Fideicomisos


Efraín del Castillo
La aprobación de la extinción de 109 fideicomisos por parte del Poder Legislativo Federal, en el marco de una sesión ríspida y violenta, ha dado lugar a una serie de cuestionamientos de distintos sectores de la sociedad que se verán afectados por esta gravísima decisión que deja en evidencia una terrible actitud de obediencia de los legisladores ante el Poder Ejecutivo.
La principal justificación de esta determinación es la corrupción que existe o ha privado en el pasado en estos instrumentos que fueron creados para atender necesidades específicas de la población. En este caso, al igual que lo debió haber sido en la construcción del aeropuerto de la Ciudad de México, en el extinto Lago de Texcoco, si había evidencias de corrupción, se deberían haber aplicado las revisiones de auditoría necesarias que condujeran a la sanción de las conductas alejadas de la ley y a las medidas correctivas para evitar los desvíos de recursos, pero de ninguna manera decretar su extinción como medida de solución.
La Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha realizado muchas revisiones a dichos instrumentos u organismos y existen señalamientos muy claros que no deberían ser ignorados. Hay algunos casos verdaderamente escandalosos y las medidas correctivas no han sido suficientes. Ahí habría un área de oportunidad. Además, ese fideicomiso relacionado con las aduanas es uno de los que no se verá afectado, a pesar de que maneja la friolera de 70 mil millones de pesos. Eso es lo que llama la atención. En contraste, los apoyos para la ciencia, la cultura, el deporte y la atención de los desastres naturales se verán severamente afectados con la desaparición de sus fideicomisos, generando una impactante incertidumbre para científicos, estudiantes de posgrado, artistas, creadores, deportistas, productores del campo, brigadistas y demás actores sociales que tienen proyectos de carácter multianual que ahora se verán truncados.
Hasta este día se hablaba de que se había hecho una excepción en el caso del fondo de apoyo a la salud, pues en ese rubro se vislumbraba un efecto devastador para aquellas personas que padecen enfermedades crónico-degenerativas, cuyos tratamientos de otra forma serían inalcanzables. Caso destacado es el de los niños que padecen cáncer.
Obviamente, las explicaciones y justificaciones sobre la extinción de los fondos y fideicomisos han dado pauta a innumerables suspicacias. No se entienden las razones por las cuáles prevalecen o sobreviven un fideicomiso para el tema de aduanas y otro para la compra de equipos y pertrechos militares que en conjunto tienen una asignación presupuestal de 100 mil millones de pesos, en tanto se eliminan aquéllos que tienen como objetivo el apoyo a actividades estratégicas para el país como la ciencia, la tecnología, la cultura y la protección de la población en casos de desastre. Es gravísimo. La lógica de creación de los fideicomisos tenía un sustento real de apoyo a las actividades ya enumeradas y hoy, pareciera que el nuevo esquema de apoyos directos se estaría enfocando a robustecer al ejército electoral. El tiempo tiene la respuesta.
Además, por si esto fuera poco, son varios los fondos y fideicomisos que estaban constituidos por mezcla de recursos de diversos sectores tanto sociales como privados, que no estarán conformes con que la Federación disponga de ellos.
Una vez consumada la extinción, se hizo el anuncio de una revisión para evaluar la justificación de cada uno de los fideicomisos. La lógica dicta que hubiera sido al revés. Se hubiera revisado cada uno y con base al diagnóstico, se hubiera incluido o no en el listado de los que se podían haber liquidado.
