Gobierno fallido

 Gobierno fallido

Por Leopoldo González

La tozudez, las obsesiones ideológicas, la ignorancia, la soberbia y el cinismo del “ahí se va” tienen al gobierno de López Obrador en una burbuja, al margen del país real.

En esa burbuja caben la feligresía del partido MoReNa, los funcionarios con bisagras en el espinazo, los peores liderazgos sindicales, las redes clientelares y algunos despistados que no acaban de entender hacia dónde se lleva al país, pero que aún creen -contra toda evidencia- que vamos por buen camino y a puerto seguro. Estos integran la cofradía de los terraplanistas.

En la burbuja de quienes compran los dichos presidenciales como “verdad lisa y llana” todo es perfecto, color rosa, fantástico, y constituye la ´corazonada´ de un nuevo amanecer que equivaldrá a la Tierra Prometida.

La masa impreparada, aturdida y enajenada, sometida al efecto atroz del poderoso sensibilizador que son las dádivas clientelares, difícilmente cae en cuenta que es artículo de compra-venta con dinero público y víctima de una operación de lavado de cerebro.

Quien se mueve en los terrenos elementales de la creencia escatológica y el cristianismo popular, lo que busca son motivos que le afiancen la fe y fortalezcan su ilusión, no caminos ni evidencias de verdad.

Incluso los seguidores con cierta preparación, pese a que su debilidad no sea confundir creencias con política, tienen otra debilidad quizás peor: confundir el amor al pueblo con el “amor a la chequera” burocrática o, lo que es lo mismo, profesar “el marxismo-lananismo” independientemente de si es bien o mal visto por la sociedad.

A todas luces, con evidencias que están ahí para ser vistas y comprobadas, la de la 4T es una causa contaminada, que al mismo tiempo que se mueve en una realidad distinta a la del México real, sirve a la agenda personal de un solo hombre y no a los fines constitucionales del Estado mexicano.

Mientras esto ocurre en la burbuja del poder, donde el verdadero pensamiento crítico ha cedido frente a los cloroformos de la ideología, el México real es un país hecho jirones en el que avanzan y se multiplican las plagas del subdesarrollo: el desempleo, la pobreza, la inseguridad, el hambre, los cierres de miles de empresas, la falta de inversión, la quiebra económica.

El gobierno que no iba a endeudar al país ya lo endeudó, no sólo porque ha vuelto negativa la calificación crediticia de México y transformado los bonos de PEMEX en bonos “basura”, sino porque ha recibido cinco líneas de crédito del BM, que en total suman 2 mil 130 millones de dólares en tan sólo 18 meses de gestión gubernamental.

La administración que iba a significarse por la purísima concepción de la ética, el combate frontal y sin tregua a la corrupción y una vida casi franciscana bajo el cielo de la austeridad republicana, sería una perla cuasi increíble para la borgesiana “Historia Universal de la Infamia”, pues, de acuerdo con INEGI, el costo de la corrupción subió 64.1 por ciento en dos años, llegando a representar 3 mil 822 pesos por cada ciudadano afectado.

El que iba a combatir la inseguridad de forma ejemplar y, en uno de esos trances, hasta podría lograr la conversión de los crápulas y maleantes en gente de bien, resulta que mantiene cercanías inconfesables y peligrosas con un cártel delincuencial, mientras crecen por todo el país las cifras de secuestros, robos, extorsiones y homicidios dolosos, sin que las fuerzas federales salgan en defensa de la población.

Si en empleos formales, según el IMSS, en sólo tres meses se han perdido 1 millón 30 mil puestos de trabajo, en abril, según cifras de INEGI, 12 millones 500 mil personas que tenían un empleo y un ingreso dejaron de tenerlo, lo cual significa, entre otras cosas, que la estrategia económica del gobierno federal es puro cuento, porque no da los resultados de gestión económica que ofreció, no está mejorando la calidad de vida de los mexicanos y encamina al país -a grandes zancadas- a la bancarrota.

Lo que dijo el 2 de marzo, es casi para lapidar cualquier esperanza: “En cuanto a México, siento que no vamos a tener problemas mayores. Ese es mi pronóstico. Los conservadores quisieran que hubiera crisis económica y financiera. Está bien nuestra economía”.

La mejor prueba de que alguien está fuera de la realidad son dos síntomas: la fantasía que opera en su interior y domina su lenguaje y el desconocimiento con que se refiere a la realidad.

Mientras López Obrador continúe tomando decisiones en función del espejo confuso de sus emociones y de la burbuja de intereses que le rodea, distanciado del país real, el suyo segui siendo un gobierno fallido.

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Lo dijo William Blake: “El hombre que no cambia nunca de opinión es como el agua estancada: su mente cría sabandijas”.

leglezquin@yahoo.com

Isauro Gutierrez

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