La educación en nuestros tiempos


Enrique Rodríguez Santana
Me he dado cuenta que, en estos últimos años, la educación ha ido disminuyendo en los valores y preparación inculcados a muchos de los alumnos de los diferentes grados de escuela, llámese preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y aún hasta en la universidad, tomando en cuenta que muchos de los profesores en los grados de estudio más alto, ya no se preocupan por preparar debidamente a sus alumnos en los conceptos y definiciones que de su materia deben entender y aprender.
He de mencionar también que amén de los valores, hay otros rubros donde cada vez más estamos en picada, por señalar algunos: ortografía e historia. Ahora, los menos, piden a sus alumnos cantidades de dinero en efectivo para no repetir el año, para pasar algún examen o simplemente los escolares usan su influencia o la de sus padres para sortear la o las materias que su inteligencia no pudo superar.
Con tristeza me di cuenta en el pasado mes de diciembre, que el rector de una universidad privada de esta ciudad de Morelia, aprovechando la ausencia del profesor en turno por una cirugía, modificó la calificación de una materia de su hijo y cuatro amigos más, para convertirla en suficiente para aprobar el semestre que terminaba.
Todos tenemos que hacer algo en la medida de nuestra posibilidad para que los acontecimientos como el que describo, no se vuelvan a repetir porque, al final de cuentas, estamos haciendo un daño a nuestros propios hijos resolviendo sus problemas, haciéndolos incapaces de solucionar parte de su propia vida y, por consiguiente,pisoteando la autoridad y esfuerzo por enseñar la materia del catedrático en cuestión, aparte de contribuir en esa forma a la corrupción.
Sin embargo, no toda la culpa la tienen los alumnos, también necesitamos profesores, pero no cualquiera, necesitamos a aquellos que tengan amor por su cátedra, pasión por su trabajo que, más que por la remuneración económica que se percibe, desempeñen su trabajo con la convicción y el amor que da la satisfacción de estar llevando el conocimiento a toda una generación de jóvenes, con la responsabilidad que esto representa, es decir, necesitamos profesores de verdad. Todos nos sentiríamos agradecidos y orgullosos de esta estirpe en peligro de extinción.
Los liberales, más que las demás personas, tenemos la obligación de aportar nuestro grano de arena y, como lo dicen nuestros principios, combatir la ignorancia y los vicios humanos apoyando cada cual a sus hijos, y estos a su vez a las personas cercanas que tengan, para descubrir la verdad con trabajo y estudio, desbastando la piedra bruta para llegar a su perfección y así erradicar poco a poco la corrupción en todos los sentidos.
