lucha por la independencia, los mismos que durante cinco años sostuvieron la guerra justa contra las tropas de Bazaine y Dupin, se han embarcado con la intención de ir a Europa a combatir contra los prusianos y al lado de sus verdaderos hermanos, el pueblo de Francia”.
Esa era la estatura de Juárez. No alimentaba ni odios ni rencores.
Hoy, a ciento cincuenta y dos años de distancia los nuevos bonapartes, los nuevos maximilianos y los nuevos colaboracionistas desnacionalizados se vuelven contra México. Los coparmex, los mexicanos primeros, los Lala, los Cemex y Bimbo, los Alfa, Femsa, Vitro, Grupo México, Liverpool, Carso y demás ingratos que han desestimado el ejercicio ciudadano que con dolor y lucha parió el pueblo mexicano en su concurso democrático del 1 de julio de 2018, disputan ante los tribunales del neoliberalismo los beneficios indebidos que les entregaron gobiernos retrógradas que han sido vencidos por el voto del pueblo.
Por estas razones, para los liberales comprometidos con su doctrina histórica, esta fecha no debe pasar desapercibida. Reclama que, como Juárez y los hombres de la Reforma, se debe estar alertas, siempre alertas, enarbolando los principios y la legalidad como bandera contra los enemigos históricos del México de ayer y de ahora.
Es cuanto.
