Plotino (205 d.C. – 270 d.C.)

 Plotino (205 d.C. – 270 d.C.)

Pablo Manuel Ramos Vallejo

“Tres cosas conducen a Dios: La música, el amor y la filosofía.”

Plotino

Plotino, filósofo griego neoplatónico, fue un judío copto con nombre romano. Nacido en el año 205 d.C. en Licópolis, hoy Asyut o Assiut, que fue la capital del XIII nomo del Alto Egipto, ciudad situada en la ribera izquierda del río Nilo a 359 km al sur de El Cairo.

De su infancia no tenemos datos y lo poco que se habla de su juventud, se dice que: no era cristiano, pero era un asceta que llevaba una vida sencilla en medio del lujo y los placeres de la roma imperial, que en la vida diaria redujo la comida y el sueño a lo indispensable. Igualmente que era vegetariano, que nunca contrajo matrimonio y tampoco se dejó retratar, también se dice de él,que recogía niños huérfanos y les daba educación. Lo que sí está claro es que a los veintiocho años sintió el anhelo por la filosofía y se trasladó a la ciudad de Alejandría, cuyo Museion y Biblioteca, fundados por Ptolomeo Soter en el siglo IV a.C., todavía irradiaban la potente luz de la búsqueda del conocimiento. Allí, tras escuchar a varios de los más prestigiosos filósofos, se encontró con Amonio, apodado Sakkas. Misterioso sabio que impartía sus lecciones en aquel centro, con quien permaneció por espacio de diez años. Es bueno apuntar que, Amonio Sakkas se dedicaba a formar a un numeroso grupo de discípulos, en una escuela filosófica de tendencia ecléctica, que buscaba la verdad, conciliando las disciplinas, las corrientes de pensamiento y las creencias; por lo que los novicios, eran conocidos como: analogistas, teósofos o filaleteos, término, éste último que denotaser “amante de la verdad”.

Podemos vincular la escuela y las enseñanzas de Amonio Sakkas a las del sacerdote egipcio Pot-Amun, el cual en los primeros tiempos de la dinastía de los Ptolomeos promovía el estudio comparado de las religiones: egipcia, zoroastriana, judía, budhista y vedantina, así como las filosofías pitagórica, platónica y aristotélica.

A los 38 años, Plotino, que había conocido los sistemas de pensamiento orientales en la escuela de Amonio Sakkas, viajó a Oriente, participando en la comitiva imperial del joven Gordiano III, en su campaña contra el rey sasánida Sapor I. Plotino, pretendía “experimentar la filosofía que se practica entre los persas y la que florece entre los indios”, según indica Porfirio, su discípulo y biógrafo. Aquí se da la singular circunstancia que en el séquito del rey persa Sapor se encontrabacomo consejero Mani, líder religioso persa, fundador del maniqueísmo, reformador de la antigua religión zoroastriana.

Pues bien, una vez finalizada la expedición, y tras la firma de la paz con los persas por parte del sucesor de Gordiano, Filipo el Árabe, Plotino llega a Roma a la edad de cuarenta años, iniciando así una etapa de gran trascendencia en su vida. En la espaciosa casa de la viuda Gémina empieza a impartir sus lecciones. Poco a poco se va conformando una escuela filosófica en torno a él, integrada por discípulos a los que Porfirio identifica con detalle, entre los cuales se encontraban influyentes personajes de la ciudad: senadores y hasta el mismo emperador Galieno y su esposa Salonina se sintieron atraídos por sus enseñanzas. Esta amistad animó al filósofo a solicitar del emperador la concesión y restauración de las ruinas de una ciudad de filósofos que se decía que había existido en la Campania (campo feliz, región del sur de Italia), para fundar allí una ciudad similar, regida por las leyes platónicas, que se llamaría “Platonópolis”.

Pero las intrigas y rivalidades políticas impidieron la realización de esta aspiración. De cualquier manera, la escuela de Plotino estaba siempre animada con la presencia de muchos jóvenes con los que ejercía de tutor o consejero, y toda clase de gentes de la sociedad romana que acudían para consultarle sobre aspectos no sólo filosóficos, sino tan cotidianos como la correcta administración de sus bienes o herencias. Sus lecciones estaban abiertas a todos los públicos, aunque un círculo interno de discípulos recibía una instrucción especial, orientada al despertar del “hombre interior” al que se refería Platón, y a elevar el alma hacia la contemplación y el éxtasis.

Dada la afición que tenía por la hermosa región de la Campania al sur de Italia, que limita con el Lacio al noroeste, con Molise al norte, Apulia al noreste, Basilicata al este y el mar Tirreno al oeste. Plotino, solía retirarse a la finca de su amigo y discípulo, el médico Zeto de Arabia, ubicada en ese privilegiado territorio, lugar mismo donde precisamente vivió sus últimos días. Se dice que cuando ya había muerto Zeto. Plotino, aquejado de una enfermedad que se ha identificado como “elephantiasis graecorum”, parecida a la lepra, muere en manos de su médico y fiel discípulo Eustoquio a quien le dice: “A ti te estoy esperando todavía. Esfuérzate por elevar lo que de divino hay en nosotros hacia lo que hay de divino en el universo”, verdadera síntesis de su vida y doctrina. Era el año 270 y contaba con sesenta y seis años de edad.

A la muerte del Maestro, su discípulo Porfirio se hizo cargo de la Escuela. Porfirio, además de ser el autor de su biografía, fue el artífice de la sistematización y publicación de sus tratados que son en total 54 y están ordenados en seis grupos de nueve, resultado de lo cual reciben el nombre de Enéadas; tratados mismos que se consideran junto a los de Platón y los de Aristóteles, como uno de los Tratados más sólidos de la Antigüedad.

Plotino fue ante todo un Maestro, dedicado a enseñar a sus discípulos una sabiduría, recibida a su vez del enigmático Amonio Sakkas, sapiencia que podríamos calificar de mistérica, en el sentido su orientación hacia la vivencia y la elevación espiritual. Al principio, debido a un compromiso que habían adquirido los discípulos del sabio egipcio de no divulgar sus doctrinas, Plotino no escribía sus lecciones, pero transcurridos unos diez años desde el comienzo de su escuela en Roma, había comenzado a reunir en notas escritas los temas de sus lecciones. La llegada de Porfirio, el erudito filólogo tirio, resultó decisiva pues, a solicitud del Maestro, asumió la tarea de sistematizar y corregir tales escritos en un corpus coherente, las “Enéadas“, obra como ya dijimos, constituida por seis libros de nueve tratados cada uno. La primera Enéada contiene los tratados de tipo ético, sobre las virtudes, el Bien primario y los otros bienes, la felicidad, la belleza… Las Enéadas segunda y tercera comprenden tratados sobre el cosmos en sus diversos aspectos tanto físicos – sobre las dos materias, la rotación celeste – como algo más metafísicos: sobre el amor, la fatalidad, la providencia, la eternidad y el tiempo, o la impasibilidad de las cosas incorpóreas, entre otros. Los tratados que integran la cuarta Enéada tienen como tema central el Alma: esencia, problemas, inmortalidad…, mientras que la quinta se refiere a la Inteligencia: las tres hipóstasis, la belleza inteligible, incluyendo lo que está más allá y las Ideas. Por último, la Enéadasexta se refiere a temas ontológicos, como los géneros del Ser, los Números, el Bien y el Uno

Definido como Neoplatónico místico, Plotino realiza una nueva fundamentación de la metafísica clásica, tomando caminos más ligados a la mística de raigambre pitagórica y platónica,que al camino seguido por Aristóteles. Habría que partir de la idea de que la filosofía de Plotino, es una suerte de Cosmogonía unida a una Física. La forma teórica que asume su discurso es la metafísica. En ese sentido es heredero de Aristóteles y, sobre todo, de Platón.

En concreto, podemos afirmar que, la doctrina central de Plotino, es su teoría de la Hipóstasis o Trinidad, compuesta del Hen La unidad, Nous La razón y Psyché el alma.

El Hen o Uno de la trinidad de Plotino es indescriptible, ya que es la unidad, lo más grande, hasta tal punto que a veces le denomina el propio autor como Dios, único, infinito. Plotino antes de querer corregir, prefiere guardar silencio que decir algo. Una actitud claramente mística. Como principio y última realidad, esta absoluta trascendencia hace que no existan términos para referirla. Se trata entonces de la Unidad de todas las cosas. Es ése el centro de toda su doctrina. El Uno está más allá del Ser y, por lo tanto, no hay ninguna definición que describa positivamente al Uno y opta por la vía negativa. Elude su comprensión.

El siguiente elemento es el Nous. No hay una traducción adecuada pero algunos autores lo identifican con espíritu, mas esta vez no con un sentido místico sino intelectual. La explicación del “Nous” por Plotino parte de la semejanza entre el Sol y la Luz. El Uno sería el Sol y la Luz el Nous. La función del Nous como luz es la de que el Uno pueda verse a sí mismo, pero como es imagen del Uno, es la puerta por la que nosotros podemos ver al Uno. Plotino afirma que el Nous es observable simplemente aplicando nuestras mentes en dirección opuesta a nuestros sentidos. Este concepto está tomado de la noción de dialéctica de La República de Platón, donde en un proceso similar se dice que conduce a la visión de la forma del Bien, no del Bien mismo.

El último elemento es La Psyché o el alma, la cual es de naturaleza doble. En un extremo está ligada al Nous y tira de él. En el otro extremo se asocia con el mundo de los sentidos, de la cual es creadora. Por tanto, Plotino considera a la Naturaleza como una emanación hacia abajo del alma.

Sobre la inmortalidad, Plotino adopta el criterio expuesto en el Fedón. El alma del hombre es una esencia, y como tal es inmortal, pero afirma que tiende a fundirse con el Nous y por consiguiente pierde su personalidad.

La filosofía de Plotino se fundamenta en Platón, aportando una interpretación original, en la que detectamos las huellas de los sistemas de pensamiento orientales. Ya que parte del planteamiento del problema original de la creación, en la que establece los tres niveles, o hipóstasisa que nos referimos.

Aunque Plotino presentaba sus enseñanzas como comentarios a la obra de Platón, su aportación trasciende el ejercicio de lectura y acaba generando un corpus peculiar, aunque de clara resonancia platónica. Así, su doctrina responde a la demanda de espiritualidad y universalismo propia de la época a través de una síntesis del racionalismo griego y el pensamiento oriental.

Plotino podríamos decir que es panteísta y que defiende un monoteísmo, pero a diferencia del cristianismo, que propone un Dios personal, Plotino afirma la absoluta negatividad de Dioscomo tal, al que llama «lo Uno», y del que no es posible predicar ningún atributo, pues ello conllevaría limitación y por tanto imperfección. Lo Uno es causa de todo lo demás, pero no como resultado de su voluntad, sino como efecto necesario de su absoluta perfección; lo Uno genera por emanación, sin pérdida de la propia sustancia, y lo producido se estructura en sucesivos grados de imperfección hasta llegar al grado más bajo, la materia pura, privación y antítesis absoluta de lo Uno. Sin embargo, la materia aún refleja lo Uno, su fuente, y trata de retornar a él, en un movimiento de signo inverso que es igualmente necesario.

El hombre, integrado en este movimiento de retorno a lo Uno, debe evitar el autoengaño en que ha caído al entregarse a la pluralidad de los objetos y acciones, y buscar la verdad, en sí mismo y en la negación de todo objeto y mediación, incluido el propio yo, por lo que la doctrina de Plotinoderiva en una contemplación de índole mística.

La emanación de las hipóstasis, procesión de las mismas y conversión en lo Uno son, por lo tanto, los conceptos capitales de la filosofía Plotiniana. Sin ellos es imposible comprender por qué el sabio debe trascender siempre sus propias limitaciones y en vez de recogerse egoístamente en sí mismo, orientarse hacia el orden eterno del universo. Ahora bien, la purificación (conseguida casi siempre por el constante ejercicio de la intuición intelectual) es para ello un elemento indispensable. Al purificarse, el alma asciende por la escalera que conduce hacia la unidad suprema: el punto de vista del ser (del ser eterno y Uno) acaba por predominar sobre todos los demás, sobre el desorden, la génesis, la dispersión y el tiempo. Todo lo que no sea contemplación resulta, así, una debilitación de ella, una mera sombra. Imitadora de los dioses en la tierra, el alma del sabio (del sabio neoplatónico) consigue por la purificación y la contemplación ser lo que realmente es: el reflejo exacto y fiel de la razón universal.

Para culminar diremos que: de manera evidente, la influencia de la Filosofía Plotiniana fue muy amplia y extensa, configurando la corriente que conocemos como Neoplatonismo, con brillantes manifestaciones desde Agustín de Hipona, Escoto Eriúgena, Nicolás de Cusa, hasta Leibniz, Spinoza o Schelling. En el Renacimiento, Marsilio Ficino, hizo de Plotino el Maestro inspirador de la Academia florentina de Villa Careggi, feudo cultural de la familia Medici.

Concretando, diremos que Plotino resucita el platonismo agregando ideas religiosas, aunque no cristianas como Orígenes, o hebreas, como Filón. Plotino predica que el hombre es una triada: cuerpo, alma, mente. Y decía que lo mismo sucede con Dios. Y aunque algunas fuentes católicas se lo atribuyen a Tertuliano o a Teófilo, Plotino fue el primero en avivar este concepto del tres en uno, que luego inspiraría la Santísima Trinidad Cristiana. Pues aunque resulte polémico, podemos afirmar que sin habérselo propuesto, las ideas de Plotino nutrieron al cristianismo.

Antes de él, la Iglesia Cristiana no hablaba de una Santísima Trinidad, por lo que esta,como lo veremos en el siguiente artículo que hablaremos sobre Agustín de Hipona, se adjudicó las ideas de este filósofo. Ideas derivadas del razonamiento de Platón y Parménides, que éstos a su veztomaron de las culturas egipcia e hindú. Lo anterior se afirma basados en que los escritos de Plotinotraducidos por Mario Victorino, neoplatónico convertido al cristianismo, llegaron a manos de Agustín de Hipona. Por lo que se deduce que la concepción que expone Agustín de Dios y del almacomo entidades inmateriales, claramente delata que son un concepto proveniente de tal fuente. Bajo este influjo, Agustín de Hipona introduce definitivamente el inmaterialismo en toda la filosofía posterior. Y es así, como ya lo decíamos, que los precursores de la naciente religión cristiana, dogmatizan los principios fundamentales del razonamiento filosófico. Hipótesis por demás absurda ya que la especulación humana se eleva por sí misma a un excelso nivel divino. Al hermético… Uno de Plotino.

Es Cuanto.

Isauro Gutierrez

Salir de la versión móvil