Crónicas de un grito IX

 Crónicas de un grito IX

Cuauhtémoc López Sánchez

El 28 de noviembre de 1812 se celebraron las primeras elecciones en la Nueva España, contendiendo dos partidos: Criollo y Español. Las 15 diputaciones fueron ganadas por el Partido Criollo y se acentuaron las diferencias entre la clase gobernante de la colonia, porque la Constitución de Cádiz que había entrado en vigor el 19 de marzo de 1812, no se había puesto en práctica por las condiciones de la colonia y las medidas tomadas por las autoridades propiciaron que muchos españoles y criollos pasaran a las filas insurgentes.

1813 iniciaba, aunque no con buenos presagios para la causa insurgente.

Llegaba la noticia de la derrota y aprehensión de Albino García. En junio 12, Iturbide lo había derrotado en Valle de Santiago y después de fusilar a su contingente, lo trasladaba a Celaya donde el 8 de julio se le fusiló y descuartizó. Iturbide fue premiado con el ascenso a teniente coronel.

En febrero Venegas fue llamado a España y Calleja se convirtió en el nuevo virrey de Nueva España, asumiendo el cargo el 4 de marzo de 1813 y para entonces, las fuerzas realistas habían recuperado el norte de la colonia y Tehuacán por Águila, que fue en persecución de Morelos. Los realistas se preparaban para ir contra los insurgentes en el sur y Calleja confirió el mando del ejército del sur al brigadier Olazábal.

La división de los miembros de la Junta de Zitácuaro llegó a su punto culminante. Liceaga se dirigió a Celaya y se apoderó de la ciudad, pero en Valle de Santiago, fue derrotado por Iturbide y Manuel Gómez.

Sixto Verduzco se fue rumbo a Valladolid e intentando tomarla, fue derrotado el 31 de enero de 1813 por Antonio Linares. Verduzco huyó primero a Puruándiro y al ser perseguido tuvo que retirarse a Pátzcuaro. López Rayón realizó campaña en Huichapan e Ixmiquilpan en unión de los Villagrán y controlada esa región, se dirigió a Pátzcuaro, a donde llegó el 9 de febrero y se encontró con Verduzco, que se había retirado a esa ciudad, tras su derrota en Valladolid.

López Rayón le reclamó haber atacado Valladolid sin tomar acuerdo con él y, distraídos en sus reclamos, apenas tuvieron tiempo de huir de los realistas; Verduzco se retiró a Ario y luego a Urecho, en tanto que López Rayón se refugiaba en Puruarán.  

Hasta Urecho llegó Liceaga para apoyar a Verduzco y ahí suscribieron un bando desconociendo a López Rayón como presidente de la Junta y declarándose ellos como jefes de la misma; Citaron a Ignacio a que rindiera cuentas y al negarse, el 5 de marzo, Liceaga y Verduzco lo atacaron, estando a punto de morir a manos de Julián Villagrán y pudiendo escapar, logró llegar a Tlalpujahua, de donde escribió a Morelos, poniéndolo al tanto de lo ocurrido. La intervención de Cos, evitó más estragos entre los insurgentes.

Nuevamente Los Guadalupes sugirieron a Morelos tomar Puebla, pero dejando en Oaxaca a Benito Rocha, a Matamoros en Yanhuitlán, y a Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria comisionados para operar en Veracruz,  marchó con los Galeana, así como con Miguel y Víctor Bravo hacia Acapulco el 7 de febrero, llegando el 29 de marzo a El Veladero, que estaba a cargo de Julián de Ávila.

El 6 de abril, Morelos invitó a rendir la fortaleza de San Diego, a cargo del comandante Pedro Vélez quien se negó, porque contaba con noventa cañones y provisiones que le surtían por mar, pero la ciudad de Acapulco cayó en poder insurgente el 12 de abril y muchos pobladores se refugiaron en el fuerte.  

El 30 de abril de 1813, desde Acapulco, Morelos convocó a la elección del cuarto vocal que representaría a Oaxaca ante la Junta de Zitácuaro, pero al mismo tiempo propuso que la Junta se transformara en Congreso Nacional.  

Durante la toma de Acapulco, se presentó ante Morelos, María Manuela Medina, indígena, nacida en Taxco, capitana, con una compañía para apoyar el ataque al puerto, pero transcurrió el mes de mayo y el fortín no podía ser tomado. Morelos pensaba dinamitarlo y se contuvo por la gente inocente que se había refugiado ahí. El 9 de junio, Pablo Galeana, sobrino de Hermenegildo, auxiliado por Isidoro Montes de Oca, trasportaron por la noche más de ochenta hombres a la isla Roqueta y se adueñaron de la isla, lo que impidió que San Diego siguiera abasteciéndose.

Morelos deseaba terminar con el sitio de Acapulco, porque el 28 de junio había lanzado la convocatoria para celebrar el Congreso en Chilpancingo, donde se elegirían los diputados, aunque López Rayón se opuso porque argumentó, en una carta dirigida a Morelos del 31 de julio, que no era el momento oportuno para realizar un congreso y sospechaba que se intentaba tomar el poder por las armas. Morelos respondió que habían sido las acciones de López Rayón, con sus derrotas y desacuerdos con los vocales de la Junta lo que obligaba a un cambio y que nadie podía asegurar un momento adecuado para celebrar un congreso, agregando que la convocatoria la hacía pensando en la nación y que se llevaría a cabo con o sin él.        

La situación del fuerte de San Diego se hizo crítica y el comandante Pedro Vélez empezó a pactar la rendición. El acuerdo fue entregar todo el armamento, permitir a los europeos trasladarse a donde quisieran, a los 200 soldados el perdón y libre tránsito con lo necesario para su viaje y habiéndose aceptado, el 20 de agosto de 1813, Vélez entregó el fuerte a Morelos. La mayor parte de la guarnición se unió a los insurgentes y Vélez, invitado a unírseles, se rehusó, a pesar de la advertencia de Morelos de que su fidelidad sería mal recompensada, como ocurrió. Más de cuatro meses sitió Morelos el puerto, mas los meses que empleó en la campaña de Oaxaca, fueron aprovechados por los realistas para rehacerse y Rionda, Páris, Reguera y Armengol, organizados por Calleja tuvieron tiempo para planear el ataque a los insurgentes del sur. Además, habían recuperado Taxco, Izúcar y Tepecoacuilco.

Durante el sitio de Acapulco, Matamoros había salido de Yanhuitlán a rechazar un ataque organizado por realistas de Guatemala al mando de Servando Dombrini, derrotándolo el 19 de abril; Nicolás Bravo, de apenas 21 años, el 21 de julio derrotaba en Coscomatepec, Veracruz,  al jefe realista Conte.

Desde Acapulco, Morelos preparó la integración de un Congreso y convocó a que se eligieran diputados en los lugares dominados por los insurgentes y en donde no lo hubiera, él los nombraría, según el reglamento del 11 de septiembre, donde también se establecía el funcionamiento, organización, forma de los debates, de promulgar las leyes y la división de los poderes en ejecutivo, legislativo y judicial, concentrándose el poder en el ejecutivo que tendría el derecho de veto si consideraba nociva alguna ley.

Los diputados electos fueron, por Tecpan: José Manuel de Herrera; por Guadalajara: Ignacio López Rayón; por Michoacán: José Sixto Verduzco; por Guanajuato: José María Liceaga. Los suplentes, donde no había dominio insurgente, por México: Carlos María de Bustamante; por Puebla: Andrés Quintana Roo y por Oaxaca: José María Murguía y Galardi.

El Congreso de Chilpancingo, el Congreso de Anáhuac, se inauguró el 14 de septiembre donde Rosáins, dio lectura a un documento escrito por Morelos titulado “Sentimientos de la nación”, con 23 puntos, síntesis de las aspiraciones de una nación que lucha por alcanzar la libertad y la independencia, con gobernantes emanados del pueblo, leyes justas, división de poderes, mejores salarios, la desaparición de las castas y como única religión la católica. No llegaron a la inauguración Bustamante, quien arribó a fines de octubre; ni Cos, que representaría Zacatecas, ni López Rayón quien pudo llegar hasta principios de noviembre y el día 4 prestó su juramento como diputado. Al día siguiente empezaron sus desacuerdos con Morelos.

En la primera sesión, presidida por Verduzco el 15 de septiembre de 1813, se nombró a Morelos “generalísimo” y depositario del poder ejecutivo, nombramiento que rechazó, pero Verduzco y Quintana Roo no admitieron su negativa, por lo que tuvo que aceptar, prestando juramento y con él, Rosáins, como secretario del poder ejecutivo. El poder legislativo estaría a cargo del Congreso y el judicial también, entre tanto que se establecía la organización que se hiciera cargo de dicho poder. El Congreso decretó el tratamiento de “alteza” para Morelos, título que no aceptó, conformándose con ser llamado “siervo de la nación”. También se acordó que las sesiones fueran públicas, con participación del pueblo, que podía dictar sus propuestas a los secretarios.

Morelos además, nombró secretario a José Sotero Castañeda; declaró disuelta la Junta de Zitácuaro y a sus dirigentes sin poder, aunque los ascendió a generales; nombró comandante de las provincias de Michoacán y Guanajuato a Manuel Muñiz, recomendando a López Rayón que lo reconociera y a Mariano Matamoros comandante en jefe de los ejércitos de Oaxaca, Puebla, Veracruz y Tecpan.

En tanto que el Congreso sesionaba, Nicolás Bravo derrotó en Coscomatepec, el 28 de julio a Conte y el 16 de septiembre a Juan Cándano, quienes fueron rechazados al querer tomar la plaza. El 14 de octubre, Mariano Matamoros venció al batallón “Asturias” en San Agustín del Palmar, que trasladaba tabaco desde Orizaba al mando de Juan Cándano, que fue fusilado y los sobrevivientes trasladando a Chilpancingo. El virrey decidió enviar a Luis del Águila a sitiar a Nicolás Bravo, quien logró evadirlo en Maltrata.  

Mientras tanto, en Chilpancingo, Carlos María de Bustamante se encargaba de redactar el acta de independencia.

El 6 de noviembre de 1813, se firmó en Chilpancingo el Acta de Independencia, quedando así:

“El Congreso de Anáhuac, legítimamente instalado en la ciudad de Chilpancingo de la América Septentrional por las provincias de ella, declara solemnemente a presencia del Señor Dios, árbitro moderador de los imperios y autor de la sociedad, que los da y los quita según los designios inexcrutables de su providencia, que por las presentes circunstancias de la Europa, ha recobrado el ejercicio de su soberanía usurpado; que en tal concepto, queda rota para siempre jamás y disuelta la dependencia del trono español: que es árbitro para establecer las leyes que le convengan, para el mejor arreglo y felicidad interior: para hacer la guerra y la paz y establecer alianzas con los monarcas y repúblicas del antiguo continente, no menos que para celebrar concordatos con el Sumo Pontífice romano, para el régimen de la iglesia católica, apostólica, romana, y mandar embajadores y cónsules: que no profesa ni reconoce otra religión, más que la católica, ni permitirá ni tolerará el uso público ni secreto de alguna otra: que protegerá con todo su poder y velará sobre la pureza de la fe y de sus dogmas y conservación de los cuerpos regulares. Declara por reo de alta traición a todo el que se oponga directa o indirectamente a su independencia, ya protegiendo a los europeos opresores, de obra, de palabra, o por escrito; ya negándose a contribuir con los gastos, subsidios y pensiones para continuar la guerra, hasta que su independencia sea reconocida por las naciones extranjeras: reservándose el congreso presentar a ellas, por medio de una nota ministerial, que circulará por todos los gabinetes, el manifiesto de sus quejas y justicia de esta resolución, reconocida ya por Europa misma. Dado en palacio nacional de Chilpancingo, a seis de noviembre de 1813.- Lic. Andrés Quintana, vicepresidente.- Lic. Ignacio Rayón.- Lic. José Manuel de Herrera.- Lic. Carlos María de Bustamante.- Dr. José Sixto Verduzco.- José María Liceaga.- Lic. Cornelio Ortiz de Zárate, secretario”.

Hubo oposición a la declaración de independencia por algunos insurgentes, sobre todo de López Rayón, quien como criollo intelectual y abogado, había plasmado sus ideas en “Elementos constitucionales”, donde reconocía que la soberanía emanaba del pueblo y la delegaba en un monarca, pero no le quedó más remedio que aceptar la propuesta de Morelos de que el poder emanaba del pueblo y éste lo confería a tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. López Rayón firmó el acta.

Isauro Gutierrez

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