Polémica por la identidad


Efraín del Castillo
Como ya se ha hecho costumbre, el 12 de octubre es una fecha que alrededor del mundo despierta y enciende pasiones, toda vez que cada año hay más conciencia de lo que significó para los pueblos de la hoy América Latina, la llegada de los españoles que vinieron a colonizar las tierras de todos los territorios que más tarde se constituirían en países independientes donde sobrevivieron los pueblos originarios, a pesar de las distintas formas de opresión a que fueron sometidos.
Por ello, cada año caen más estatuas de Cristóbal Colón y algunos otros integrantes de la colonización principalmente sacerdotes de la iglesia católica, quienes jugaron un papel estelar en la dominación y fueron artífices de la construcción de los templos, catedrales, monumentos y magnas obras de infraestructura hidráulica que aún identifican a nuestras ciudades, sin que muchas de las ocasiones recordemos las circunstancias que estuvierondetrás de su edificación.
He escuchado a lo largo de los años diversas justificaciones en el sentido de que Colón ni siquiera llegó al territorio de lo que hoy es México. Ese hecho no lo exonera, ni lo incrimina en lo personal, pero sí se reflexiona sobre el uso icónico de su nombre y de su efigie, en estricto sentido no se entiende la razón que existió para honrarlo y asignarle el rol de héroe. ¿Descubrimiento? ¿Encuentro de dos mundos? ¿Colonización? ¿Conquista? El calificativo puede o no ser relevante, pero el hecho fundamental es que los procesos que se dieron en diversas latitudes del planeta tenían la clarísima idea de expandir el poderío de los imperios europeos y apropiarse de sus riquezas naturales, principalmente las minerales, es decir, oro, plata, diamantes, petróleo, etc. En realidad, era una acción eminentemente extractivista o de saqueo.
El tema de las razas es otra de las aristas de la polémica. Se habla de mestizaje para encubrir el asunto. A la fecha, en nuestro país existe una mezcla infinita de grupos raciales que hemos aprendido a convivir y eso se expresa en los rasgos fenotípicos y en las combinaciones de nombres y apellidos, así como en la nomenclatura de nuestras poblaciones que en una buena parte tienen un nombre originario ó pagano y otro, religioso.Por ejemplo, San Antonio Mixquiahuala, en el estado de Hidalgo, dónde la población se negó a someterse a los designios del imperio de Maximiliano de Ausburgo y se mantuvo leal al gobierno de Benito Juárez ó San Miguel Coatlinchan, en el estado de México, sitio donde se localizó ese inmenso monolito conocido como Tláloc.
Quienes a lo largo de las décadas hemos tenido la oportunidad de trabajar en las comunidades indígenas y conocemos un poco de la cosmovisión de sus habitantes, entendemos las razones de su inconformidad, que por supuesto las expresan pero no con mucho eco. En ese sentido y a manera de ejemplo, durante siglos se ha empleado el término “malinchismo” para calificar a aquéllos que traicionan. Los tlaxcaltecas no aceptan esa denominación, pues argumentan y creo que no les falta razón, que en aquélla época ellos eran enemigos de los aztecas, por lo tanto su alianza con los españoles no significaba una traición ya que no había una nación mexicana consolidada. Hay diversos textos que abordan el tema y que nos ilustran con mayor claridad y abundamiento a ese respecto.
Otra cuestión es la expoliación de los recursos nacionales. ¿Dónde quedó el tesoro de Moctezuma? Es un punto que se ha reavivado últimamente. Más allá de esa parte emblemática, deberíamos reflexionar sobre el destino de las inmensas cantidades de oro, plata y demás minerales que se llevaron del país. El caso del petróleo es patético y ése lo hemos alcanzado a presenciar las últimas generaciones. Las maderas preciosas de nuestros bosques y selvas también han sido motivo de saqueo, con esquemas de burda deforestación o a través de mecanismos de asociación para la explotación indiscriminada de esos recursos.
En fin, esta fecha emblemática que históricamente nos fue inculcada como Día de la Raza, es la fecha de la imposición de una cultura supremacista que vino a sustituir costumbres y tradiciones, a reemplazar el diseño arquitectónico de las poblaciones, a modificar las lenguas originarias, a imponer el estereotipo del hombre blanco y bárbado y, sin tener pruebas fehacientes, a la trata de personas, principalmente del sexo femenino. Ahora somos producto de un sincretismo cultural que se compone de elementos de los dos mundos, por lo cual tenemos problemas de identidad nacional que nos ha costado mucho trabajo superar. ¿Qué nos causa más orgullo?
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