Crónicas de un grito XII

 Crónicas de un grito XII

Cuauhtémoc López Sánchez

 

A finales de julio en Uruapan, los congresistas decidieron ir a Tehuacán, en poder de Manuel Mier y Terán y  para estar cerca de Guadalupe Victoria que se sostenía en Veracruz. Antes de salir de Uruapan, nombraron una Junta para gobernar en su ausencia, conformada por Muñiz, Ayala, Rojas, Pagola y Carbajal, que determinaron residir en Taretan.

El 29 de septiembre de 1815 salieron de Uruapan, con Morelos y su escolta, apodados “los bravos” y en Huetamo se les unirían Nicolás Bravo y José María Lobato, para conformar una columna de más de mil efectivos y ordenaron que en Mezcala, los apoyaran Sesma y Guerrero, que estaba a punto de tomar Tlapa. No acudieron puntualmente porque o los correos desertaron o fueron interceptados. El virrey no descuidó ningún detalle. Acosando la retaguardia del Congreso con Iturbide y por Temascaltepec atacaría Manuel de la Concha, quien enterado de la ruta que seguían, llegó a Teloloapan donde esperaba Eugenio Villasana, mientras Armijo se pertrechaba en Tixtla.

El Congreso pasó de Huetamo a Cutzamala y el 2 de noviembre a Tenango, planeando cruzar el río, pero al no encontrar las balsas que se habían negociado, Morelos fusiló al jefe de la población, la incendió y continuó su camino al bordo del río, hasta vadearlo en Tesmalaca, donde acampó.

El 5 de noviembre, Morelos continuó su marcha hacia Coesala, pensando que había dejado al otro lado del río al enemigo, pero fue sorprendido por Manuel de la Concha en el mismo Tesmalaca. Las tres columnas resistieron lo suficiente para que los congresistas pusieran distancia de por medio y encargó a Nicolás Bravo que los acompañara para protegerlos, en tanto que él y Lobato contenían el ataque que había comenzado a las 9 de la mañana y para medio día, después de ordenar a los pocos bravos de su escolta que se salvaran, el teniente Matías Carrasco, que había servido bajo sus órdenes, detuvo a Morelos, quien expresó: “Sr. Carrasco, parece que nos conocemos”. Lobato logró escapar y reunirse con Bravo para escoltar al Congreso, que con Guerrero, quien ya se les había unido y sin ser perseguidos, los congresistas llegaron a Tehuacán el 16 de noviembre.

Morelos y el padre Morales, capellán del Congreso, fueron trasladados a Tenango y ahí, los realistas Concha y Villasana celebraron la captura. Morelos quedó bajo custodia del padre Salazar.

La noticia de la detención de Morelos se recibió en la capital el 9 de noviembre y el virrey se entrevistó con el arzobispo para determinar las condiciones del juicio y el lugar de su prisión.

Antes de salir de Tenango, en presencia de los detenidos, fusilaron al resto de los prisioneros y al llegar a Huitzuco, Morelos fue encadenado, llegando así a Tepecuacuilco, donde repicaron las campanas por la aprehensión del caudillo. Las columnas realistas se separaron: Villasana fue a Tixtla con Armijo y Manuel de la Concha llevó a Morelos a la capital. Villasana y de la Concha fueron premiados con el grado de coronel.

Entre tanto, en Michoacán, Francisco López Rayón, que se había dirigido a Tlalpujahua, el 1 de diciembre fue cercado por Matías Martín de Aguirre y tomándolo prisionero, lo trasladó a Ixtlahuaca y mandó decir a Ignacio que le perdonaría si se rendía. Doña Rafaela López, madre de los López Rayón le dijo a Ignacio: “Que Francisco muera por la América y tú y Ramón sigan defendiendo América”. Francisco López Rayón fue fusilado.

De la Concha llegó a México con Morelos, en la madrugada del día 22 de noviembre y Calleja dispuso que se le llevara en secreto a la cárcel de la inquisición para someterlo a dos juicios: el eclesiástico, conducido por Félix Flores Alatorre y el militar a cargo del auditor de la capitanía general Miguel Bataller. El defensor, el Lic. José María Quiles, fue asignado por el provisor del arzobispado, Félix Flores, con la aprobación de Morelos, dando inicio el mismo día 22. Después de tres días se acordó la degradación eclesiástica y declarado hereje, fue remitido a lo militar, custodiado por Concha, Mendívil y Arana. Durante los interrogatorios, no expresó queja contra sus compañeros de lucha, ni descubrió algo que los realistas no supieran, para después ser trasladado a La Ciudadela, vigilado por Concha que se turnaba con Rafael Bracho, dando tiempo para que se dictara la sentencia y que los líderes suspendieran la lucha y solicitaran el indulto, cosa que no ocurrió, así que el 20 de diciembrese emitió la sentencia de muerte.

Mientras tanto, el paso obligado de Veracruz a México, Puente del Rey, dominado por los insurgentes a cargo de Guadalupe Victoria, que cobraban por el paso de personas y mercancías, dinero con el que compraban armas, municiones y provisiones, era recuperado el 8 de diciembre por los realistas al mando de Fernando Miyares, apoyado por Márquez Donallo.

Francisco Montes de Oca, cirujano de la prisión, partidario de la independencia y de Morelos,  aprovechó un retraso en el relevo que debía hacer Bracho, emborrachó al guardia y llevando dinero y alhajas invitó a Morelos a escapar. Morelos lo hizo reflexionar acerca de las consecuencias y no aceptó. Se abrazaron y el médico salió del calabozo llorando en silencio. Morelos escribiría a su hijo aconsejándole salvarse, consolándolo con su famosa frase: “Morir es poco, cuando por la patria se muere”.

El auditor Bataller solicitó se le fusilara vendado, de espalda, cortada una mano y decapitado, pero se acordó que solamente se le fusilaría y sin amputaciones, sería enterrado. Para evitar tumultos o un intento por rescatarlo, el virrey ordenó que la sentencia se cumpliera fuera de la capital y en la madrugada del 22 de diciembre de 1815, escoltado por Concha y un contingente militar, Morelos fue trasladado a San Cristobal Ecatepec y en un pequeño cuarto, después de tomar caldo, al escuchar que la tropa se preparaba para la ejecución, se vendó los ojos y entregó su capote al padre Salazar que lo había acompañado. Conducido al exterior del edificio, se puso de rodillas y de espalda al pelotón, para recibir cuatro balas que no acabaron con su vida, teniendo que ser rematado. Fue vestido con el capote que había entregado al padre Salazar y a las cuatro de la tarde se le enterró en la parroquia del pueblo.

Había muerto José María Teclo Morelos Pérez Pavón y nacía el mito, rodeado de símbolos que darían lugar a uno de los más grandes héroes nacionales. Morelos representaba a la gente común, al pueblo intentando llegar a gobernar y con su muerte, dejaba el paso a los criollos que encarnaban la intelectualidad que procuraba también llegar al poder para preservar sus intereses.

Al llegar a Tehuacán, el Congreso envió una carta a Calleja amenazándolo si fusilaba a Morelos, pero el virrey ni respondió.

Los congresistas y el contingente que los acompañaban debieron ser reorganizados, porque en Tehuacán, Manuel Mier y Terán gobernaba, administrando la hacienda y los recursos con gran eficiencia, además, los insurgentes bajo su mando, estaban uniformados, eran entrenados y se les pagaba un salario, así que al arribo de los congresistas, las tropas que llegaron con Bravo, Lobato y Guerrero, causaron cierta inestabilidad y fueron asignadas a Sesma.

Para evitar ser una carga para Mier y Terán, el 1 de diciembre, los congresistas se retiraron a Coxcatlán, pero no sintiéndose seguros, se cambiaron a San Francisco, cerca de Tehuacán, escoltados por Nicolás Bravo. Pero la división de los líderes insurgentes se reflejó en los hombres que conformaban el ejército y los hombres a cargo de Terán se enfrentaron contra los de Sesma.

El Congreso arrestó a Terán, pero su gente intentaba rescatarlo y viendo el peligro, fue liberado y obligado a permanecer en su casa bajo vigilancia, al tiempo que arrestaban a Martínez, Sesma y Lobato. Terán citó a una reunión para encontrar una solución, acudiendo, entre otros, Cumplido y Bustamante. Ahí, acordaron disolver el Congreso y nombraron un Directorio Ejecutivo para suplirlos, formado por Terán, Alas y Cumplido, que nunca pudieron funcionar. Comunicaron el acuerdo a Guerrero, Victoria y a Osorno. Guerrero y Victoria no estuvieron de acuerdo, pero Osorno sí y el 15 de diciembre, Francisco Pizarro, al frente de 200 hombres, tomó la hacienda de San Francisco, porque los congresistas ordenaron a Nicolás Bravo que no presentara resistencia y el Congreso quedó detenido, trasladado a Tehuacán y llevados a El Carmen, en donde Terán les comunicó que el Congreso de Anáhuac quedaba disuelto.

El 18 de diciembre, empezaron a abandonar El Carmen los diputados que aceptaron y para el día 24, todos habían quedado en libertad. La mayoría se dirigieron a Palmillas para unirse a Guadalupe Victoria y empezó la disgregación de los ejércitos reunidos en Tehuacán, porque Nicolás Bravo no quiso unirse a Terán y desarmados él y la gente que lo acompañaba, se unieron a Victoria, quien lo comisionó a Coscomatepec, de donde salió por desacuerdos con Victoria y se dirigió al sur, para agregarse a Vicente Guerrero, que había regresado a la costa y establecido en Xonacatlán, en tanto que Mier y Terán, atacó la hacienda del Rosario, campamento del realista Barradas y fue derrotado.

Juan Pablo Anaya regresó de Estados Unidos y al llegar a Taretan, se unió a los oficiales del ejército, apresó a Muñiz, Ayala, Rojas, Pagola y Carbajal y los llevó a Ario. Molestos por ello, el padre Torres, Yarza, Amador, Izazaga y otros, formaron otra “junta” y se establecieron en Jaujilla, cerca de Zacapu y persiguieron a Pablo Anaya, haciéndolo prisionero y sentenciándolo a muerte. Anaya logró escapar en compañía de su custodio Tarancón para unirse a López Rayón en Cóporo. Por su parte, López Rayón no sólo se opuso a la Junta de Jaujilla, sino que seguía exigiendo ser reconocido como jefe de los ejércitos insurgentes, así que envió a su hermano Ramón a combatirlos y pidió a Nicolás Bravo, que se encontraba en Ajuchitlán y a Pablo Galeana, que controlaba la costa lo reconocieran. Ambos se negaron y fueron atacados por López Rayón. En cambio, Vicente Guerrero, sí reconoció a la Junta de Jaujilla.

Guerrero no se entretuvo en discusiones y en diciembre de 1815, atacó a Antonio Flon en Acatlán, que aunque auxiliado por Lamadrid y Samaniego, no pudieron evitar ser derrotados y Flon fue hecho prisionero. Aceptando entregar la plaza y su armamento, Guerrero los liberó, pero en lugar de eso, lo atacaron. Ya no hubo piedad para los realistas. Lamadrid y Samaniego huyeron, pero seguidos por los insurgentes, les causaron grandes bajas, haciéndose de todo su armamento. En ese mes, llegó Nicolás Bravo al campamento de Guerrero, quien se encontraba herido y mientras se recuperaba, le cedió el mando.

La muerte de Morelos estaba desmembrando el movimiento y marcando la declinación de la lucha, así como el inicio de una etapa de pacificación que para consolidarla eran necesarios muchos cambios y así sucedieron al iniciar el año de 1816.

A principios del año, ya disuelta la Junta de Taretan y dispuestos a formar otra, los encargados de la cárcel de Atijo huyeron, dejando las rejas abiertas. El Dr. Cos y el padre Navarrete, abandonaron la prisión para unirse a las fuerzas de López Rayón.

Los realistas se propusieron acabar con Osorno, que controlaba los Llanos de Apan; con Mier y Terán que dominaba desde Tehuacán; con Guadalupe Victoria en el sur de Veracruz; con López Rayón en Michoacán y liquidar a Vicente Guerrero en el sur.

En Apan se producía el pulque para los habitantes de la capital novohispana y los impuestos dejaron de entrar a las arcas virreinales, así que el virrey, aprovechando la división de los insurgentes que conformando pequeños grupos y no se apoyaban entre sí, comisionó a Manuel de la Concha para atacar a Osorno. De la Concha auxiliado por Rubin de Célis, Ráfols y por Anastasio Bustamante, se les dio la orden de fusilar a cualquier insurgente o sospechosos de serlo. Los enfrentamientos fueron sangrientos y las venganzas de uno y otro bando rebasaron lo tolerable, fusilando inocentes e incendiando aldeas y pueblos.

La batalla decisiva inició el 18 de abril, cerca de Zempoala y terminó el día 23, cuando Osorno fue derrotado, su ejército dispersado y sin armas, se dedicó a esconderse, mientras sus colaboradores empezaron a indultarse y al conseguirlo, se sumaban a los realistas. Anastasio Bustamante fue comisionado para perseguir a Osorno, quien logró llegar hasta Palmillas y unirse a Guadalupe Victoria. Mier y Terán desde Tehuacán, dominaba la Mixteca y designó a Francisco Miranda para mantener esa región y atacado por Samaniego, pidió refuerzos a Mier que los envió con su hermano Juan y el cubano Evaristo Fiallo. Al pasar por Tepejillo, la tropa a cargo de Fiallo cometió abusos contra la población y las quejas llegaron hasta Manuel, que envió a Antonio Vázquez a detenerlos y conducidos a Tehuacán, Fiallo fue hallado culpable y ejecutado el 7 de marzo. Samaniego, en unión de la Madrid aprovecharon para atacar a Miranda, que fue apoyado por Juan Mier y Terán, ya libre. Los realistas lograron vencer y empezaron a recuperar la Mixteca. Mier y Terán, urgido de armas, las negoció con Guillermo Davis, pero para dejarlas pasar, Guadalupe Victoria exigió un pago, que Mier no aceptó y pidió el apoyo de Guerrero, que no quiso involucrarse. Mier y Terán se preparó para ir por las armas a Coatzacoalcos, acompañado por Miranda, dejando a cargo de Tehuacán a su hermano Juan. Tras una travesía de tres meses, Mier no pudo llegar a Coatzacoalcos, aún cuando el barco con las armas lo esperó lo razonable, porque fue descubierto y tuvo que huir hacia Galveston, perseguido por un bergantín español.

Isauro Gutierrez

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