Perdonad a los vencidos

José Carlos Avilés Becerril
Llegó a mis manos un libro cuyo título llamó mi atención, se llama: Capítulos Olvidados en la Historia de México, publicado en 1994, por la trasnacional Reader´s Digest, ¿Qué tiene de particular mencionar esa editorial que ha difundido profusamente por el mundo sus famosas SELECCIONES?
Por una parte, mencionar que solamente de ese libro se hizo un tiraje de 26000 ejemplares y se distribuye por los países de habla hispana, lo que permite una amplia difusión.
Por otro lado, aparecen en dicha edición varios pasajes y personajes poco tomados en cuenta por nuestra historia “oficial”.
Me llamó también la atención las frases: Perdonad a los vencidos. Y otra: “…yo no quiero que les hagas nada a los belgas.” Las dijo una mujer a quien se le conoce como la “Heroína del Imperio”. Se dice incluso que en la ciudad de Oudenaarde, Bélgica, construyeron una plaza con un monumento de guerra en el centro. Ésta plaza lleva el nombre de “Plaza Tacámbaro”.
También se sabe que en esta batalla murió en el combate el joven capitán Chazal hijo del ministro de Guerra de Bélgica y su cadáver fue trasladado a su país. En Bruselas, Bélgica colocaron una placa en la que se señala éste hecho. Recuerdan también a esta heroína que salvó a muchos de ellos de ser fusilados en la batalla del 11 de abril de 1865.
Bueno, hagamos una pausa para la pregunta:
¿Y quién fue la heroína de la que hablamos?
Se trata de doña Soledad Solórzano de Régules, lo sorprendente, es que en México y aún en Michoacán, poco se le conoce al gesto humanitario que tuvo con el batallón de belgas del regimiento de la emperatriz Carlota, que salió de México, con la finalidad de destruir el cuartel de Nicolás de Régules, general republicano.
La Sra. Soledad Solórzano nació en Tlalpan D.F. en 1844. De padres originarios de Tacámbaro Mich. Podemos presumir “orgullosamente michoacanos”. Y murió en 1884
Se casó a los 15 años con el entonces teniente coronel Nicolás de Régules, acompañando en sus campañas al guerrillero liberal, o sirviendo a la causa en donde se encontraba. Algunos de estos datos se consignan en la Enciclopedia de México.
En 1865 marchó el Gral. Márquez sobre Morelia, donde se hallaba la esposa de Régules; con otras familias que huyeron rumbo al Balsas. Durante la guerra de Intervención estableciose en Tacámbaro donde tenía su casa y vivía con sus tres hijos: Fidel, Juana y Teresa, ahí también instaló un hospital para heridos y enfermos, recibía enfermos de los dos bandos, como lo hacía Florence Nightingale en la guerra de Crimea, por lo que se le reconoce como la madre de la enfermería moderna.
Aquí, en Michoacán podemos presumir a dos altruistas mujeres en ése ámbito a doña Soledad Solórzano de Régules y en el otro periodo histórico de la Revolución Mexicana, a Doña María Cendejas conocida como “María la del Hospital”.
Cuando inicialmente, la ciudad cayó en manos de los imperiales repartió a sus enfermos en diversas casas y huyó al pueblo de Ario. Después se internó en la tierra caliente, con sus hijos, donde tuvo grandes padecimientos. Decaída de salud se refugió en Tacámbaro; fue aprehendida por los soldados imperiales, sin quebrantar su valentía pues se condujo con gran dignidad.
El coronel Tydgat encabezaba a los belgas, que llegaron a la ciudad de Tacámbaro, en abril de 1865.
Como Régules se dirigía a atacar la plaza, se quiso utilizar la cautividad de su familia para convencerlo de que desistiera de su empeño a lo que se negó. Éste jefe belga pertrechado en Tacámbaro, condujo a la Sra. Régules e hijos al reducto de la iglesia y puestos en una trinchera como escudo humano.
Recibiendo los primeros embates de las fuerzas mandadas por su marido, quien sabiendo del peligro que corría su esposa, dio, sin embargo, voz de ataque. Sus seguidores queriendo disuadirlo, sólo escucharon el eco de la voz de Vicente Guerrero, en las palabras de Régules: ¡La Patria es primero!, ¡La Patria es antes que la familia!
Al apoderarse de la parroquia los belgas y de las casas adyacentes, una de las cuales ocupaba la familia Régules, la que fue incendiada.
Como decíamos anteriormente, olvidándose de cualquier código de guerra, Tydgat retuvo a la familia del enemigo en calidad de rehenes. Para inducirlo a la rendición, el jefe de los belgas colocó a ésa familia al frente de la línea de fuego. Soledad alentó a su marido a atacar al invasor sin miramientos, milagrosamente, madre e hijos se salvaron.
Escribe Don Aurelio Mercado que “la oportuna intervención de un vecino de Tacámbaro, conocido como el “Sordo Molina”, audaz y valientemente, pasó entre las balas y penetró en las líneas enemigas y retiró del peligro a la familia del general Régules”
En tanto que el Lic. Eduardo Ruiz escribió que de entre los escombros: “se presenta ante la muchedumbre la noble esposa del caudillo llevando de la mano a sus hijos…” Cuando nuestros guerreros se disponían a acabar con los belgas ya vencidos.
Por la tarde llegaron los generales Arteaga y Riva Palacio a festinar el triunfo, felicitando a cada uno de los valientes soldados y asimismo exaltar al Gral. Nicolás de Régules y esposa por su valentía e intrepidez. Dando cuenta al Presidente Don Benito Juárez de la heroica batalla y el triunfo republicano al lado del pueblo patriota de Tacámbaro en que el día 11 de abril de 1865 el ejercito republicano se llenó de gloria y dando una capitulación honrosa a los vencidos.
Régules, sin embargo, reprimió todo impulso de venganza y trasladó a los prisioneros a un lugar seguro en Zirándaro. Posteriormente otro jefe liberal, el Gral. Vicente Riva Palacio realizó el canje de prisioneros (en Acuitzio del Canje).
Fuentes Consultadas
Enciclopedia de México
Director José Rogelio Álvarez
2ª. Ed. Tomo 11 México 1977.
Galindo y Galindo Miguel
Clásicos de la Historia de México
1ª. Ed. Editorial F.C.E. México 1987
Tomo 3
Reader´s Digest.
Capítulos olvidados de la Historia de México
1ª. Ed. México 1994 p.220
Ruiz Eduardo Lic.
Historia de la guerra de intervención en Michoacán
2ª. Ed. 1940, 1ª ed. Balsal Editores Mich. México 1986
Mercado Corona Aurelio
Tacámbaro, presente e el nuevo milenio
Ed. PICSA, 2ª. Ed, México 2000
