El toro de las olas provocadas por el cántaro de fuego

 El toro de las olas provocadas  por el cántaro de fuego

SHUN KUGA

Ernesto Pavón Rowe

 

Yo no sé si Dios existe, pero si existe,

sé que no le va a molestar mi duda.

 

En un enfoque un tanto personal, al hablar de Iglesias Cristianas, debemos retroceder en la historia y hacer consciencia en el mismo origen de todas ellas.

En los Estados Unidos de Norteamérica, hay un sin número de Iglesias Cristianas, unas se llaman adventistas, otras del séptimo día, otras bautistas, episcopales, mormonas, de los santos de los últimos días, y un largo etcétera.

Los colonos que poblaron América, gente rústica, de trabajo y apego a la tierra, al emigrar de sus tierras natales en Europa, y establecerse en los diversos territorios de la hoy Unión Americana, sintieron la necesidad de honrar al Creador del Universo, pero se encontraron con que no existían Iglesias en estas alejadas comarcas, por lo que optaron por construir capillas a las que acudía la congragación de una provincia a celebrar un disminuido ritual, que distaba en mucho de su original, y consistente en cantar himnos de loa al Señor y leer las Sagradas Escrituras. Una gran mayoría de estas congregaciones, si no es que todas, derivan de la Iglesia Anglicana, Iglesia Oficial en Inglaterra.

Creo que de todos es conocido, que a raíz de los cismas de Juan Calvino y Martín Lutero el rey Enrique VIII de Inglaterra, pidió al Papa Clemente VIII, la anulación del matrimonio con su legítima esposa, Catalina de Aragón, para casarse con Ana Bolena. El Papa rehusó basado en el mandato de Cristo: “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre” (Mc 10,9). El Rey, obstinado en su propósito de divorcio, forzó la separación de la iglesia en Inglaterra de la comunión con Roma en el año 1534. Se declaró a sí mismo como único y supremo jefe de la iglesia inglesa.

Antes de su asenso al poder, hablar de la iglesia anglicana era como hablar de la iglesia francesa o española. Es decir, se refería a la Iglesia Católica situada en aquel país, en comunión con el Papa.

Razón de la ruptura: el Papa se negó a concederle a Enrique VIII el divorcio que pedía. El rey respondió ordenando cuatro estatutos contra el Papa y, en noviembre de 1534, se auto-proclama “Cabeza Suprema de la Iglesia de Inglaterra” tras promulgar la ley “The Act of Supremacy”. Dicha ley le permitió exigir a sus súbditos un juramento afirmando que el Papa no tenía jurisdicción en Inglaterra. El ministerio de predicar y de administrar los sacramentos se le dejaba al clero, pero los poderes de jurisdicción eclesiástica quedaban en manos del rey.

Sus miembros son cristianos y creen que la Iglesia de Inglaterra es una verdadera rama de la Iglesia Católica de Cristo. Se organizan jerárquicamente como la Iglesia Católica, con obispos, pero separados del Papa. Algunas de sus diócesis mantienen gran cercanía con la Iglesia Católica. A fin de cuentas, deriva de la Iglesia Católica.

De toda esta diatriba, podemos concluir que existen únicamente dos corrientes Cristianas: La Iglesia Ortodoxa dividida en: La Iglesia Ortodoxa Griega; la Iglesia Ortodoxa Rusa; la Iglesia Maronita y la Iglesia Copta

Y por otra parte La Iglesia Católica Apostólica Romana.

Pero estas dos derivan de un tronco común, ¿Pablo de Tarso? ¿Constantino, emperador de Roma? Son tantas mentiras que ya no sabemos la verdad.

Quién sabe, pero son el inicio de la causa de una organización que aprisiona a los seres humanos dentro de sus finos y transparentes hilos de Ariadna, en una red mortal donde se les inyecta la droga fatal de la culpa del nacimiento con pecado, el pecado original; han corrompido la pureza de las almas humanas con el pecado original, fruto de sus mentes calenturientas, dando paso a un sistema que lleva al hombre a no aceptarse tal y como fue creado por el Supremo Hacedor, y le incita a sentir vergüenza de sí mismo, de su cuerpo, de sus pensamientos, de sus sentimientos, de sus emociones, de todo ese cúmulo de elementos sensoriales que permiten la experiencia y que el creador puso en el alma del hombre, para que viva a plenitud la experiencia de la vida que le ha otorgado.

Ello para después proponerse como el camino, la verdad y la vida; los salvadores de la humanidad a través de la penitencia, el dolor, la humildad, la paciencia y desde luego, las donaciones monetarias. Peligroso juego de doble moral que condena la naturaleza del hombre y la sublimiza a través del dinero. Muy peligrosa moral. Muy INMORAL.

Es tan peligroso este juego del doble discurso moral, que sus efectos son fácilmente identificables, así vemos que las relaciones sexuales resultan altamente peligrosas y una puerta que lleva a un pasillo directo al infierno, pero la violación de (disculpen el barbarismo) niños y niñas es correcto, aceptable y aconsejable para sus ministros.

¿Cómo se atreve un avieso individuo a pensar que tiene derecho de juicio sobre otro? ¿Cómo se atreve un siniestro ministro de culto que ignora lo que es familia, a decirte cómo dirigir a la tuya? Tú qué sabes el esfuerzo diario de salir a luchar para darle a tu familia, casa, vestido, sustento, educación y solventar sus necesidades. ¿No crees que esas direcciones “espirituales” son malintencionadas? Es ignominioso que alguien pretenda cambiar tu mentalidad familiar en una desenfrenada religiosidad perversa.

 

Decía un amigo en un hermoso soneto:

 

Yo no quiero que nadie dirija tu cama,

que unos hombres que viven solos

te digan lo que es familia,

que la justicia social es envidia,

el impulso natural lascivia

y la libertad ahora es pecado.

 

No quiero verte expiar tus culpas,

perdido en sus riadas turbas,

sin razón afecto o corazón,

tan pendiente de los santos

que no veas bondad en los demás

y somos tantos.

 

No quiero que te cambien un beso

por un sempiterno paraíso,

ni un abrazo de amor

por un flagelo o latigazo,

o sustituyan tu solidaridad

por un sentido falso de caridad.

 

No me es posible creer en una Iglesia que segrega a una parte de la humanidad y la condena a la perdición eterna, por el simple hecho de no militar en sus filas, ¿De verdad el Gran Arquitecto del Universo haría eso?, ¿Destruiría el Supremo Hacedor a una parte de su creación, por el hecho de no creer en una doctrina, que a fin de cuentas es intrascendental? ¿Infieles? ¿Gentiles? ¿Perjuros? ¿Indignos? ¿Escépticos? ¿Hermanos separados? ¿Qué no a todo esto se le llama discriminación? Y yo le llamo hipocresía; ansias de ser los únicos; ansia de poder; ansia de dominar al mundo; los Hitler de la religión. Los patrocinadores de las cruzadas en su afán de dominio del mundo.

 

¿CRISTO DIRÍA NOSOTROS Y LOS OTROS?

 

Dentro de las órdenes Esotéricas hay un lema que es muy claro y que la Gran Fraternidad Universal ha hecho suyo: Querer, que se corresponde con el signo TAURO; Saber, identificado con el signo ACUARIO; Callar, ubicado dentro del simbolismo de ESCORPIO; y Osar, que hace suyos los principios que definen a LEO. La valentía, unida a la inteligencia, son la madre de todos los éxitos en este mundo, para iniciar, uno debe conocer, para cumplir uno debe querer, para querer realmente hay que atreverse, osar, y para recoger en paz los frutos de la propia audacia hay que mantener silencio.

Dentro de esta definición, no caben los mansos de corazón, no caben los resignados que no osan luchar en pos de un ideal; nos hacen falta rebeldes, que no se sometan a nada y a nadie; nos hacen falta rebeldes que tomen por asalto el cielo y sean capaces de enfrentarse con Dios y decirle, YO soy TU.

No caben los tristes y acongojados, que han perdido la alegría de ver el nuevo día, que han perdido el disfrute de los rayos del sol y la palidez de la luna, la bendición de la lluvia y el frescor del aire sobre la piel. No sé si son Santos tristes o Tristes santos, pero igual, quien no canta las bendiciones y no baila la alegría de la creación, no está consciente del amor que por nosotros tiene el Señor.

En nuestro sistema esotérico no caben los que piensan en el más allá, olvidándose de que viven aquí, y ahora; necesitamos a los que saben que al nacer adquirieron un serio compromiso con la vida, vivirla plenamente, conscientemente, completamente, en unión de todos los seres humanos, TODOS, nuestros hermanos. Y vivir la vida plenamente, no requiere de perdón alguno, para eso El Gran Arquitecto nos la dio, para vivirla no para lamentarla. Una vida henchida de amor a la humanidad, una vida saturada de vivencias humanas en beneficio de los humanos, una vida colmada de seres humanos que convivan con nosotros con respeto y amor, no necesita de cielos o infiernos, no necesita de culpas o perdones, porque es una vida en comunión con nuestra raza, el hombre.

 

La Fe siempre confía

La Esperanza siempre insiste

El Amor siempre es.

Fe, no es creer, fe, es crear.

Isauro Gutierrez

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