El Nacimiento por la Muerte


Erick Escobar Chávez
El Origen no es la esencia; lo que importa es el devenir.
Pero toda cosa oscura se aclara en sus arcaísmos.
Del sustantivo arche que significa un tiempo razón de ser e inicio.
Quien retrocede en el tiempo avanza en el conocimiento. Regis Debray.
Empezaremos por decir que la muerte como tal, es parte de nosotros, nos acompaña a cualquier lugar, siempre está latente, y no podremos escapar de ella.
La muerte está relacionada al nacimiento porque se dice que nosotros nacemos al momento de morir, pero en realidad, ese nacimiento se refiere a la imagen, y de ahí se crea la tumba, desde los egipcios y hasta nuestros tiempos; ahí se inician los grandes museos y los difuntos fueron nuestros primeros coleccionistas, estas sepulturas eran museos en civilizaciones sin museos, en aquel tiempo se hacía sólo para los grandes, de ahí que ahora se le hace a todo ser querido y, dependiendo de la cultura, es que se hacen los ofrecimientos.
Nacer y morir son dos procesos científicos de la gran Naturaleza, las personas no son las que nacen y mueren, porque el concepto persona va mas allá de estos procesos, la persona perdura de acuerdo a sus praxis, de acuerdo a sus acciones, así será recordada, la persona es aquella que piensa, ama, ríe, llora, expresa, desea, etc. En cambio lo que muere es el cuerpo, que es el instrumento con el que se puede conducir a donde sus sentidos le piden a la persona,
Este Instrumento es el más valioso de todos los inventados, pero desgraciadamente poco lo cuidamos, y sí es el más caro, porque día con día nos cuesta pero, por ignorancia, no nos damos cuenta. Es tan capaz este instrumento, que es el que nos informa lo que está pasando fuera.
Científicamente, la muerte es tan importante como el nacimiento, porque sin una no se dará la otra, así como se necesita el día para trabajar, también necesitamos la noche para descansar, y nos dedicamos al reposo por completo.
Ahora bien, todo el mundo le tiene miedo a la muerte, pero ese temor es únicamente por ignorancia, por naturaleza uno le teme a lo desconocido, desgraciadamente no podemos evitar el dolor al llegar la transformación de éste, y digo transformación recordando a Lavoisier: La materia no se crea ni se destruye sólo se transforma.
Pero, ¿qué es la muerte física?
Es el cese de toda función orgánica, la muerte es profundamente significativa. Descubriendo lo que ésta es en sí misma, conoceremos el secreto de la vida. Aquello que continúa más allá del sepulcro sólo puede ser conocido por personas de conciencia despierta. Algunos estamos dormidos y, por ende, desconocemos aquello que está más allá de la muerte.
Por lo regular, cuando el cuerpo se transforma, los recuerdos invaden nuestra mente y nos expresamos de una forma triste como si el actuar de esta persona no hubiera sido el adecuado, siendo que si estos recuerdos los enfocáramos a la persona, tendríamos otro semblante al expresarnos.
Cada átomo de la persona penetra dentro de cada átomo del cuerpo físico, para hacerlo vibrar intensamente. Todos los fenómenos químicos, fisiológicos y biológicos, todo fenómeno de percepción, todo proceso metabólico, toda acción de las calorías, etc., tienen su base en la persona. Este concepto es realmente, la sección superior del cuerpo físico. En el último instante de la vida, dicho concepto se escapa del organismo físico. La persona no entra al sepulcro. La persona flota cerca del sepulcro, y se va desintegrando lentamente conforme van desapareciendo los recuerdos. Al sepulcro sólo entran el cadáver, los recuerdos perduraran por mucho tiempo siempre y cuando aquella persona se haya conducido como tal, como gente pensante. Esto es para la reflexión, si queremos morir eternamente no nos conduzcamos como racionales.
Obviamente, a la mayor parte de nosotros nos es indiferente la muerte de la mayor parte de las personas. Únicamente cuando lo vemos en la tele con bastante crudeza o muere alguien cercano, tomamos conciencia de lo que es. Normalmente no pensamos en ella, hasta que ya es demasiado tarde. Esta es la idea que quiero transmitir; que no solo hay que aceptarla y asumirla, sino vivir con ella y tenerla siempre presente. Mucho se ha escrito y muchos tópicos se han creado en torno a ella. Cosas como que hay que vivir la vida como si fuera nuestro último día, porque no sabemos lo que nos puede pasar.
Yo ciertamente no cumplo mucho lo que estoy diciendo, porque al pensar en ello con toda la concentración que puedo, me doy cuenta de todas las personas (antes queridas) cuya muerte me sería tremendamente indiferente.
Pero hay un siguiente nivel en tener presente la muerte y es aceptarla. Aceptar que muchas de nuestras personas más queridas morirán algún día, y otras sin esperárnoslo. Pero no sólo eso. Cada día que vivimos algo muere en nosotros. Vamos perdiendo progresivamente la fe ciega en muchas cosas. Mueren las amistades, mueren los amores, mueren las esperanzas y mueren los deseos. Mueren millones de cosas, cada día, poco a poco y muchas veces de forma imperceptible.
En cierto sentido, parece haber muerto algo, parecen haber muerto muchas cosas. Ya no se ve la amistad como se veía antes, ni los sueños de futuro que muchas veces parecen truncarse, ni las esperanzas de encontrar el amor verdadero, viendo todas las relaciones hipócritas que se pueden ver condenadas al fracaso aunque luego duren años por mera inercia. Las mil frustraciones que se van acumulando con el paso de los años, que se quedan clavadas en el corazón pensando que la vida es un asco y que nada vale la pena.
Pienso en el concepto de mártir que transmite la iglesia. Creo que por fin he conseguido sintetizar una idea en base al concepto de Dios. No es la búsqueda de la martirología lo que dignifica, sino la superación de ese obstáculo, de esa muerte interior, que sufrimos a cada paso que damos.
Quien no viva la muerte de cerca, quien se cree un mundo imaginario a su alrededor, sin tener presente la muerte como algo esencial en nuestras vidas, jamás alcanzará la plenitud como persona y su felicidad será tan inestable como ficticia.
